Oscar “Aguara” Morel: crónica de un epitafio anunciado

La poderosa mafia que controla la larga frontera seca en la Región Oriental entre Brasil y Paraguay arrojó ayer una víctima más. Esta vez le toco el turno al capo Oscar Morel, alias “Aguara”. El capo escapó de varios atentados, pero esta vez no pudo con los cerca de 50 balas que llovieron sobre él.

Los capos del Comando Rojo, la poderosa red de narcotraficantes del Brasil, habrán amanecido hoy con la “buena” noticia de que un importante soldado que traicionó la causa, no estaría más al servicio del enemigo Primer Comando Capital (PCC), perturbando sus negocios en la frontera con Paraguay.

El suceso

El 9 de noviembre del año pasado, “Aguara” Morel se movía seguro en su vehículo en la localidad de Puenteziño, Concepción. Pero su seguridad en un territorio que conoce demasiado bien lo llevó al descuido. Desatención que puede ser fatal para los capos en medio de la permanente guerra que protagonizan. Sorprendido por un retén policial, Morel, para evitar peligros innecesarios, optó por entregarse: “Es mucho más seguro ser detenido, ir a declarar ante la justicia, coimear a quien corresponda con unos miles de dólares que no me hacen nada, y luego quedarme libre”, habrá pensado. Y es exactamente lo que ocurrió: Morel fue detenido, liberado pero procesado por tenencia ilegal de armas. En el marco de este proceso, ayer a la mañana acudió al Palacio de Justicia de Concepción y declaró ante el juez Jorge Benítez. El juez consideró con benevolencia que el encausado donara 10 ventiladores de techo a 4 comisarías rurales y a una escuela pobre. También que se presentara a declarar en forma trimestral ante el juzgado; y no ingirió alcohol y ni salió de Paraguay, según comprobó el juez. Minutos después, Morel salía libre del proceso.

En realidad la policía ni la justicia paraguayas no preocupaban al capo. Su amistad con sus miembros siempre fue fuerte, así como fuerte los favores que les hacía. Lo que si preocupaba a Morel eran sus colegas paraguayos y brasileños de la zona, soldados de una u otra organización criminal del Brasil, enemistados por negocios de frontera. Así que tomó sus precauciones. Para despistar a los sicarios que lo acechaban permanentemente, ordenó a uno de sus subordinados que trabajaba en la Ande para que lo llevara al Palacio de Justicia en el vehículo de esta institución ¿Quien pensaría que él se movería en un vehículo del Estado? Pero los informantes en la mafia son más y tienen mejor precisión que los de la CIA norteamericana. Así que un soplo llegó a sus enemigos.

Morel llegó sin problemas a la sede del Palacio de Justicia. Sereno, con su guardia personal encima, bajó del vehículo y fue a declarar como un buen ciudadano que se somete al imperio de la ley. Mero trámite. Y ya salía sonriendo hacia el vehículo. Lo abordó, y a casa.

Pero en las cercanías del kilómetro 3 de la ruta Coronel Franco de éste departamento divisaron que se acercaba a ellos a gran velocidad una camioneta Toyota Hilux gris, doble cabina, sin chapa. Morel gritó la orden de apretar el acelerador y corrieron. La velocidad de la Toyota era superior a la del móvil de la Ande. Certeros disparos en las ruedas y fueron alcanzados. El resto fue como en las películas: la Toyota catarreó alrededor de 50 balas sobre Morel y sus acompañantes. “Aguara”, nada cobarde para estos menesteres, alcanzó a apretar el gatillo hiriendo a uno de sus victimarios. Y luego fue bañado con balas. Hora y algo después las fotos tomadas de la camioneta que aparecen hoy en los diarios son las de siempre.

Un pistolero profesional

Oscar “Aguara” Morel nunca conoció la cobardía en su profesión. En mayo de 1998 perpetró cuidadosamente el asesinato de su enemigo Luís González, cuyo cuerpo putrefacto fue encontrado a un metro debajo de tierras chaqueñas. Escapó con su metralleta en mano escupiendo tiros de un ataque de sicarios brasileños a su mansión en Ponta Pora, la que luego fue saqueada y quemada. Organizó delicadamente el secuestro del hijo de Marcelino Colmán, otro capo mafioso paraguayo, para ajustar algunas cuentas con éste. En el 2004, en San Pablo, protagonizó una balacera en la que recibió cinco tiros, recuperándose meses después. En su trajín de pistolero eficiente, trató con extrema serenidad al Padrino brasileño Fernandhiño Beira Mar, un hombre que desconfía hasta de su sombra. Fue detenido y apresado varias veces para luego salir elegantemente de todos los casos. Y hasta tenía tiempo para una de sus principales pasiones, el fútbol, siendo presidente hasta su muerte de un club de su querida ciudad de Pedro Juan Caballero.

La manía de todo soldado

Pero, ¿Quién ordenó cegar la vida del temible “Aguara”? No tenía buenas relaciones con Jarvis Jimenes Pavao. Ni con Erineu Domingo Soligo, alias “Pingo”. Ni con Luiz Carlos da Rocha, alias “Cabeza Branca”. Podría haber sido cualquier de estos. Pero las lenguas de la frontera seca cuentan lo siguiente. Morel fue un histórico soldado del Comando Rojo de Beira Mar. Su trabajo era reconocido por el Padrino. Sin embargo, riñas internas con otros soldados de la misma organización y esa manía tan propia de los soldados de la mafia de independizarse, lo habrían llevaron a dedicarse al tráfico de armas y, luego, a hacer negocios con el Primer Comando Capital. Y cuentan que su último negocio importante fue la venta de armas a este comando en San Pablo, Brasil. Y los del Comando Rojo se enojaron. Por ahí, tal vez, quizás, venga la historia.

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