Paraguay: un país extraviado

Una imagen, recurrente en las primeras planas de diarios y noticiosos televisivos, muestra a un hombre grande, robusto, cuando apreta fuerte una mano débil y pequeña de un pequeño hombre, que entrega humildemente sus dedos para que el poderoso los estruje mirándolo con una sonrisa sobradora. Ellos son el Embajador de Estados Unidos en Paraguay, James Thessin y el Canciller producto del golpismo saliente, Félix Fernández Estigarribia.

Foto: MRE

La foto, que “vale más que mil palabras”, expresa antiestéticamente el servilismo, la venalidad institucional y el entreguismo en un solo paquete, cuyo contenido ocultan esas amplias sonrisas de satisfacción y agradecimiento que, desde siempre, ofrece a los pies del amo la inconsciencia colonizada.

Ese papel de sometidos lo viene cumpliendo el gobierno ilegítimo del Partido Liberal que asaltó la Presidencia de la República el 22 de junio del año pasado, presidido por Federico Franco, representante de una de las fracciones más borroneadas de la impresentable cúpula partidaria, quien en víspera del final de su usurpado mandato, este 15 de agosto, está acelerando sus patrañas de mandadero angurriento y amoral.

Paraguay es un país que simula una pieza de teatro dividida en cuatro actos: 1) el período colonial, donde en 1747 destacó una rebelión comunera, encabezada por José de Antequera y Castro, 45 años antes que la insurrección en la Gran Granada, 2) la República, de las más avanzadas en América, que comenzó en 1813, con José Gaspar Rodríguez de Francia, hasta su muerte en 1840 y la prolongación del proceso que fue ahogado en 1865, con la invasión de Argentina, Brasil y Uruguay, en la Guerra de la Triple Infamia, y 4) más de un siglo de vaivenes y sobresaltos institucionales.

Desde el final de esa invasión, formalmente en 1870 pero proseguida de múltiples formas por varias décadas, incluyendo la formación de los dos mayores partidos, el Colorado y el Liberal, creación de Brasil el primero y Argentina el segundo, en estos últimos 143 años, este pueblo ha vivido sin identificar su ADN cultural, alienado y acomplejado por su origen indígena-campesino no asumido. Esa guerra destrozó el país, enterrando su identidad, la cual apenas intuyen hoy algunos esfuerzos de rescate.

Su raíz lingüística, el guaraní, ha estado sometido desde siempre, como si encerrara alguna vergüenza, agravada por signos chovinistas que utilizan dañinamente el bilingüismo como muestra de superioridad cultural respecto a los países vecinos, sin conciencia de que esa lengua del pueblo originario más numeroso de este territorio, recién comienza a ser reivindicada por unos pocos pensadores en una lucha difícil contra el yopará, que es el vínculo oral omnipresente en la población paraguaya.

El Estado es un territorio ocupado por una oligarquía sin patria, obsecuente con los dictados del imperio, que aprovecha la división, indefinición ideológica e improvisación programática  de las pocas fuerzas políticas alternativas, incapaces de capitalizar la voluntad de cambios que reclama la ciudadanía, harta del dogal institucional y de la corrupción del binomio colorado-liberal.

Respecto al futuro inmediato del país, el desnorte reina, a pocas semanas de asumir formalmente la Presidencia, en la práctica el empresario Horacio Cartes ya se posesionó, aparecen algunos indicios que, en grueso, marchan contra los intereses populares y las buenas relaciones que Paraguay necesita cultivar con el mundo y, en especial con las naciones vecinas, miembros del MERCOSUR.

Basta observar la campaña insultante, arrogante y soberbia que impulsan los grupos más rancios del empresariado, de los partidos políticos y los medios de comunicación falseada, contra los gobiernos vecinos, en una postura cretina que les impide ver que el país, comercial y económicamente, depende en buena medida del bloque regional, reforzado con el reciente ingreso de Venezuela, que rompió el rechazo de los últimos cinco años del parlamento paraguayo, servil a la estrategia estadounidense de destruir la integración. En buena medida, Paraguay es tributario en los servicios de educación y salud de Argentina y Brasil.

