Paraguay: Mercado de pulgas

“Federico Franco sale del Ejecutivo Nacional con el peor balance de gestión de todos los gobiernos del último cuarto de siglo, tras convertir el país en un vulgar mercado de pulgas, cuyas mercaderías más exhibidas en oferta son la soberanía, el patrimonio y los recursos naturales”. Análisis.

Horacio Cartes y Federico Franco junto al presidente de la Asociación Rural del Paraguay, en una actividad de la Expo 2013. Perfil de Facebook de Horacio Cartes.

Horacio Cartes, titular de más de 20 empresas de apariencia exitosa, sucederá este 15 de agosto en la Presidencia de Paraguay a Federico Franco, quien sale del Ejecutivo Nacional con el peor balance de gestión de todos los gobiernos del último cuarto de siglo, tras convertir el país en un vulgar mercado de pulgas, cuyas mercaderías más exhibidas en oferta son la soberanía, el patrimonio y los recursos naturales, entregados en bandeja a las corporaciones transnacionales del agronegocio y la gran minería.

En la víspera, se viene produciendo una importante movilización popular, aunque sin ninguna vertebración política, que abarca organizaciones campesinas que continúan reclamando la recuperación por el Estado de territorios fiscales usurpados por latifundistas, con enfrentamientos con la policía y cortes de ruta, a lo que se suma la reacción de pueblos originarios, Ayoreos, Pai Tavytera, Ava y otros, ante el avasallamiento de sus territorio y los incendios deliberados de sus cultivos y pastizales por capangas armados, contratados por latifundistas a los que el gobierno de Franco les ha vendido miles de hectáreas.

Los gremios docentes prosiguen una huelga que entró en su cuarta semana, en defensa de legítimos derechos como el cobro de salarios, el mantenimiento edilicio, el equipamiento en útiles y la contratación de docentes que llevan años ejerciendo sin percibir ningún pago, situación que afecta a muchos trabajadores de varios entes públicos, y también a los beneficiados por la Secretaría de Acción Social que denuncian no percibir nada desde hace ocho meses, los cuales pasaron de diez mil a cien mil durante el gobierno de Fernando Lugo, entre agosto del 2008 y el 22 de junio del 2012, cuando fue derrocado por un Golpe de Estado, cínicamente llamado parlamentario.

En la ejecución presupuestaria de los últimos cuatro gobiernos, el equipo golpista lleva la delantera del fracaso en todo, terminando su fantasía de administrador con un tendal de salarios sin pagar en varias instituciones estatales, y un menos cero en lo que debió ser superávit fiscal, frente a los 374 millones de dólares dejado por Lugo en cuatro años,  y los 125 de su predecesor, el colorado Nicanor Duarte Frutos durante un quinquenio.

Franco, sólo en un año, registra la más baja recaudación de los gobiernos de los últimos 20 años, y cerrará con un déficit fiscal de 458 millones de dólares, superior a los 326 millones del desordenado ejercicio de Luis González Machi, entre 1999 y el 2003. Colaboradores de Cartes alertan sobre el vaciamiento de las arcas del Estado, cuyos autores están pegando la retirada condecorando como héroes nacionales a “hombres escombros” de la oligarquía vernácula.

Ante tanta decrepitud moral, nada trasciende a la ciudadanía de la interpretación que estaría haciendo Cartes y éste tampoco transparenta sus intenciones de gobernante, omisiones cubiertas por abundante especulación mediática acerca de alguna mención suya con relación a las futuras alianzas comerciales y políticas de Paraguay, sin que se mencione mínimamente el tratamiento que debe dar a la problemática social interna.

Lo cierto es que Cartes es un advenedizo en política, en cuyo ejercicio ingresó, según se escucha en diversos sitios de Asunción, movido por el interés de hacer una mayor inversión de capitales, procurando rentabilidades superiores y hasta impunidad, la cual no habría alcanzado financiando a diferentes políticos en varias campañas electorales del último tiempo.

El próximo ocupante del Palacio de los López recién se afilió al Partido Colorado a finales del 2008, un mes después de la asunción al gobierno de Lugo por la Alianza Para el Cambio (APC), aunque no ha conseguido hasta el día de hoy que la vieja cúpula que integra el aparato de la institución lo considere un auténtico familiar y ese detalle, de particular importancia en la experimentada práctica monolítica, bien podría alimentar algunos temporales en los meses próximos.

