Paraguay presenta síntomas de un “Estado fraccionado”, asegura analista

Paraguay ya tiene varios mecanismos de un “Estado fraccionado”, advierte.

En su artículo “Inquietantes riesgos de fractura del Estado paraguayo” en la revista de CADEP, José Carlos Rodríguez reflexiona en torno a los peligros potenciales de la instalación de la denominada “narcopolítica” en el país. Su análisis parte de los últimos acontecimientos vinculados a la muerte del periodista Pablo Medina y su acompañante, para a partir de ello, desentrañar los antecedentes históricos que refieren a la incursión de mafias en las instancias del Estado y las numerosas vidas que éstas fuerzas han cobrado a lo largo de las décadas.

“Hablamos en democracia de una geografía del narcotráfico (la frontera con Brasil); de una población (urbana y rural) amiga de los narcos, que los apoya y que es ganada por ellos con amenazas o con beneficios puntuales; de una economía del narcotráfico (difícil de estimar); de una política del narcotráfico, con sólida instalación en los tres poderes del Estado: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, a nivel local y nacional; así como de partidos políticos narco transformados en personalidades en algunas localidades. También hay una nueva globalización de estos poderes, una metamorfosis de la delincuencia supranacional”, refiere el autor.

Para Rodríguez, resulta preocupante que autoridades estatales sean señaladas como potenciales piezas dentro de crímenes que implican actos de extorsión,  malversación y hasta asesinato de civiles. Igualmente, reflexiona en torno al concepto de “Estados fraccionados”, señalando que esto “existe cuando el Estado central-oficial predomina pero sin el monopolio de la fuerza, junto a poderes laterales, parciales, territoriales, que comparten el uso de la fuerza con el Estado. Comparten el uso de la fuerza sin ley, responsabilidad o restricciones, pero con acatamiento de la población”.

“El peligro es que esa relación entre el Estado oficial y estos poderes delictivos, que son un Estado en paralelo, con poder en sentido duro, con potestad de imponerse a través de la violencia, no constituya una transgresión, excepcionalidad o circunstancialidad, sino llegue a conformar en el Paraguay una estructura estable de coexistencia violenta, no excluyente sino complementaria. Y el peor peligro es que ese doble poder no sea de dos actores distintos, sino dos modos de ejercicio del mismo poder, que funciona por las buenas (con democracia) o por las malas (con terrorismo de estatal o para-estatal)”, advierte el autor.

Según Rodríguez, Paraguay está aún lejos de concretar esta circunstancia del doble poder-doble Estado, aunque considera que varios de sus mecanismos ya están hoy presentes.

Este artículo forma parte de la edición N° 26 de Economía y Sociedad, publicación perteneciente al Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP).

Fuente: CADEP

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.