Nuevas rutas conservadoras en el proceso político

Las esperanzas en el gobierno de Lugo ya han desaparecido en los sectores más postergados (Fotomontaje E'a)

La hoja de ruta transitada en el 2010 fue la de la restauración del Estado Oligárquico.

 En política, el paso del tiempo aclara los actos del Príncipe des-cubriendo su discurso. A dos años y cuatro meses, los actos concretos de Fernando Lugo definen la dirección política que sigue y seguirá hasta el final de su mandato. Definirlo analizando, fundamentalmente, sus actos, cuyos efectos serán los que valgan.

Política represiva.  Hoy queda claro que la represión perpetrada aquel 5 de noviembre de 2008 contra manifestantes campesinos y urbanos, frente a la sede de la Fiscalía General  del Estado, fue el primer eslabón de una cadena represiva del gobierno. Los datos e informaciones que arroja el Informe 2010 sobre violaciones de Derechos humanos en Paraguay, elaborado por  la Codehupy,  son irrefutables. Oculto detrás de las potestades extraordinarias  de la Fiscalía en materia de imputación y procesamiento judicial y manejo de las fuerzas policiales, el gobierno, a través del Ministerio del Interior, desató su política de seguridad. La aparición del grupo armado autodenominado Ejército Paraguayo del Pueblo (EPP) también vino como sotana al cuello del presidente de la República. Además, los convenios de cooperación en materia de seguridad interna firmados y ejecutados con los gobiernos de Colombia y EE.UU., no dejan dudas de que Lugo desarrolló la política del garrote con sus propios aliados de izquierda.  Fruto de estos convenios fueron las gestiones y lobby del ministro del Interior para la sanción y vigencia de la Ley antiterrorista y Ley del Informante.

Cambios de forma al viejo Estado. El ex obispo de San Pedro  desarrolló desde el comienzo de su mandato  su verdadera y única línea política de cambio: la institucional, muy  de forma, al viejo Estado Oligárquico. Se basó en tres ejes: a) legalidad, todo ajustado a la ley b) Honestidad, claros límites a los que perpetran hechos de corrupción en su administración y c) Mucho trabajo y eficiencia administrativa y técnica. Aliado con individualidades y partidos de la socialdemocracia y con profesionales de ongs, Lugo priorizó su única línea política abierta: lavar el rostro al viejo Estado Colorado, sucio de corrupción e inoperancia desembozadas  en los últimos años previos a las elecciones del 2008. Esta línea parece ser su único compromiso con el cambio. Todas las demás líneas apuntalan esta línea central. Si puede hablarse de alguna estrategia de este gobierno, es ésta.

Desmovilización social y política. El acuerdo político con los principales partidos y organizaciones sociales con dirección de izquierdas, aglutinados en el Frente Guazú, fue la base de su política de desmovilización. Esta plataforma le permitió incorporar en la función pública a los escasos cuadros políticos y técnicos de las organizaciones, dejando sin organizadores al movimiento social para el trabajo de construcción y oposición fuera del Estado. También le permitió repartir algunos cargos de primer nivel a referentes importantes de la izquierda, con lo cual aseguró la obediencia política de los mismos.  Sus demagógicas promesas de reforma agraria, reforma constitucional y aumento de impuestos a los agroexportadores también fueron  efectivas para desmovilizar.  Sumando todos estos puntos, consiguió desmovilizar al movimiento campesino, a las organizaciones urbanas más combativas y a los partidos de izquierdas. Libre de presiones y demandas sociales, jugó su política de la institucionalidad.

Pacto con los partidos tradicionales. 2010 fue el año que se concretó el pacto del gobierno con los partidos políticos conservadores asentados en el Congreso.  En estos últimos meses, puso sobre  la mesa cargos administrativos, técnicos y políticos  de la administración ejecutiva y judicial y negoció con los partidos colorado, liberal y oviedista. El pacto que se resistió a firmar durante año y medio de su mandato (quizás por una mera cuestión de administración de tiempo), lo firmó en el segundo semestre de este año. Lo que le permite garantías para llegar al final de su mandato, pero le priva de autonomía, aún para realizar los más insignificantes cambios formales. 

El rostro privatizador.  El rostro que mostró Lugo claramente en este año fue el del privatizador: presentó  los proyectos de privatización de aeropuertos y de rutas; gestiona el desembarco de la trasnacional “Rio tinto” para extraer minerales; apunta a re-estatizar y volver a privatizar Acepar, luego del actual fracaso de la acería en manos privadas. Los ministerios, secretarías  y entes autárquicos ejecutaron numerosos e importantes proyectos de tercerización de sus servicios, como es el caso del Ministerio de Salud, IPS , Ministerio de Obras Públicas y Ministerio de Hacienda.

El juego de la oligarquía

Con las mañas y conocimientos acumulados en su largo tiempo de administrar y conservar el poder, los partidos, las organizaciones empresariales y gremiales y los medios masivos de comunicación de la oligarquía no dieron respiro a Lugo. Conocedores de que, sin presión, un gobierno con aires de cambio puede molestar sus intereses y, más aún, puede marcar derroteros de cambios de fondo en el futuro, dispararon sin parar desde todos los espacios de la sociedad. Así, la extrema derecha guiada por el diario ABC Color jugó con verdaderas intención a tumbar al gobierno de Lugo en el primer año. Pero no convenció a las demás facciones, más moderadas y modernizantes, justamente por el papel conveniente que está cumpliendo Lugo para ellos.

Con los espacios institucionales cerrados (Congreso, Poder Judicial), con ataques sin contemplaciones desde todos los grandes medios y, sobre todo, sin movilización y presión social, el gobierno se convirtió en el nuevo pie de equilibrio que la Oligarquía perdió en abril del 2008.  Un equilibrio de poder que evitó que siquiera se siguiera discutiendo públicamente la agenda de intereses del poder: concentración de tierras, paraíso fiscal, concentración de la propiedad de los medios de comunicación, abandono territorial del Estado, privilegios al modelo agroexportador, principalmente a  la soja, la ganadería, los supermercados y los bancos. Nunca estuvo en peligro la modificación de esta agenda. Lo que sí fue una amenaza para el poder  es la posibilidad de acumulación de fuerzas que en el futuro modifique su bolsón de intereses.

El juego por la izquierda

Si las derechas jugaron (siguen jugando) a presionar sin tregua, las izquierda, con su aún escasa acumulación de fuerzas, jugaron a descomprimir el escenario político para el gobierno. Ocuparon su tiempo en justificar los gestos y discursos de Lugo que molestaba al poder para defender la estabilidad del gobierno. También se ocuparon de construir aparatos partidarios desde el Estado, y de operar la omisión de cualquier crítica dentro del movimiento social y popular. En este tren, confundieron la defensa del proceso de cambio con la defensa a raja tabla de los actos políticos de Lugo. Además, muchos dirigentes con cargos públicos importantes y con ingenua creencia de que “manejan” el poder, perdieron autonomía ante el gobierno. Las izquierdas, por sus limitaciones de fuerza, de falta de unidad y de dirección política lúcida y unificada, terminaron construyendo la agenda gubernamental de Lugo, que no es otra cosa que la agenda de reacomodamiento de las derechas.

Al promover la desmovilización social y política de sus organizaciones, al no proponer debates de fondo sobre la estructura de poder, al resignar toda crítica a Lugo, al no profundizar las tensiones políticas con el poder oligárquico, las izquierdas no pudieron sumar más fuerza ni avanzar en la construcción de una agenda propia que apunte a un proyecto político país que supere, en el futuro, el modelo colonial y oligárquico imperante.

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