Nuestro dulce idioma guaraní

Gracias al guaraní tenemos nuestro propio mundo y es la coraza que protege nuestra identidad.

Por Cristian David López desde Asturias

Aún sigo escuchando y viendo el desprecio de algunos compatriotas por el guaraní. Aún siguen creyendo que este idioma es la rémora, el culpable que no nos permite salir a flote en diversos campos intelectuales, creen que el guaraní es el causante de la falta de progreso de las personas. Aún siguen pensando que el guaraní es signo de bajeza, de campestres, de ignorantes.

Conozco padres de familias que han prohibido a sus hijos hacer uso del guaraní, llegando incluso a castigarles. Yo a eso sí que lo llamo ignorancia.

¿Pero qué clase amor al país es ese, qué orgullo?, me pregunto, ofendido­ Si el guaraní es lo que nos distingue de los demás… Su ritmo, su acento alegre y musical es lo que hace que estén contentos cuando, entre la multitud, entre los extranjeros, en otro país, dos paisanos se encuentran y se hablen. Gracias al guaraní tenemos nuestro propio mundo, dentro de él nadie nos puede atacar, porque es la coraza que protege nuestra identidad.

El guaraní es el idioma que invita, que ofrece sin pedir nada a cambio. Yo lo hablo todo los días, lo canto, incluso
hablo solo conmigo mismo en guaraní, porque soy el único que puede entenderme lejos de mi país. Y es que cuando hablo en guaraní no siento que estoy tan lejos del Paraguay.

El guaraní también ha sufrido persecuciones para llegar vivo hasta aquí, igual que nuestro país. A pesar de todo aún sigue latiendo en nosotros, no hay que apagarlo. Es fuerte, es persistente como nosotros.

Eliminando el guaraní de nuestra vida no vamos a modificar, ni aumentar nuestra inteligencia, lo único que haremos es ser menos paraguayos. Lo que sí deberíamos hacer es aprender bien tanto el castellano como el guaraní. Esa sería la clave para que todo marche mejor.

Y cada lengua para su propósito: el español para lo comercial y para relacionarnos con los cuatrocientos millones que hablan esa lengua; el guaraní para los momentos alegres y para preservar nuestra identidad nacional. Más vale tener dos herramientas complementarias que solo una, aunque un idioma es algo más que la mejor de las herramientas, es nuestra manera de ver el mundo.

Rafael Barrett vio su valor, vio en el guaraní nuestra riqueza, y lo calificó como un “dolor paraguayo”, porque fue testigo del acoso a que estaba sometido. Lo defendió a pesar de que no sabía hablarlo. Se ponía feliz cuando escuchaba alguna polka. Resulta curioso que otros valoren lo que nosotros, que somos sus dueños, no. Dijo Barrett: “Contrariamente a lo que los enemigos del guaraní suponen, juzgo que el manejo simultáneo de ambos idiomas robustecerá y reflexibilizará el entendimiento”.

No hay duda que él vio todo lo que nosotros no vemos. Conocer nuestra cultura, valorarla, es la única forma de crecer y enriquecernos. Es la manera también de conocernos mejor. A veces el estar lejos, como yo y tantos lo estamos de nuestro país, ayuda a ver la realidad. Y a valorar adecuadamente lo que, por estar en contacto con ello todos los días,
acostumbramos a despreciar.

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