«No escribo poesía como divertimento o ejercicio retórico, sino por imperiosa necesidad de expresión»

Entrevista al escritor, editor y crítico Miguel Ángel Fernández, quien presentará en breve Litterae III, libro en el que reúne casi la totalidad de su producción poética.

Miguel Ángel Fernández, nacido el 29 de septiembre de 1938.

Un mes atrás solicité a Miguel Ángel Fernández que hiciera el favor de visitar un taller de escritura –dirigido por vuestro servidor literario– para que hablara a los jóvenes participantes del mismo de la vida y obra de Rafael Barrett. Accedió de buena gana y en su charla de experto en el tema, disfrutada el sábado 14 de septiembre, también hablamos de su vida y obra. Así los jóvenes del taller conocimos a un trabajador de la literatura, en particular, y del arte, en general, que si bien aún no ha sido reconocido por su labor intelectual y su poesía en nuestro medio, es un autor paraguayo citado en historias y diccionarios de la literatura hispanoamericana y en estudios y tesis académicas de universidades extranjeras. Y como esa importante charla mantenida con él no podía quedar en ese encuentro, extendimos la conversación en una entrevista para E’a.

Vez pasada, en tu visita al Taller de Escritura Semiomnisciente, nos contaste que en tu niñez y adolescencia tuviste la suerte de ser vecino de Josefina Plá, que ella fue tu guía literaria e intelectual. ¿Cómo inició y se formó esa relación de maestra-discípulo y amistad?

Ariel, el hijo de doña Josefina, y yo éramos compañeros de juegos. Empecé a leer literatura seria cuando estaba en la escuela primaria, en el Colegio de Goethe, y un día se me ocurrió escribir un cuentecillo, que le hice llegar a la madre de mi amigo, a ver qué le parecía. Me lo devolvió unos días después con una nota: «Tienes madera, continúa escribiendo». Algún tiempo después le pedí que me diera clases de literatura y también de cerámica. Esa relación de amistad me permitió ser testigo del desarrollo del arte y la literatura de nuestro país desde 1952 o 53, para poner unas fechas. En 1954 el grupo Arte Nuevo realizó una muestra colectiva en vitrinas de la calle Palma y un año después, con Raúl Sapena Brugada, iniciamos en Radio Cháritas una audición semanal de cultura bajo la denominación de Diálogo. La lucidez crítica de Josefina Plá orientó a muchos jóvenes en los años oscuros que sobrevinieron bajo la dictadura stronista.

En tu etapa universitaria tuviste problemas y no pudiste culminar la carrera. Cuéntanos qué sucedió. ¿Y cuándo y cómo retomaste la carrera?

Mis problemas comenzaron ya en la secundaria, porque era dirigente estudiantil. En 1959 participé activamente en el movimiento que culminó en enfrentamientos con la policía de la dictadura. Muchos estudiantes caímos presos y en mi colegio ya no me dejaron concluir el bachillerato. Cuando pude terminar la secundaria mediante exámenes libres, no pude ingresar a la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional, cuya decana decía que yo no podía pisar esa institución por mis posiciones de izquierda. Recién en 1970 pude comenzar los estudios de humanidades en la Universidad Católica. Eran tiempos de represión dura y mi tema de tesina era un escritor revolucionario, Rafael Barrett. Cuando investigaba sobre su obra, al volver de un viaje a Montevideo y Buenos Aires, donde había recogido materiales sobre mi tema, al pasar por el puerto de Itá Enramanda la policía me secuestró todo lo que traía. Era una señal de los riesgos que corría y desistí de seguir adelante. Así pasaron más de quince años, hasta que, caída la dictadura, me llamaron de la Facultad de Filosofía de la UNA para impartir clases de semiología. En 1992 presenté la postergada tesina sobre la Vida y obra de Rafael Barrett y un par de años después accedí por concurso a la cátedra de Literatura hispanoamericana. Gané después otras dos: Cultura paraguaya y Lingüística y semiótica.

Entre tus muchas labores, eres un editor filológico. ¿Qué es un editor filológico?

Efectivamente, he dedicado buena parte de mi labor a preparar ediciones de los clásicos de la literatura paraguaya: Barrett, Campos Cervera, Josefina Plá, Roa Bastos y otros. El editor filológico prepara el texto, lo anota y le pone un estudio preliminar. Esto supone, por lo general, trabajos de investigación textual y de campo, además del estudio del contexto histórico, social y cultural de la obra estudiada.

Si bien editaste a muchos autores, se te reconoce sobre todo como el editor filológico de Rafael Barrett, a quien hasta ahora lees, analizando sus obras que describen e incluso se adelantan a su tiempo, como en los casos de Gallinas, El propietario y El pozo. ¿Cuáles son las características especiales en las obras literarias de Barrett que describan su tiempo e incluso se adelante al mismo?

