No todo lo moderno es científico

Opinión: «Hay, sin duda, fundamentalistas y posturas que se pretenden inamovibles. Hay irracionalidad y egoísmo que, en conjunto, se oponen abiertamente al desarrollo social del país.»

Fumigación en el campo. Imagen: Blog Bloglemu.

Los agrotóxicos, que constituyen un recurso moderno de productividad, significan biotecnología y quienes se oponen a ello es porque tienen conceptos avejentados y fundamentalistas, que perjudican directamente a la producción nacional, se escucha comentar a menudo en los círculos de los grandes productores agropecuarios, en una reacción defensiva de su angurria y triste papel de voceros de las transnacionales, como también lo son muchos medios de comunicación.

Nada más equivocado y maniqueísta que esas opiniones. Los plaguicidas, con los que operan los más poderosos consorcios graneleros, forman parte de la utilización moderna de productos químicos que las transnacionales han ido imponiendo en el campo con el argumento de que mejoran los cultivos y acortan los plazos de su crecimiento, sin nunca ofrecer resultados científicos que puedan sostener a largo plazo.

La diferencia de fondo, en realidad, es el modelo productivo que opone a quienes buscan instalar un sistema de labor rural para garantizar bienestar a toda la población, con los grupos que persisten en mantener la vieja estructura que hace más de un siglo viene sirviendo en nuestro país a la minoría que acostumbra marcar la política económica y productiva del Estado.

Otra diferencia, que esos grupos prefieren decir que es sólo semántica, tiene raíz conceptual, dado que bio significa vida y, por lo tanto, es deliberada mala intención la prioridad sistemática del uso de biotecnología como sinónimo de agrotecnología, siendo que, de hecho, son antónimos.

Algo parecido se da con el uso peyorativo del término ideologización, como ejemplo de un desvío de la misión original de algunas instituciones, olvidando que el mundo está bajo la ideologización capitalista que, como está al servicio del mercado, y de la alienación cultural de la oligarquía financiera, no la consideran siquiera una ideología, sino una conducta.

"Cuidado: veneno". Imagen: ReporterBrasil.

Esa misma perversión lingüística es común encontrar en el discurso conservador con la palabra multinacional, como son, al margen de sus buenas o malas acciones, la ONU, la OEA, el Mercosur, la Unasur, el Celac, Aladi, el Pacto Andino, el Alba, el Alca, etc., es decir, los tratados de cooperación entre varias naciones, con la intención de sustituir el término transnacional, que significa simple y sencillamente transgresión y violación de las fronteras nacionales, o sea, la práctica común de esos consorcios gigantes de pisotear la soberanía de los países donde operan.

Después de experimentar, durante un mínimo de cinco años, diferentes plaguicidas introducidas por las transnacionales como Monsanto, Cargill, ADM y otras, varios países los están prohibiendo, entre ellos China, en ciertas variedades de trigo y maíz, tras comprobar que afectan la salud de los seres vivos en general, humanos, vegetales y animales. La India, segundo país más poblado del planeta, le sigue.

En Paraguay, el tema enfrenta desde hace dos años a la Unión de los Gremios de la Producción (UGP), con el Servicio de Sanidad Vegetal (SENAVE), debido a que este organismo gubernamental aplica su Carta Orgánica, y está abocado a que las leyes guíen la conducta de quienes operan con vegetales, actividad donde tiene potestad constitucional.

Esa inquietud es la que inspiró la Resolución Nº 660 de SENAVE, recién sustituida por la reglamentación 1160, cuyo contenido es el mismo, pues sólo se cambió para intentar disminuir las disonancias con los grupos que practican las fumigaciones con agrotóxicos, molestos por esa ordenanza que limita las operaciones que acostumbran efectuar sin ningún control sanitario ni ambiental.

En concreto, la Resolución 1160 no hace más que reforzar y enriquecer el Decreto 2048/04, que especifica protección de los asentamientos humanos mediante la construcción de una barrera viva, “un seto de follaje denso de dos metros de altura por cinco de ancho, en toda su extensión”.

Frente a ello persiste la resistencia a respetar las leyes por los sectores habituados a transgredirlas, en un eternizado ejercicio perjudicial para el país, encubierto siempre por la complicidad informativa.

La UGP, por ejemplo, considera imposible prevenir a la población por radio, 24 horas antes de toda fumigación aérea o terrestre, cuando decide efectuar cada una de esas grandes empresas.

El colmo de la tergiversación de la información transparente, que la ciudadanía tiene derecho de recibir, es cuando el gremio cerealero arguye falsamente  que los insecticidas piretroides utilizados en el campo son los mismos que los empleados en Asunción para combatir el mosquito Aedes que produce el dengue.

Días atrás, en una entrevista de prensa,  un dirigente cerealero paraguayo, portavoz de las transnacionales, se atrevió a decir que esos rociados “son más tóxicos que muchos productos que se usan en más de dos millones de hectáreas, que no son tóxicos para el ser humano”. Es decir, por un lado son tóxicos y, en el mismo párrafo, no lo son. Algo de confusión le aqueja.

Sin embargo, nada dice el grupo cerealero de la abismal diferencia que existe en el porcentaje de fitosanitarios utilizados en la fumigación urbana y la del campo, además de fingir ignorar las conclusiones de varias investigaciones científicas que documentan honestamente los graves daños que provocan entre la población rural los roseados con agrotóxicos.

Incluso minimizan el área cultivada y fumigada, que no es de dos millones, sino que, en la zafra pasada, sólo la soja redondeó los tres millones de hectáreas, de acuerdo con informes de la misma CAPECO.

En esta campaña que ha desatado la UGP contra SENAVE, contra el Gobierno de Fernando Lugo y, fundamentalmente, contra el proceso de cambios iniciado en 2008. Hay, sin duda, fundamentalistas y posturas que se pretenden inamovibles. Hay irracionalidad y egoísmo que, en conjunto, se oponen abiertamente al desarrollo social del país.

La UGP encabeza ese oscurantismo ideológico, desde el momento que, a diferencia de SENAVE, SEAM, otras dependencias del Gobierno nacional y varias ONG, jamás convoca a un debate público para buscar coincidencias positivas que permitan combatir los males de la miseria, la exclusión y el desprecio clasista que genera inseguridad y la expulsión de labriegos de su tierra, entre otras imperdonables abyecciones.

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.