Obama, entre la espada y la pared

El presidente norteamericano Barack Obama anunció medidas para regular y controlar al sistema financiero de su país.

Con la llamada ley Volcker se busca separar los bancos de depósito con los fondos de inversión. Esto evitaría que los bancos comerciales inviertan dinero de su propia cartera bien por ellos mismos o a través de hedge funds o capital riesgo. Operaciones que popularmente fueron consideradas como el “casino de la banca”

Esta regulación es sumamente necesaria para evitar en el futuro poner en riesgo a toda la economía norteamericana por movidas especulativas a través de las operaciones conocidas como “Proprietary Trading”. La fusión de los bancos de depósito con los bancos de inversión a partir de 1999 con la derogación de la ley Glass-Steagall generó mega  consorcios financieros con el poder de ante la inestabilidad de los mismos poner en riesgo a la economía en su conjunto, es por eso que están considerados como “too big to fall”, o demasiado grandes para caer. Por esta razón el estado debe evitar a cualquier costo su caída. Entre estos mega grupos podemos citar a entidades como JPMorgan Chase, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Credit Suisse, UBS y Deutsche Bank  que son seis de los treinta de una lista elaborada por el recientemente creado Consejo de Estabilidad Financiera del G20.

A pesar de lo necesario de esta regulación, la misma no genera un alivio, mejoramiento o salida a la actual crisis económica norteamericana como se podría llegar a pensar.

Lawrence White, profesor de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York afirmaba el viernes que la propuesta es «una solución al problema equivocado», ya que pudiera reducir liquidez en los mercados financieros impactando directamente en el consumo, además de no ocuparse de atacar a los cimientos estructurales que generaron esta crisis.

Esta propuesta del presidente Obama podría ser caracterizada como una medida de impacto con un incluso gran componente de populismo en un momento donde el mismo esta sintiendo el fuego del descontento que en última instancia se manifestó de manera concreta el martes pasado en el resultado de las elecciones para la banca del senado por el estado de Massachusetts realizadas para cubrir la vacancia del fallecido senador demócrata Ted Kennedy.

La derrota en este Estado es considerada como un desastre para Obama y los demócratas, ya que por un lado éste es conocido como un bastión histórico de ese partido y por el otro significa la pérdida de Obama del control del senado y el quiebre de la “supermayoría”  que tenían los demócratas en la cámara alta con 60 senadores. Este resultado termina además de frenar varios proyectos de Obama como el  de la reforma del sistema de salud, considerados como indispensables por su administración.

Por parte de los sectores de la banca norteamericana hay un rotundo y evidente rechazo a la propuesta Volcker porque les significaría una pérdida de ganancias multimillonarias producto de movidas especulativas. El grupo Financial Services Roundtable, que representa a las 100 principales firmas de servicios financieros de EE.UU., adelantó este jueves su expreso rechazo hacia la propuesta. Y ya se anticipa que el ejército de cabilderos se está preparando para la batalla en el senado.

A pesar de esto pareciera que las probabilidades de la aprobación de esta ley son altas debido a que a los republicanos les va a resultar muy difícil justificar su oposición frente a su electorado en un momento sensible en el que el índice de desempleo ronda el 10% y no se logra frenar la pérdida de empleos según lo previsto.

En la doctrina liberal existe el precepto de “lo que es bueno para la empresa es bueno para todos”. En este caso pareciera que esta formulación contrasta con la realidad al punto de que el sentido de la idea se invierte.

Lo irónico del asunto es, que estos grandes grupos económicos se benefician a sí mismos en el corto plazo pero a la larga ponen en riesgo a la economía en su conjunto, al punto de que se ponen en riesgo  a ellos mismo. En su afán de lucro individual están cavando su propia fosa. He aquí una contradicción intrínseca del sistema capitalista. Es aquí donde aparecen los keynesianos diciendo: » Por esto son necesarias las regulaciones. Para eso está el Estado». Pero tarde o temprano el stablishment económico termina minando y controlando en su totalidad al Estado. Como ejemplo tenemos la derogación de la ley Glass – Steagall en noviembre del 1999 durante el gobierno de Bill Clinton que luego de la gran depresión de los años 30 controló la especulación desenfrenada con el dinero de los depósitos bancarios.

Según el artículo “Capitalistas estúpidos” de  Joseph Stiglitz la revocación de esta ley fue la culminación de un esfuerzo de cabildeo de 300 millones de dólares por los grupos financieros liderados por el senador demócrata y luego convertido a republicano Phil Gramm.

La política norteamericana (en realidad no sólo la norteamericana) está determinada generalmente por los lobbystas o cabilderos de los distintos grupos económicos que tienen sus respectivos congresistas, o sea, en general los congresistas son los representantes de las corporaciones o grupos económicos. En el caso norteamericano, esto se da en ambos partidos pero de manera más explícita en el partido republicano donde bajo un manto pseudo doctrinario los senadores no son más que gestores del poder financiero.

Y sobre esto, al stablishment político norteamericano parece que ya no le interesa siquiera cuidar las formas. Esta semana el Tribunal Supremo, derogó la ley que imponía un tope sobre el financiamiento privado a las campañas electorales, porque “atentaban contra el derecho a la libertad de expresión”.

Una gran noticia para la mayoría de los políticos norteamericanos que han empezado ya la búsqueda frenética de dinero para las elecciones de noviembre para el congreso.

Es realmente sorprendente como toda una estructura social y económica tiene la capacidad de generar las condiciones para su auto destrucción.

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