Paraguay ante la amenaza de un apartheid del agua

La empresa israelí Mekorot ha manifestado interés en participar de proyectos de tratamiento de agua en Paraguay. La firma está acusada de practicar un sistema de apartheid en la distribución del vital líquido en los territorios palestinos ocupados por Israel y de exportar su metodología discriminatoria a otros países.

Por Paulo López

Maren Mantovani. Foto: Leonardo Severo.

Maren Mantovani. Foto: Leonardo Severo.

El gobierno de Horacio Cartes invitó el pasado mes de marzo a la empresa estatal israelí Mekorot a participar en proyectos de tratamiento de agua previstos para este año en Paraguay y que superan los 1.300 millones de dólares. A su vez, la firma manifestó que tiene interés en ofrecer apoyo técnico y financiamiento de estas obras, que en principio se realizarían en Asunción, cuatro ciudades de Alto Paraná y la cuenca del lago Ypacaraí.

Al indagar en el historial de esta empresa salta que está acusada de llevar a la práctica una política de apartheid contra los palestinos en el suministro de agua y que participa activamente en la colonización ilegal que lleva adelante Israel en el territorio palestino ocupado.

En este sentido conversamos con Maren Mantovani, coordinadora de Relaciones Internacionales de la campaña Stop the Wall (Paren el Muro), que trabaja a nivel internacional por la suspensión y el desmantelamiento del conocido  como muro de la segregación racial o muro del apartheid, en referencia al régimen racista que gobernó Sudáfrica hasta 1992.

Mantovani es italiana y vivió 8 años en Ramala, donde adquirió una experiencia vivencial del conflicto israelo-palestino, además de haber estudiado Historia Oriental.

En esta entrevista señala que Mekorot practica en los territorios palestinos ocupados una política racista institucionalizada y que incluso ha exportado su metodología de apartheid a otros países como Argentina, donde distribuía un tipo de agua potable para las zonas ricas, pero en las zonas con menos recursos solo distribuía agua corriente.

Por ello advierte que un eventual aterrizaje de la firma israelí en Paraguay implicaría una elitización del agua, que dejaría de ser un derecho para convertirse en un bien exclusivo de los que puedan pagar por ella.

–Podría hablarnos un poco de lo que es esta empresa Mekorot.

–Mekorot es la empresa estatal israelí del agua y prácticamente una entidad paraestatal. Fue creada antes del Estado de Israel en 1936 y apoya la colonización ilegal de tierras palestinas. La ideología sionista pretende la colonización económica del pueblo palestino. Pero el problema no es una cuestión religiosa, sino de lucha por los derechos humanos. Tienen un sistema que roba sistemáticamente los recursos naturales más importantes como el agua. Es también una herramienta de limpieza étnica. Por ejemplo hoy, en lugares como el valle del Jordán hay comunidades palestinas a las que no se les permite el acceso al agua y por esto fundamentalmente tienen que irse.

–O sea que el manejo del agua es un método más de la colonización israelí.

Estanque de agua explotada por Mekorot en la Cisjordania ocupada. Foto: Corporate Watch.

Estanque de agua explotada por Mekorot en la Cisjordania ocupada. Foto: Corporate Watch.

–El proceso de limpieza étnica no se hace solo con armas convencionales, sino también a través de la privación de los recursos necesarios para la vida. Mekorot transformó prácticamente el agua en un arma. Con el agua Israel ejerce la colonización ilegal de la Cisjordania. Mekorot hace parte de los crímenes de guerra que cometen las tropas de ocupación israelíes. Son crímenes de apartheid. Mekorot practica una discriminación racista institucionalizada contra el pueblo palestino. Hay dos formas de distribución. Los palestinos deben pagar por el agua un precio mucho más elevado que las comunidades israelíes. En efecto, relatores de las Naciones Unidas y un  informe parlamentario francés constataron  la existencia de estas políticas de apartheid a las que calificaron de violatorias de los derechos humanos.