Hay silencios elocuentes, y hay muy poco protagonismo de destacados personajes de la política nacional y de la vida interna colorada, dejando espacio a toda clase de especulaciones, que parten desde la idea de que Cartes Presidente utiliza al partido para  blindarse, frente una serie de acusaciones, incluso de organismos de su admirado Estados Unidos y de despachos judiciales brasileros, sitios en los que está caratulado como cabeza de una red mafiosa regional, dedicada al narcotráfico y al contrabando.

A la inversa, y en las charlas de correligionarios que se han intensificado en almuerzos y cenas de las últimas semanas, con una discreción inusual entre colorados, ha sido posible escuchar que “no podemos permitir que, en nombre del partido, una sola persona haga lo que se le antoje, sin que tengamos ninguna participación”.

Entre los puntos de fricción destaca la conformación de la guardia personal y familiar de Cartes con agentes de Israel, muchos de los cuales andan relevando el territorio nacional buscando guerrilleros y amedrentando a humildes familias campesinas e indígenas, actos interpretados en algunos medios ciudadanos como anticipo de una  participación militar y política en Paraguay de ese Estado que siembra el terror en Medio Oriente.

Asimismo, hay diferencias de enfoque en el abordaje a la política impositiva, con especial relación en gravar o no la agroexportación o las ganancias, e igualmente motiva fuertes roces, aunque aún en sordina, entre Cartes y algunos caciques colorados, los temas del MERCOSUR, si Paraguay retorna o prosigue dificultando la integración regional, y la composición del futuro gabinete, generando enfrentamientos duros por la designación de algunos ministros y secretarios, en particular en la Cancillería, donde el candidato más visible es un militante de la extrema derecha, y en las carteras de Hacienda e Interior.

En previsión de que las diferencias presentes se conviertan en peligrosos choques internos futuros, Cartes ha instalado un diálogo con los principales dirigentes de las otras fuerzas políticas, tanto del Partido Liberal como del  Frente Guasu, por encima del debilitamiento notable de ambas organizaciones, pero en atención a su presencia parlamentaria que, en determinado momento, podrían jugar de bisagras aceitadas.

Cartes ganó las elecciones tras una inmensa inversión de dinero, calculada por veteranos de las pujas electorales en varias decenas de millones de dólares, utilizando con inteligencia la maquinaria colorada y, a su vez, fungiendo de tabla de salvación para un partido exangüe de ideas, carcomido por la corrupción, con enorme descrédito social y sin ningún candidato presidencial potable.

El Golpe de Estado del año pasado, encabezado por el Partido Liberal en la persona del Vicepresidente de la República, convertido en triple traidor a su compromiso, al programa de gobierno y a la voluntad popular de cambios, resultó el trampolín que necesitaba Cartes, al punto que algunos analistas lo mencionan entre los autores intelectuales de ese quiebre institucional.

A partir de ese momento, el poderoso empresario, que también podría estar sirviendo de prestanombre de capitalistas transfronteras, puso un pie en el acelerador y, en su carácter de apostador eficiente, se lanzó a la conquista de la Presidencia, empezando por imponer una reforma del estatuto del partido, para poder postularse al cargo, financiando en todo el país las elecciones municipales, donde los colorados arrasaron con la mayoría, así como grandes actos de masas envueltas con la bandera colorada.

Hoy, Cartes es el dueño de la política nacional paraguaya. Ha estimulado al gobierno saliente a hundirse más en las aguas cenagosas de su turbia gerencia financiera, con el fin de poder culparlo en el caso que tropiece en su gestión, pesa enormemente sobre la actividad parlamentaria, con mayoría absoluta en Diputados y predominio cómodo en Senadores, sin que para nada lo molesten las fuerzas que naturalmente deberían constituir una oposición militante.

El Partido Liberal, la segunda fuerza electoral del país, con 130 años de vida, igual que el Colorado, y con muchos períodos de colaboracionismo, sufre una fractura que lo tiene en terapia intensiva, sin indicios de recuperación a breve plazo, y el Frente Guasu que el más elemental cálculo político lo coloca en situación privilegiada para capitalizar la acefalia de conducción y el enorme vacío conceptual y metodológico que registra la política nacional, se ha hundido en una parálisis que, salvo una reacción urgente de sus primeros responsables, podría resultarle mortal.

 

Comentarios

Publicá tu comentario