«No estamos todos, falta Rubén»

Alrededor de mil personas marcharon por el centro asunceno exigiendo, esta vez, la prisión domiciliaria de Rubén Villalba. “No estamos todos, falta Rubén” coreaban los manifestantes.

La marcha salió de la Catedral, recorrió el micro centro y terminó en el Panteón de los Héreos. Foto: E'a.

La marcha salió de la Catedral, recorrió el micro centro y terminó en el Panteón de los Héreos. Foto: E’a.

Lo que se pensaba sería una celebración de la prisión domiciliaria conseguida por los huelguistas de Curuguaty y en demanda de la recuperación de Marina Cue, se convirtió en una marcha para exigir la ratificación de la prisión domiliciaria de Rubén Villalba. «No nos dejan celebrar un solo día, esto ya es saña, están jugando al límite de todo», comentaba durante la marcha el dirigente del Partido Comunista Derlis Villabra.

El desconcierto fue el aire que predominó el espíritu de los manifestantes. No es para menos. Luego de 58 días de huelga de hambre, el sábado, muy entrada la noche, le habían otorgado la prisión domiliciaria a Rubén Villalba, Felipe Benítez Balmori, Néstor Castro, Adalberto Castro y Arnaldo Quintana. Pero, ya estando en Curuguaty, lo reenvían a Rubén Villalba a Tacumbu, sacándose del baúl laberíntico un caso en el que aparece acusado Rubén Villalba. Una resistencia de la comunidad de Pindo, Yasy Cañy, al avance de la soja transgénica, en el 2008.

“Es ya demasiado lo que están haciendo con todos nosotros”, se quejaba, igualmente, la activista de Kuña Pyrenda, Teresa Notario.

El Pai Franciso de Paula Oliva, que acompañara las exigencias de prisión domiciliaria de los cinco huelguistas, parecía, igualmente, muy desconcertado con todo. “Ni en Semana Santa dejan de ensañarse con la gente», murmuraba despacito.

El cordón de manifestantes avanzó por la calle Palma, giró en 15 de Agosto, se trasladó por Estrella y cerró el acto en el Panteón de los Héroes.

Al llegar hasta El Bolsi, los manifestantes apuraron el coro “Rachid, cobarde, tu mano tiene sangre”. Es que anteayer, en este lugar, un grupo de activistas repudió y escrachó a Jalil Rachid, el fiscal del caso, el mismo que se opusiera a la prisión domiciliaria y el mismo que mantiene la acusación a los campesinos de invasión de propiedad aun con documentos que prueban la titularidad en favor del Estado y aun en litigio en la Corte.

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