Desde hace años Mekorot aplica una estrategia económica global para financiar su apartheid contra los palestinos. Ahí Mekorot aterriza en Europa y otros continentes. Los más importantes objetivos de América Latina son Argentina, Brasil, Paraguay y México. También estuvo en países como Uganda y Trinidad y Tobago, donde se cancelaron los contratos no exactamente por solidaridad con el pueblo palestino, sino por el efecto negativo para los propios usuarios.

–Hay una gran oposición a nivel internacional contra esta empresa e incluso se han cancelado proyectos en países como Argentina.

–En La Plata había puesto una planta de potabilización. Lo que pasó es que Mekorot exportó su metodología  de apartheid. Por un lado se mandaba un tipo de agua potable a las zonas ricas y por el otro solo agua corriente a las zonas pobres. El precio del agua aumentó dramáticamente. También hubo una campaña en contra de que el dinero público argentino financie los crímenes contra el pueblo palestino. Era un proyecto de 200.000 dólares y que no solucionó el problema del área habiendo funcionados dos años. En la Argentina el problema era el desperdicio a causa de las tuberías viejas y esta empresa no invirtió nada en renovar el sistema de suministro. En Holanda también se canceló un memorándum de entendimiento con la Mekorot por las violaciones de derechos humanos y de la ley internacional, como la Cuarta Convención de Ginebra, que han firmado casi todos los países del mundo. La empresa de agua de Lisboa también decidió cortar el contrato con esta empresa antes del vencimiento.

En general los Estados han pagado mucho dinero a esta empresa sin que haya reportado beneficios que justifiquen los gastos. La de Argentina fue una planta no solamente inútil, sino contraproducente.

–Qué podría implicar para el Paraguay que el tratamiento y suministro de agua sean entregados a esta empresa.

El muro del apartheid entre Israel y Palestina. Foto: Ángel López Soto.

El muro del apartheid entre Israel y Palestina. Foto: Ángel López Soto.

–En primer término no es una política sustentable vincular iniciativas fundamentales del desarrollo de un país a una empresa que está bajo una amenaza de boicot internacional. Esto debe ser tomado muy en serio por los gobiernos. Y este boicot no solo está planteado en la Asamblea General de las Naciones Unidas, sino en la política oficial de los países de la Unión Europea, que no son precisamente los grandes amigos del pueblo palestino. En algún momento tenés que respetar tus propias obligaciones en materia de ley internacional. Estamos a pocos días del décimo aniversario de la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que declaró ilegal la construcción del muro israelí en territorio ocupado palestino. Es un muro de 8 metros que rodea aldeas palestinas, que quedan prácticamente encarceladas. La Corte fue muy clara en declarar que es ilegal reconocer, dar asistencia y ayuda a la construcción del muro y todo el sistema conectado con la colonización israelí. No se pueden hacer contratos públicos y de comercio con las empresas que construyen los asentamientos y el muro. Y esta es una obligación de todos los Estados que hayan firmado la Cuarta Convención de Ginebra.

Cuando la Unión Europea empezó estas políticas, la respuesta de Israel fue muy clara: ‘No se preocupen. Tenemos alternativas a las inversiones en Europa. Tenemos el mercado de América Latina, donde no importan los derechos humanos. Se  interesan solamente por nuestra tecnología’. Esta es la expresión de una arrogancia colonial por parte de Israel hacia América Latina, que tiene una historia importante de lucha por los derechos humanos.

Por otro lado, también hay que desmitificar la idea de que Mekorot sea la vanguardia de la tecnología del agua. Ellos dicen que la población israelí tiene más agua con relación al promedio de Europa. Pero no es que produjeron más agua, sino que robaron el agua a los palestinos. La empresa provee  más agua a la élite y hay más desperdicio de agua que en cualquier ciudad europea.

Según indague, el problema en Paraguay sería la distribución de agua a todas las comunidades. Y esta empresa lo que ofrece, y a muy alto costo, es tecnología de desalinización. La empresa está exportando tecnología a muy alto costo que significaría mucho dinero de los ciudadanos paraguayos en los precios pagados por el agua, dinero que iría a una empresa criminal de guerra. Y esto significaría una elitización del agua. Y el agua ya no sería un derecho, sino el privilegio de los que tienen el dinero para pagarla.

Comentarios

Publicá tu comentario