Oscar Creydt: la otra versión de la historia paraguaya

La historia paraguaya fue escrita con un enfoque binario liberal-colorado. Ambos colores historiográficos forman una cara de la misma moneda. La otra cara es la matriz de ambos: el pensamiento eurocéntrico, colonial y oligárquico, raíz, potente y presente, en la que se sostiene el Paraguay neocolonial.

Pocos historiadores paraguayos y paraguayas escaparon de este corsé blanco y negro. Un corsé atravesado a fuego sin embargo por el pensamiento liberal eurocéntrico. Uno de los que salió de este pensamiento fue Oscar Federico Creydt, quien desde un pensamiento marxista y nacional críticos logró distanciarse de aquella interpretación histórica hegemónica. Esta forma diferente de abordar nuestra historia le costó el olvido durante mucho tiempo. Hoy, a la luz de los intentos de reinterpretación de nuestro pasado, la figura del Creydt historiador se agranda.

Breve biografía

Creydt nació en 1906 en Felicia Kue, San Miguel, Departamento de Misiones. De padre alemán y madre paraguaya, Creydt creció dentro de una familia de clase media, lo que le permitió una buena educación académica. Tuvo una protagónica militancia social y política. La historia lo recuerda más por su condición de dirigente del Partido Comunista Paraguayo. Sin embargo, su producción intelectual, de investigador, fue desarrollándolo paralelamente a su militancia partidaria. Escribió muchos ensayos políticos e históricos. De estos, sobresale su Formación histórica de la nación paraguaya, libro en el que, con extraordinaria capacidad de síntesis y lucidés, analiza las épocas de la historia paraguaya. Esta nota se centra en su producción historiográfica, y no en su contradictoria condición de dirigente político.

Una historia social

Mientras los intelectuales colorados y liberales escribían nuestra historia, aunque con diferentes tonos, desde el pensamiento liberal colonizado, eurocéntrico, Creydt la abordó desde la realidad social histórica particular de este lugar del mundo.

Ejemplo es su análisis sobre el aporte material de la chacra indígena guaraní para el sostenimiento económico de la conquista de los pueblos del Plata. Además, retrató las violaciones y secuestros que realizaban los españoles a los pueblos de indios; fruto de dichas violaciones, dice Creydt, es la aparición de un nuevo actor: el campesino y la campesina paraguayos, auténticos protagonistas de la historia del Paraguay. Recién con este texto, incluido en su libro “Formación histórica…”, se pone en la lupa el cruel e inhumano sometimiento del que fueron victimas los indígenas, en especial las mujeres, a manos de los españoles. Así, mientras los otros miraron y escribieron la historia desde la mirada de los conquistadores, Creydt lo miró desde los conquistados y explotados. Luego Bartomeu Meliá y otros pocos retomarían esta línea de estudio sobre la época colonial.

Desde la misma perspectiva de análisis miró Creydt la llamada Epoca Francista, comprendido entre 1811 y 1840. El largo gobierno de corte dictatorial de José Gaspar Rodríguez de Francia no fue fruto del antojo “subjetivista, sicológico y hasta sicopatológico” del “dictador”, tal como sostenían (sostienen aún) los historiadores liberales con pensamiento oligárquico, o los colorados con pensamiento mesiánico. Francia fue, dice Creydt, fruto de los intereses de la “masa campesina” conformado a lo largo del periodo colonial, tiempo en el que esta “masa” había construido una identidad nacional. Lo que quedó a cargo de Francia fue percibir estos intereses y esta identidad, y actuar en consecuencia, incluyendo sus medidas dictatoriales, contradictorias, para asentar las bases del Estado-Nación, que fue destruido durante la Guerra de la Triple Alianza. Augusto Roa Bastos, luego de escribir su monumental obra “Yo El Supremo”, había llega a la misma conclusión: “Lo único que se le puede agradecer a Francia es haber construido el Estado-Nación”, había dicho Roa en varias entrevistas.

Una guerra inevitable

La historia aún dominante escribe que la Guerra de la Triple Alianza fue consecuencia de “los principios democráticos” de los oponentes al Paraguay para salvarlo de un “déspota”, de las “impericias personalistas del Mariscal López” o de los “deseos imperialistas” del joven Mariscal. Creydt, sin embargo, plantea el asunto desde otro ángulo. “Por encima de los motivos inmediatos de la guerra, esta fue una lucha a muerte entre dos sistemas contradictorios, entre dos vías opuestas de desarrollo económico y social”, señala nuestro autor. Y a renglón seguido explica que la Argentina de entonces estaba regido por sectores importadores y exportadores, que con frases liberales servían a la oligarquía de grandes latifundistas y al capital inglés. En el Brasil, dice, el control del poder estaba en manos de los barones del azúcar, que explotaban esclavos para lucrar con la exportación. De modo que el Paraguay de entonces era un modelo de Estado Autónomo que amenazaba al modelo oligárquico y latifundista, funcional al imperio inglés. Así, Creydt sostiene que la guerra ocurrida era una cuestión de tiempo. Era inevitable.

Un legado historiográfico

Creydt murió en 1987 lejos del Paraguay, perseguido, como muchos, por la dictadura stronista. Pero dejó un trabajo histórico de incalculable valor para el presente. Si bien no estuvo exento del sentido de progreso (como casi todos los de su tiempo) piedra angular del Capitalismo que hoy pone en duda la supervivencia de la especie humana, el viejo militante comunista, con todas las contradicciones del marxismo colonizante, supo mirar la cosas desde aquí, desde esta particularidad histórica y cultural llamado Paraguay.

Por esto, cuando muchos paraguayos y paraguayas seguimos alimentando con nuestro pensamiento colonizado y oligárquico al poder que nos oprime, la lectura de Creydt es indispensable.

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