No quiero papá ni mamá

No quiero papá ni mamá como los de Fedapar (Federación de Asociación de Padres de Alumnos de Instituciones Educativas del Paraguay) ¿Por qué? Porque quieren sumir a generaciones enteras de estudiantes primarios y secundarios al peligroso oscurantismo de la desinformación y la ignorancia sobre salud sexual.

Amo a mi mamá, para que no quepan dudas; porque por suerte nunca fue como los de la Federación.

Hace semanas los integrantes de esta agrupación vienen tratando de meternos en la cabeza que el Marco Rector Pedagógico para la Educación Sexual del Ministerio del Educación es poco menos que la perversión de la naturaleza humana y que busca destruir la familia y por ende a la población.

Antes de seguir, quiero dejar constancia de que Fedapar representa apenas a 50 del total de Instituciones Educativas del país que son 11.400.

Sigo. Según representantes de esa agrupación, las autoridades educativas escondieron el documento y su contenido porque promovían el matrimonio entre personas del mismo sexo, además de otros temas que ellos consideran una ofensa y una amenaza mortal.

Ahora que el plan tomó estado público y se reveló que no tenía nada de lo que habían denunciado «con vehemencia y conocimiento de causa», ninguno de esos «padres» salió a pedir disculpas por la aberración y desinformación ejecutadas.

Después, cuando ya su mentira era insostenible, viraron hacia otro aspecto de lo que propone el plan: la perspectiva de género. Todos los organismos internacionales y nacionales de DDHH trabajan hace años en la necesidad de equilibrar por derecho de igualdad los asuntos de género. Los «padres» de Fedapar, no. Creyéndose dueños de la verdad, la moral y la autoridad de regir qué contenido debe o no debe recibir la gente, juzgan, prejuzgan y condenan. ¿Y ellos quiénes son? ¿No se dan cuenta de que justamente lo que hacen está fuera de cualquier contexto del bien hacer, del vivir en democracia y del dar un trato de dignidad a las personas?

Muy loable era el trabajo de Fedapar cuando comenzaba a combatir el alcoholismo en las fiestas estudiantiles. Después el tema comenzó a teñirse de un pegajoso sentido de moralismo religioso, con lo que todo empezó a deslucirse por falta de equilibrio y ecuanimidad. Ahora pasó a otro nivel y pretende abrogarse facultades rectoras de la educación en el país. Pretende inmiscuirse en el contenido de lo que se enseña desde una perspectiva laica y busca imponer una sesgada mirada moralina, prejuiciosa y excluyente, contra derechos humanos.

Fedapar pretende erigirse en la representación de todos los padres de colegios del país. Es más, se presenta como tal. Yo soy padre de estudiante y muy por el contrario, antes que aplaudir su posición en este tema, la repudio enérgicamente por insensata, desubicada y nociva para la formación universal, integral y sin complejos de nuestros hijos. La Fedapar no me representa.

La actitud que asume esta organización -o mejor, sus directivos- me recuerda a la famosa censuradora de la época del dictador Alfredo Stroessner (1954-1989) Carmen Cáceres de Thomas. Ella se erigía en «custodio moral y ético» de una población que vivía sojuzgada, sometida a una criminal dictadura y decidía qué estaba «bien» y qué estaba «mal» en los espectáculos públicos. Si no pasaba el cedazo de la censura, se corría el riesgo de ser considerado hasta subversivo e ir a dar explicaciones a la prisión.

Señores de Fedapar, tenemos derecho a vivir en un país universal, donde nuestros hijos sepan qué cuidados tener y qué decisiones tomar en base a una buena información sobre sexualidad, para evitar seguir lamentando tantas desgracias.

Dedíquense a sus hijos y déjense de joder pretendiendo meterse con el mío.



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