Paraguay: CUPULA CANALLESCA

Análisis. Por el lado que se le mire, el sector que detenta el poder político y económico en este país desde hace siete décadas, tiene un comportamiento canallesco, agravado en el último cuarto de siglo cuando comenzó un proceso de transición, recibido por los mejor pensados como un camino “hacia la democracia”, pero que resultó una ruta hacia mayor corrupción y abusos, amparado todo en las llamadas libertades públicas, en beneficio de partidos, gremios y medios de comunicación.

Federico Franco (PLRA) llegó al poder con un golpe parlamentario en junio de 2012, será sucedido por Horacio Cartes (ANR), quién fue uno de los que llevó a la presidencia al primero. Foto: presidencia.gov.py

El gobierno de facto, que asaltó el palacio presidencial hace once meses, prosigue su obra desmantelando los pocos avances logrados en los cuatro años del Gobierno de Fernando Lugo, desoyendo innúmeras denuncias de corrupción administrativa e intensificando la represión de las movilizaciones populares, como ocurrió este martes 28 en Ciudad del Este al desalojar a decenas de familias pobres de un terreno que algunas dicen ocupar desde hace 20 años.

El atropello fue con la caballería, un comando de fuerzas especiales, carros hidrantes, gases lacrimógenos, patadas a las mujeres, sin importar la edad, en lo que se distinguió el Comisario que encabezó la bravuconada (filmado por algunas de las víctimas),   destrucción de modestos enseres del hogar, culminando con la amputación de una pierna a una señora, como consecuencia de la paliza que recibió de los policías, que atacaron con balas y garrotes a niños y ancianos, y en especial a los jóvenes.

El General Alfredo Stroessner, durante 35 años tiránicos, consolidó la formación de ésta élite prepotente cívico-militar, rapiñera como inculta, que se repartió las mejores tierras y sometió al pueblo por el terror, miedo e ignorancia, asegurando los mejores beneficios para una oligarquía minúscula que comanda al Estado, con altos niveles de corrupción e ineficiencia institucional. Stroessner se exilió en Brasil en 1989, pero el estronismo está vigente con su grosero autoritarismo de siempre.

En grueso, esos detalles son la parte más visible de la radiografía del poder en Paraguay, obediente consuetudinario de los designios geoestratégicos dominantes de Estados Unidos y resguardado en los últimos 15 años por la inversión de capitales de varias corporaciones transnacionales, que han convertido a este mediterráneo país en un enclave cuasi semicolonial, refugio de traficantes de todo calibre.

Arcaicos aparatos mañosos, amorales, insensibles a las necesidades y aspiraciones del pueblo, constituyen la cúpula de los dos partidos con mayor historia e influencia, el Colorado y el Liberal, empotrados ambos, con predominio del primero, en los tres poderes del Estado, identificados desde siempre con la oligarquía empresarial en mezquindades e ideología, con el único objetivo de succionar la nación, para goce del 2.5 por ciento de los habitantes, que ocupan el 86 por ciento de las mejores tierras.

La delincuencia sistémica que sufre Paraguay tiene en la propiedad de los medios de comunicación más poderosos, un miembro de primera línea, presto siempre a armar y difundir campañas calumniosas contra toda expresión crítica al régimen o iniciativa que intente reducir la desigualdad social, exagerando los niveles de inseguridad pública, para infundir miedo entre la población y hacerla refractaria a los cambios políticos, en una prolija obra de alienación mental.

Inmensas filas de enfermos y familiares es el bochornoso y doloroso espectáculo que ofrecen los hospitales públicos, en la imagen más fiel de la situación del país, cuya población se había acostumbrado a la gratuidad de los servicios que rigió durante el Gobierno de Lugo, desprolijo e incumplidor de algunos compromisos, pero el menos malo de todos los que han usurpado la nación desde 1940.

El Instituto de Previsión Social (IPS), es otro estandarte de la miseria que corroe a este pueblo, con atroz insuficiencia de atención intrahospitalaria, corrupción administrativa y refugio evasivo del 80 por ciento del empresariado que no paga el porcentaje que debe aportar por cada asalariado a su cargo, con el agravante escandaloso de que muchos de ellos le descuentan al trabajador su cuota pero no cotizan en la previsional, donde sólo está registrado el 10 por ciento de la plantilla nacional de empleados.

Las obras públicas están paralizadas porque Hacienda no libera el dinero acordado, en un conocido botín de las cúpulas colorada y liberal, gemelas en el vicio de inaugurar grandes rutas en diversos sitios del país, muchas de las cuales quedan abandonadas después de la ceremonia presidencial-ministerial del pomposo corte de la cinta y la palada inicial, ante las cámaras de televisión convocadas para la patraña.