Después de un balbuceo inicial del Presidente electo, que hasta llegó a ilusionar la ingenuidad respecto a un posible apoyo suyo a la ampliación del MERCOSUR, que hubiera sido un buen cálculo de conveniencia para Paraguay y de posesión personal, posibilitando el retorno al grupo tras un año de suspensión a causa del Golpe de Estado, Cartes fue cambiando de posición y se sumó al coro denigrador de Venezuela y del bloque, empleando en los últimos días frases muy descalificadoras, poco recomendables para estimular una vecindad de cooperación.

Esa misma ambivalencia del próximo Presidente, se expresa en la política interior, en la que un día se pronuncia contra la idea de aplicar un gravamen a la agroexportación, semanas después ordena a su peonada parlamentaria que apoyen el proyecto y, cuando el Senado se pronuncia obediente, da marcha atrás y deforma la decisión, en beneficio directo de las corporaciones transnacionales del agronegocio, que en los primeros cinco meses de este año, han producido por cerca de 6.000 millones de dólares, aportando sumas ridículas al fisco.

La única señal clara, entonces, en este país confuso, con miseria ideológica y gran corrupción política y administrativa, es que Cartes está reinstalando la figura del Tendotá, ese personaje todopoderoso que encarnó perversamente el General Alfredo Stroessner al frente de la tiranía Partido-Ejército-Oligarquía, entre 1954 y 1989, fecha ésta última que marcó la decisión de Estados Unidos de desprenderse de sus peones más gastados en la región,  suplantándolos por hombres de su confianza, bajo el viejo mandamiento de que “serán hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta”.

Desde hace más de un siglo, Paraguay es un enclave dependiente de las potencias extranjeras y siempre muy codiciado, primero por sus excelentes tierras y sus frutos abundantes de soja, maíz, girasol, trigo y el algodón de fina calidad, producto que habría inspirado al imperio británico para impulsar a los tres países invasores en la Guerra de la Triple Alianza, “de la infamia”, como la calificó Eduardo Galeano.

Londres tenía dos claros objetivos: 1) hacerse de esa fibra que tanto necesitaba para su poderosa industria textil y 2) endeudar a los tres gobiernos lacayos, con préstamos que les concedió para financiar el  conflicto, en una operación que numerosos expertos han calificado de estafa colosal, porque esos Estados belicosos apenas recibieron menos de la mitad de libras esterlinas que registraban los documentos de los créditos, pero se vieron forzados a pagar el 100 por ciento que nunca les llegó.

Aplastada la República Popular, el país quedó sin brújula hasta el día de hoy en un escenario ocupado en el medio siglo inmediato por numerosos Golpes de Estado, con mandatarios que duraban 24 horas o 30, 90 días, gozando apenas durante unas dos décadas de un pequeño número de dirigentes ilustrados, pero comandado el resto por lo más rancio del Partido Colorado, con buenos tramos de humillante colaboración liberal, y bajo la batuta de la Casa Blanca hasta hoy.

El próximo 15 de agosto, jueves, el sospechoso empresario Cartes, con la pompa de todo ritual vacío del pueblo pensante y evolucionado, recibirá la banda presidencial de manos ilegítimas, en una ceremonia que mostrará la superficialidad y mediocridad institucional conocidas, preparada para ocultar los innúmeros vicios y delitos de las cúpulas oligárquicas y partidarias, tarea que cumplen a satisfacción los medios de la comunicación alienante, expertos en confundir a la ciudadanía.

Aparte de los invitados extranjeros y las personas que por su función oficial deberán asistir al acto, la animación del espectáculo, como lo enseña la tradición, estará a cargo de la apoltronada masa de dóciles parlamentarios, viejos y jóvenes burócratas de los aparatos partidarios, los hurreros contratados y los grupos del funcionariado estatal, algunos por voluntad y otros arreados, en un total estimado en unos 350 mil, el 70 por ciento colocado por  los colorados, el 25 por los liberales y el resto de origen diverso.

La sola novedad en el ceremonial, será la presencia de agentes de Israel en la escolta personal y familiar, hecho que obliga a reflexionar acerca del verdadero grado de libertad, respecto a Estados Unidos y al sionismo, de que gozará Cartes en su quinquenio de mandamás.

 

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