Nos dejó un militante del campo popular

No todos los colorados fueron y son pro dictadura, ni todos son anti comunistas. Uno de estos colorados fue el compañero Julio Belotto, quien recientemente murió como consecuencia de un ataque al corazón. Y comienzo de esta manera esta nota porque creo que uno de los quilates que se apreció siempre en Julio fue su apertura de pensamiento y su militancia consecuente dentro de esa línea descripta más arriba y que fue reflejada dentro de aquel grupo de jóvenes colorados que conformaron el grupo “Roberto L. Petit”, en el exilio.
Julio Belotto formó parte de aquella camada de jóvenes –colorados, liberales y febreristas-, que durante la lucha estudiantil de mayo de 1959 enfrentaron los sablazos del general Ramón Duarte Vera. Fue la famosa manifestación de los estudiantes secundarios que se llevó a cabo en la Plaza Italia. Junto a Heriberto Florentín, Nelson Silvera, Derliz Villagra, Ramón Leiva, Ildenfonso Denis Portillo y muchos otros estudiantes mantuvieron la reivindicación de la baja del boleto del transporte público, hasta conseguir dicho objetivo. Preso en esos días, recuerdo que decía, que el compromiso de los miembros de los centros estudiantiles, era que si los titulares eran detenidos, debían ser reemplazados por los miembros que quedaban de las comisiones directivas. Y así sucedió. En un momento le tocó a él ser uno de los dirigentes de la huelga emprendida por los estudiantes.
“Entrábamos a los cines y dejábamos volantes a favor de nuestra lucha. En el cine Victoria, subíamos al segundo piso y desde allí hacíamos volar estos volantes. Las pintadas en las paredes de las murallas no dejaban de aparecer a pesar del esfuerzo de la policía por borrarlas. Fue una hermosa demostración de lucha y sobre todo, de los jóvenes que considerábamos que el Partido Colorado no podía ser furgón de cola de la dictadura”, nos decía en una de las tantas entrevistas que le realizamos.
Hace unos días se nos fue. Una prensa apurada y pendiente solo de la cobertura del momento, solo atinó a informar ciertas circunstancias que rodearon su muerte, sin tener en cuenta la alforja llena de méritos de este gran luchador. Sabemos que la historia sabrá recuperar el inmenso sacrificio que supo llevar a cuesta, tanto en el exilio como cuando regresó al país, luego de la caída de la dictadura.
A pesar que su militancia siempre fue dentro del Movimiento Popular Colorado (MOPOCO), Julio supo ganarse un espacio también dentro del campo de los derechos humanos. Así fue –en los últimos años- un referente de Codelucha y de la Mesa Memoria Histórica., espacios donde supo recibir el cariño y el respeto de los militantes de las diferentes organizaciones.
Hace mucho tiempo me relataron una historia, ocurrida años atrás y donde fueron protagonistas un grupo de paraguayos. Uno de ellos fue Julio. A partir de ese momento, busqué la forma de conocerlo y poder hacerle una entrevista para que me cuente aquella experiencia. Cuando conversé por primera vez con él y le pedí me dedicara un tiempo para contarme su historia, sin dudar aceptó mi pedido. Pudimos realizar esas entrevistas que aún aguarda un mejor momento para ser publicada.
“Creo que debemos unir nuestras fuerzas progresistas para ir ganando espacios dentro del escenario político actual, pero manteniendo nuestra capacidad crítica y de honestidad que siempre deben ser nuestra banderas”, decía cuando exijiamos protestar contra algunos dirigentes que se pasan –hasta ahora- comercializando con los principios de los derechos humanos. Nunca quiso llegar a situaciones de fuertes discusiones. Prefería esperar nuevas condiciones para demostrar que su metodología de lucha era la correcta.
Hace unos días, mientras buscaba fotos para ilustrar un artículo, me encontré con aquellas que lo muestran en el campo de concentración, junto con otros estudiantes. También encontré sus declaración aclarando que no había muerto (1959) como lo había afirmado un periódico de aquellos años. A él lo recordaremos siempre como aquel militante que –silencioso y callado-iba realizando las tareas sin grandes alaracas, consiguiendo siempre ser consecuente con un estilo de militancia que privilegió alcanzar los objetivos colectivos antes que los destaques individuales de ciertos dirigentes que privilegian sus egoísmos y sus vanidades.
Como decía Humberto Pérez Cáceres, la línea divisoria entre los paraguayos no pasa entre liberales y colorados, ni entre comunistas o febreristas; la línea divisoria pasa entre explotadores y explotados, entre propietarios de los medios de producción y los asalariados. Julio, desde sus inicios en la militancia política, supo entender con claridad cuál era el campo que debía abonar con su activismo y su capacidad creadora. Para vayan estas líneas como un homenaje a quien supo ser consecuente con aquellos ideales de transformar la sociedad en beneficio de los trabajadores y que nunca se vendió a los cantos de los dirigentes deshonestos y corruptos.

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