Este último año, la vida en Paraguay se ha complicado para la mayoría de sus habitantes, al tiempo que lo celebra la clase pudiente representada por un gobierno de facto, que hace gárgaras previendo altos guarismos del crecimiento del PBI, en base a la alta producción de soja, de unas 8.5 millones de toneladas y su buen precio internacional así como la exportación excepcional de 250 mil toneladas de carne, en un país con el 25 por ciento de su población desnutrida (FAO)..

Las ilegítimas autoridades, autoras del mayor déficit fiscal del último cuarto de siglo, omiten a conciencia comunicar que ninguno de los  rubros de producción nacional que se venden en el extranjero, paga impuestos, perdiendo el país una de sus fuentes más importantes de ingresos, fruto de la connivencia entre explotadores y dirigentes vendepatria. El economista Luis Rojas sitúa la pérdida anual en mil 600 millones de dólares, mientras la CEPAL informa que es casi nula la creación de empleos por efecto de la inversión extranjera estimulada por el gobierno del Partido Liberal.

La corrupción permite la deforestación del país a un ritmo superior a mil hectáreas por día, en beneficio de los grandes ganaderos y sojeros, la muerte de lagos, invadidos por algas sin que exista reacción oficial, numerosos cursos de agua contaminados con glifosato, y hasta humedales y ríos amenazados de desaparecer por efecto de la succión provocada por plantadores de arroz y siembras transgénicas.

El algodón nacional, otrora de gran prestigio internacional por la alta calidad de su fibra, registra un rotundo fracaso en la zafra actual, invadido por Monsanto y sus semillas de hambre y muerte, producto de contubernios diversos entre el gobierno y  representantes de la transnacional, con la innegable responsabilidad de la dirigencia de los labriegos que, al igual que en la mayoría de las organizaciones campesinas, aparece seriamente cuestionada por sus bases, temerosas de que aumente su  miseria.

El casi inevitable resquebrajamiento de los distintos movimientos, tiene gran relevancia política, porque se palpa decepción y desconfianza entre la ciudadanía, en particular el campesinado, hacia los dirigentes, en medio de un proceso de acelerada y generalizada atomización de la militancia sindical y partidaria, donde es común oír hablar de traición, acusación que se acentuó luego de las elecciones nacionales del 21 de abril, que castigó a todos los referentes gremiales, incluso de la derecha más rancia, que se postularon a cargos parlamentarios.

Hay olor hediondo, como de cloacas, en muchos rincones de esta Patria Guaraní, con un congreso que ha mantenido el 60 por ciento de senadores y diputados reincidentes, esa franja que encabezó el Juicio Político contra Lugo y lo destituyó en 17 horas. El Poder Judicial arropa a evasores y otros delincuentes, mientras mantiene en las cárceles a miles de compatriotas, en particular a campesinos que reclaman tierra para trabajar.

Frente a ese panorama tan perverso, lo lamentable es que la ciudadanía está prisionera de los discursos oficiales de manipulación y mentiras, que buscan trastocar el vacío de soluciones al problema de la marginación de tres de los seis millones de habitantes, la mitad con hambre, por una proyección venturosa de ficción, de grandes acuerdos comerciales y alianzas transcontinentales. Un millón 200 mil niños viven en la pobreza, se lee en varios informes de organismos de investigación.

La Cancillería Nacional, sin analizar las consecuencias geoestratégicas y, con profunda venalidad, da por seguro el ingreso de Paraguay al Acuerdo del Pacífico, esa cuña imperial que amenaza la integración regional, cuando la verdad es que ese nonato bloque sólo ha admitido el pedido de adhesión, falsedad que acompañan las  gárgaras con anuncios de pactos comerciales de Asunción con naciones industrializadas, lo cual no pasa el umbral de la virtualidad, sin tener presente la honda catástrofe de la economía capitalista, copada por la especulación financiera, que continúa fabricando hambrientos y desazón humana.

Lo más negativo es que como respuesta a esa penosa situación, la manifestación ciudadana que más destaca es la denuncia y los enunciados de buena voluntad de los referentes democráticos, sin que aparezcan propuestas realistas y responsables de solución, de parte de ningún estamento partidario, sindical, universitario o de organizaciones y movimientos sociales frente a este gatopardismo aggiornado.

El abanico progresista padece de una lamentable confusión ideológica y hasta ahora es incapaz de superar su demencial división, alimentando gratuitamente a sus enemigos con sus errores conceptuales y metodológicos, ocultados por la soberbia dirigencial,  que prefiere la autoflagelación a la autocrítica.

Como siempre ha ocurrido en los períodos oscuros de la historia, la esperanza de subvertir este mal momento paraguayo, viene siendo alimentada, en medio de muchas dificultades, por el compromiso ideológico que se observa ratificar entre grupos de militantes progresistas de viejo cuño y de hornadas recientes, que se muestran decididos a conquistar una vida democrática de verdad. En ese sueño, se cultiva ternura, y se aprende a sepultar la obscena politiquería y la impudicia estatal.

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