Noche nueva para el Nuevo Estado Boliviano

Desde Bolivia



Hoy el pueblo boliviano decidirá si aprueba o no el proyecto de nueva Constitución Política del Estado Boliviano (NCPE). Una constitución que reconoce la inclusión de más de tres decenas de naciones que integran Bolivia.

oy el pueblo boliviano decidirá si aprueba o no el proyecto de nueva Constitución Política del Estado Boliviano (NCPE). Una constitución que reconoce la inclusión de más de tres decenas de naciones que integran Bolivia, pone límites a la propiedad individual de la tierra, profundiza la democracia representativa y participativa, ordena el respeto a la integralidad e institucionalidad –por llamarle de alguna manera formal- a las formas de tratarse, gobernarse, educarse, mirarse y disfrutarse, de los distintos territorios indígena-originario-campesino, juego de palabras que finalmente admite que existen otras formas de vivir y que es el Estado el que debe adaptarse a ellas y no al revés.

La nueva constitución tiene muchas particularidades y debería extenderse como texto político a los demás países latinoamericanos. Es clara, directa y, pese al griterío de la derecha, declarativa y extensa. «La hicieron larga, con una terminología poco formal y reiterativa en muchos casos, porque la hicieron para que el pueblo boliviano la discuta políticamente en las plazas, en las calles, en cada punta de montaña o valle de Bolivia», comentaba un intelectual en uno de los múltiples programas de debates organizados por en el canal público Televisión Boliviana.

Es que el texto constitucional habla de revolución, de plurinacionalidad, de descolonización, de naciones múltiples, de democracia radical, de lo comunitario, colectivo, participativo, y tantos otros términos que escandalizan a la derecha oligárquica, blanca, cristiana y machista. La NCPE liquida al Estado homogenizador occidental, el pensamiento único, la uniformidad. Dice, entre tantas cosas, que la educación pasa a ser «universal, comunitaria, descolonizadora, revolucionaria», «el Estado ejercerá la dirección integral del desarrollo económico…», se reconoce la «organización económica comunitaria», «se prohíbe el monopolio y el oligopolio privado», «no prescribirán las deudas y los daños económicos causados al Estado«, los recursos naturales son «propiedad» del pueblo boliviano y corresponderá «al Estado su administración en función del interés colectivo», se «prohíbe el latifundio y la doble titulación por ser contrarios al interés colectivo».

Imagínense lo que piensa un Señor de la Tierra de apellido europeo que explotó indígenas toda su vida en sus estancias, o incluso la academia universitaria o los grandes abogados, cuando leen que «El Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama quilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentirosos ni seas ladrón), suma tamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maradi (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble». A los valores liberales se le suman valores ancestrales, actuales y de futuro, de los pueblos indígenas, originarios y campesinos.

Este proyecto constitucional promueve un nuevo ordenamiento territorial, con autonomías departamentales, municipales e indígena-originaria-campesinas. La derecha había jugado a las autonomías departamentales, de carácter separatista más que autonómico, y centralista en lo interno de sus propios dominios. Con la consideración de las autonomías municipales, y sobre todo las indígena-originaria-campesina, mostraron toda la contradicción de su discurso autonómico y el intento de seguir sometiendo a las poblaciones de los departamentos como peones de estancias. Esta nueva instancia territorial permitirá superar, según el presidente Evo Morales, al «Estado sin naciones y a las naciones sin Estado».

Finalmente, más allá de este histórico 25 de enero, este referéndum es una etapa más de la larga lucha del pueblo boliviano de liberarse de la oligarquía colonial, de las transnacionales usurpadoras, de la discriminación, ultraexplotación y todas formas de opresión, promovidas y aseguradas por el Estado viejo. Es el comienzo del final de la aplicación de las recetas neoliberales y militares como formas de gobierno que se afianzaron desde los 70, de las traiciones de llamadas agrupaciones de izquierda como el MNR de la revolución del 52 y de los gobiernos como el del gringo-boliviano Sánchez de Lozada. Es un paso más en el avance que comenzó con las marchas indígenas de los 90, con las victorias rebeliones populares por el derecho al agua (2000) y el gas (2003), con el ascenso del Movimiento al Socialismo y de Evo Morales, con la victoria en el 2006 (51% de los votos), el triunfo aplastante en el revocatorio del 2008 po mas del 67%, la erradicación del analfabetismo y la reafirmación de la Bolivia soberana en sus recursos y su gobierno.

El nacimiento de este Estado Nuevo es doloroso. Mañana será una más de las contracciones superadas y se anuncian nuevos tiempos. Éstos prometen además ser cada vez más contagiantes para el resto de América Latina, y dependerá, como siempre depende, de la lucha de los pueblos por el ejercicio real de la justicia, la libertad y la igualdad. Y para eso, el ejemplo que viene dando el pueblo boliviano será fundamental.

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