Oñoakâre

Alegre y Cartes llegan cabeza a cabeza a los comicios de hoy. Los viejos y clientelares aparatos de la  ANR y PLRA serán los que definirán si gana uno u otro presidenciable. Todo indica que la diferencia de votos a favor del ganador será muy poca. Análisis.

Efraín Alegre vs. Horacio Cartes. Foto: Agroclasci.

Si en enero pasado alguien hubiera hecho en alguna calle de Asunción un sondeo carape a los peatones sobre quién ganaría los comicios presidenciales del 21 de abril, seguro que la  mayoría de los consultados hubiera respondido: “Cartes, chévero guarâ” o “Ha Cartes ja’e chupe…”. Las encuestas, aunque bastardeadas hasta lo imposible en estos comicios,  revelaban aquel mes, con diferencias de porcentajes, que el delfín colo’o era el que ganaría si se hacían los comicios en ese momento. Pero pasaron las semanas y, ya dejando el pasado mes de marzo, la balanza comenzó a equilibrarse lenta pero progresivamente entre ambos contendores, subiendo  el  lado de Efraín Alegre.  Muchos analistas y ciudadanos coincidieron en que la jugada propagandística de “Cartes ganador” fue fina y eficaz, que fue creando, inmediatamente después del Golpe Parlamentario del 22 de junio, un clima en el que la sensación era este: “Oganáta la Cartes…”. Péro, ¿Mba’e oikó upéi ko ândugui?

 

La muerte de Lino Oviedo modificó el escenario. Alegre consiguió una alianza electoral con el oviedismo. A medida que se acercaba el día de las elecciones, iba creciendo el miedo de los indecisos al pasado y a la figura de Horacio Cartes, marcado por su prontuario policial y las sospechas de sus vínculos con el narcotráfico. Cuando sus estrategas advirtieron de que Alegre iba ganando lentamente intención de votos de la gente, le soltaron  la lengua y Cartes comenzó a mostrar sus lados más densos: homofóbico, ignorante de las cuestiones culturales, chabacano en sus expresiones…  Empeoró su situación. Parece ser que el último, y probablemente el más grave, de las equivocaciones de Cartes es el haber dejado a sus técnicos muchas decisiones de su campaña;  a sus gerentes, para hablar en términos empresariales, que es de donde viene el candidato colo’o.  Dicen varios operadores colorados que una de aquellas decisiones dejadas en manos de los gerentes fue el de la distribución de la plata para los operadores y las bases coloradas. Como buenos administradores, los gerentes cuidaron la plata del patrón y tacañearon con los dirigentes mayores, medianos y con los operadores de distritos y zonas. Algo que puede ser fatal, porque heriría el histórico espíritu clientelar de la ANR,  cuya máxima es birlar en cada elección, interna o general,  la mayor cantidad de plata que chorree del candidato millonario.

 

Todo indica que, pese a las engañosas encuestas de uno y otro lado, si Cartes mantiene hoy una ventaja en intención de votos, ésta es muy escasa (1 o 2 por ciento), o tal vez ya este debajo de su contendor. Como sea, estos porcentajes mínimos hacen que la victoria sea definida hoy por la maquinaría electoral más eficiente. Los colorados, pese al traspié del 2008 con Lugo, siguen siendo los más eficaces en el arte de ganar elecciones por su larga experiencia y sus muchas mañas. Están usando las estructuras y recursos de los municipios y las gobernaciones coloradas, y sus espacios  en el Congreso.  Además de las seccionales coloradas, claro. Los liberales han aprendido mucho de los colorados en los años de transición, y en estos comicios han demostrado que pueden ser tan o más amorales  en el uso de  recursos e infraestructura del Estado, con la ventaja de que esta vez  manejan la administración central.

En cuanto al dinero que manejan ambos candidatos presidenciales, quedó demostrado con la gigantesca campaña publicitaria y los mitines proselitistas que realizaron que Cartes no tiene porqué acomplejarse ante Efraín, y viceversa. Además de los recursos que roban de las arcas del Estado, ambos han recibido  “donaciones” que se presumen en millones de dólares provenientes de los sectores de poder económicos como los sojeros, los banqueros, los ganaderos, los importadores, los narcos…etc. Es de esperar, ya que ambos, con diferencia de matices, representan al viejo y mezquino modelo oligárquico.

Así que lo de hoy podría ser calificado como  un acontecimiento con final abierto. Tan incierto que es muy probable que, al término de las votaciones, tengamos dos candidatos presidenciales declarándose ganadores, independiente de los resultados y la proclamación del Tribunal Superior de Justicia Electoral.

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