Barrett ha sido para mí una verdadera pasión intelectual y moral. Es una figura fundamental de nuestras letras y del pensamiento social. Hoy se lo reconoce como un autor capital de su tiempo y un escritor que ha anticipado líneas que la literatura y el pensamiento político y social han desarrollado posteriormente. La cultura oficial del Paraguay lo ocultó por cerca de cien años, pero en ocasión del centenario de su muerte, en 2010, tuvo por primera vez un reconocimiento en ese ámbito. De todas maneras, lo que importa es que, a pesar del ninguneo, sucesivas generaciones de lectores, sobre todo jóvenes, lo leían casi a escondidas, sin duda por su extraordinaria potencia expresiva y la vigencia de sus asuntos. Nuestros grandes escritores (Campos Cervera, Roa, Josefina Plá, Casaccia) siempre reconocieron su magisterio. Textos como los que mencionás y otros, como La cuestión social, Lo que he visto, Bajo el terror, Lo que son los yerbales, siguen hoy sustentando nuestra visión crítica de la realidad y nuestros afanes intelectuales. Su obra está viva.

Imagen de la tapa de Litterae III, libro que será publicado en breve la Universidad Uninorte y la editorial Servilibro.

¿A quiénes más editaste? ¿Y por qué los editabas?

Me he interesado especialmente en los grandes autores de la literatura paraguaya: además de Barrett, compilé y edité las poesías de Roa Bastos, Hérib Campos Cervera, Josefina Plá, Julio Correa, José Concepción Ortiz, Nelson Roura, Carmen Soler. También publiqué los Cuentos completos de Josefina Plá y prologué varias obras de Roa Bastos. Todo eso hace parte de estudios críticos de más largo alcance relativos a la literatura de nuestro país, que espero sacar a luz próximamente.

En la década del sesenta publicaste la revista cultural Diálogo. ¿Cómo hiciste para publicarla? ¿Quiénes colaboraban en la revista? ¿Cuánto tiempo duro esa experiencia?

Las décadas del 50 y 60 fueron particularmente baldías en materia de publicaciones. Las revistas intentaron cubrir parte de las necesidades de difusión. Así nacieron publicaciones como Alcor y Diálogo, y un poco después Péndulo y Criterio. Diálogo y sus colecciones poéticas (Cuadernos de la piririta y Cuadernos del colibrí) se propusieron canalizar expresiones literarias de las nuevas generaciones y también rescatar obras de los maestros, como Barrett, Campos Cervera y Josefina Plá. Servían también de nexo con escritores y poetas de otros países, algunos de los cuales colaboraron en nuestras publicaciones, como Carlos Mastronardi, Ernesto Sábato, Saúl Ibargoyen Islas… Diálogo tuvo vida entre 1960 y 1964 y los cuadernos siguieron saliendo durante varios años más. Todo se financiaba a pulmón, sin ningún apoyo institucional o estatal.

También en el sesenta publicaste tres libros de poemas que llegaron a ser leídos por Octavio Paz y otros escritores internacionales. ¿Cómo hacía un poeta paraguayo en esos años, sin exiliarse, para ser leído fuera del país, recibiendo la crítica de escritores reconocidos en el mundo?

Mi primer cuaderno de poemas, Oscuros días, se imprimió en febrero de 1960. Casi al mismo tiempo, importantes revistas de nuestra América, como Estaciones y Cuadernos Americanos, habían acogido varios poemas míos. Le envié mis escritos a Octavio Paz e increíblemente me respondió con palabras alentadoras. El diario El Mundo, de Buenos Aires, publicó también una reseña elogiosa y más tarde sucedió lo mismo con A destiempo en el diario La Nación. Sobre el mismo librito escribieron palabras de elogio dos grandes poetas argentinos, Carlos Mastronardi y Alejandra Pizarnik. Algunos de esos poemas se pueden leer en más de diez antologías hispanoamericanas.

Según nos contaste, en el mes próximo publicarás un nuevo libro de poemas. ¿Son poemas nuevos o son poemas publicados anteriormente vueltos a reunir en una edición? 

Bajo el título de Litterae III, que saldrá en breve, reúno casi la totalidad de mi producción poética, que no es precisamente abundante. No escribo poesía como divertimento o ejercicio retórico, sino por imperiosa necesidad de expresión, en el marco de situaciones históricas particularmente cruentas.

Además de tus labores de editor filológico y poeta, ¿a qué más te dedicas en este tiempo? 

También vengo haciendo crítica de arte desde los tiempos heroicos de la década del 50, acompañando la obra de los artistas contemporáneos. Durante un par de años tuve en el Correo semanal de Última Hora una página de crítica e historia del arte. Por otra parte, no he sido ajeno a una cierta militancia social y política, lo cual me ha costado la hostilidad de sectores conservadores. Otro campo de batalla es la Universidad, donde todavía dominan los herederos del oscurantismo dictatorial.

Y para terminar, Miguel Ángel, desde tu perspectiva de crítico literario, ¿cuál es tu lectura de la literatura actual en el Paraguay?

Creo que hoy se encuentra de todo en la literatura paraguaya: valores y disvalores. No voy a disimular lo que pienso de la cultura propiciada por la clase dominante y las políticas oficiales, donde la banalidad y la cobardía intelectual se han generalizado. Afortunadamente, hay enclaves de gente que se resiste a los manejos sucios de las sociedades literarias y las academias, promotoras de divertimentos mediocres en el orden estético y reaccionarios en sus posiciones políticas y sociales. En esos enclaves hay gente joven que nos da la esperanza de una conjunción radical de sentido creador auténtico y juicio crítico insobornable, a la altura de las necesidades de nuestra circunstancia.

 

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.