Paraguay, una reconversión inevitable

Sobre restablecimiento de las relaciones con Venezuela

Horacio Cartes junto a Nicolás Maduro. Fuente de imagen: Radio Viva

La turbulencia interna producida por el golpe parlamentario de junio del 2012, que diera lugar a la destitución de Lugo, acontecimiento que aún no ha sido suficientemente analizado (y quizá nunca lo sea), no significó más que una interferencia en los proyectos de integración que nos involucra como Estado, como consecuencia de una estructura política de gobierno, que se resiste al aggiornamento del nuevo tiempo de América Latina. Esa interferencia tiene que ver con la resistencia de nuestra comunidad partidaria focalizada en el Congreso Nacional, a romper con el cordón umbilical con EEUU, que auspició una cultura política prebendaría.

El Congreso Nacional se constituyó y se sigue constituyendo en el factor perturbador del MERCOSUR, factor que no pudo ser superado por Lugo, más allá de sus explícitas buenas intenciones. El ingreso de Venezuela era un imperativo impostergable para el bloque, principalmente para Brasil, que tiene proyectos ambiciosos con el país caribeño. Ese Congreso, ha protagonizado un bochorno pocas veces visto en la región, al quebrantar principios básicos procesales en esa farsa a la que se dio en llamar “juicio político”, dando argumentos para abrir un paréntesis en el seno del bloque, suspendiendo a Paraguay. La suspensión logró destrabar el boicot parlamentario paraguayo, permitiendo la incorporación de Venezuela.

La torpeza suele provocar desatinos que a veces se ven agravados por el destino. Para ingratitud de nuestro ya muy desprestigiado poder legislativo, aquel al que declaró persona no grata en los infaustos acontecimientos de junio del año pasado, llegó  a la primera magistratura del país caribeño.

La situación a la que nos llevó el desatino parlamentario, significó un atolladero no muy fácil de resolver. Pero todos sabemos que en el tema de relacionamiento internacional, llámese Derecho Internacional Público  o como sea, como todo relacionamiento político, lo determinante es la correlación de fuerzas. El desafío para el gobierno de Cartes, como para los demás miembros del bloque, es buscar una fórmula que de salida a un requerimiento formal, para que en la formalidad, las cosas vuelvan a ordenarse bajo la determinación de la correlación de fuerzas. Es decir, un MERCOSUR acorde con una configuración nueva latinoamericana que se aboca a liberarse de la tutela norteamericana. Esa configuración supone obviamente, un bloque MERCOSUR nuevo, muy diferente a aquel que se fundara en 1991  con un nuevo miembro: Venezuela, estado estigmatizado por la propaganda ideológica norteamericana, y con el consabido eco en nuestra tradicional comunidad partidaria mayoritaria en el Congreso Nacional.

Paraguay, un país pequeño, mediterráneo que fue condenado a la condición de país tapón entre los dos grandes Estados de Suramérica después de la Guerra de la Triple Alianza, con el menor peso ponderado en el bloque, era imposible que pueda poner condiciones. Su vida económica y política estuvo desde esa gran conflagración, supeditada a esos estados, y a partir de la década del 60 del siglo pasado, principalmente al Brasil. Ese gran Estado que abarca la mayor parte del territorio suramericano, no podía concebir un MERCOSUR sin Venezuela, con quien comparte grandes proyectos.

Cuánta tiene que ser la supeditación hacia nuestro gran vecino  que los proyectos de inversión foránea de Cartes son principalmente de procedencia brasileña. Entonces más temprano que tarde había que buscar una fórmula que hiciera presentable un retorno al MERCOSUR, con Venezuela incorporado.

El primer paso debía ser el restablecimiento de las relaciones con Venezuela que ahora está gobernado por aquella que fuera declarada “persona non grata”. La historia correctiva para ese primer paso comienza en la cumbre de Surinam, cuando la Presidenta Dilma, convoca a Cartes a un diálogo con el presidente Maduro, prosiguió  más tarde con la visita de Cartes al Brasil, y al poco tiempo con la visita del presidente venezolano a Paraguay por invitación del canciller Loizaga.

En esta última y decisoria reunión se concreta el restablecimiento de la relación diplomática con el país caribeño, abocándose ambos gobiernos a los aprestos para el efecto, designando embajadores.

El próximo paso tendrá que ser desde una “ingeniería diplomática”, como diría el flamante canciller, la reincorporación definitiva de Paraguay al bloque MERCOSUR, lo que requiere de una reversión en el Congreso que deberá aceptar de una vez por todas, la incorporación de Venezuela al bloque, incorporación que ya está concretada en el plano de la lógica del relacionamiento internacional, como es la correlación de fuerzas.

Mientras tanto el actual gobierno, sigue padeciendo las tensiones consecuentes de algún guión político nuevo que se trajo entre manos, que parece resulta discordante con el guión tradicional de nuestra cultura política.

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