ni «damnificadas» ni «aprovechadoras»: bañadenses  

Por Agustín Barúa 

Foto: Rufo Diana.

la inundación en los bañados,

su población,

y esas miradas “sobre” ella:

damnificadas, su nombre tecno-burocráctico,

la mirada moral de aprovechadoras.

 

aquí, algo de sus voces,

voz bañadense.

todas estas mujeres trabajan en los bañados, la mayoría viven y son de ahí,

mujeres hablando, diciendo, contando.

. con hablar pausado: «yo cuando cerré mis ojos no podía más que ver mi casa en agua. ayer entrando hasta la cocina en bote. mucha tristeza, profunda,y de repente también fortaleza: me pasé haciendo chistes, ironizando pero no pude llorar, no se dónde se fueron las lágrimas, se quedaron en el agua…»; cierra: «… y poder soñar con la franja costera, y que alguna vez los bañados de asunción no estén más en el cauce del río, como dice ese personaje de la municipalidad».

. habla y estalla: «yo estuve muy mal. a mi hijo se le acusó de robo. el trabajaba desde las 6:30, estuvo 28 días preso pero le saqué. vino el agua y yo no tenía plata porque gasté todo en abogado, y yo sin material para mudarme, esperé hasta el último minuto porque tenía que guardar para mi hijo.

yo no compraba nada para arreglar mi casa; hoy la muralla está caída, intentaron robar las rejas, pero un vecino tiró dos tiros al aire y se fueron».

. llorosa, cuenta de tensiones en las organizaciones vecinales vinculadas a quienes tienen trabajos estables y quienes no: «cuando empezó a llover se cayó una planta sobre mi techo, y se rompió 2 chapas, y no tenía para comprar, y fui a pedir al pai, goteaba sobre la cama de mi hijo, y el pai se negó, me dijo que yo tenía para comprar. y a otra que también trabaja como yo, le dieron 7 chapas. yo me fui con toda la ilusión…».

. con el rostro seco: «me agarró bien esta inundación, solo en un momento me sentí mal. no sé qué me pasa, no me siento mal. mi casa se inundó por el raudal, mis cosas se mojaron todo. me decían que estaba loca… no sé si estaba preparada o todavía no estoy asimilando».

. madre de gemelos, pelo teñido de rubio, mirada dura: «estoy enojada con la vida. la forma en que están viviendo mis hijos, la casa por mi techo: maldigo ser pobre, si tenía plata podía pagar…».

 . mientras muestra un video en su teléfono, habla de su hija: «yo ayer le llevé en canoa al bañado porqué desde que nos mudamos me preguntaba de porqué nos mudamos. me dijo: vamos nomás otra vez a nuestra casa en sajonia».

. «la lluvia en el mismo campamento… otra vez la gente pidiendo sacamena mi heladera. el raudal en el mismo campamento llevándose todas las cosas».

. una obstetra que viene trabajando allí por años: «la gente en los refugios no tenía baño ninguno. debían cagar sobre papel diario y tirar». otra se preguntará: «lo mínimo: tener un baño donde poder bañarte, donde asearte ¿y por qué no tener algo digno para la gente?».

 . «mi papá con silla de rueda, tenemos que hacerle caminar mucho en el refugio, entonces le enviamos afuera, pero lloraba lloraba lloraba, él es muy hijitis, y tuvimos que traerle de nuevo. estamos en la humedad».

. «mi marido que hace 3 meses que está sin trabajar, sólo yo trabajo. y voy a ser abuela, y tuvimos que tocar esa plata que es para el bebé».

. «dios no tiene nada que ver: tenemos que ver el gobierno que no hace nada… esto se debería haber hecho hace tiempo y nadie le da importancia a los pobres. y nosotros mismos: por cualquier pequeñeces nos enojamos, muchas veces la soberbia…».

. «yo le dije a mi marido que la cama y el ropero se puede recuperar, el lugar es chiquito en el refugio…»; e interrumpe otra: «yo por eso le dejé a mi marido (quedó en la planta alta de la casa), total se puede recuperar (risas)».

. «estamos viviendo en nuestro barrio y a veces porque tenemos nuestro baño más azulejado, entonces ¡ayy luegoo! cuando dios nos llame vamos a dejar toda nuestra cosas así como en el agua ahora».

. de una enfermera que no es del bañado: «me siento identificada: yo en el lugar donde vivía antes, de niña, recuerdo que mi papá aguantaba hasta lo último… alzábamos con ladrillo la cama, los bichos subían por la pared, mi papá hizo un sobrado y ahí nos metió, mirábamos como las sillas flotaban, nosotros jugábamos, la camioneta flotaba y hubo que atarla a la viga de la casa. en eso vinieron a sacarnos: ¡hasta acá (señala por debajo de su nariz) entraban los caballos. y cuando nos mudamos mi papá nos decía vamos a irnos a un lugar donde no hay inundación. yo lloraba: mis vecinos, mis amigos…».

 . «hay tanta gente que no nos saludamos en el barrio, y ahora si hablamos, no sabía que aquel estaba enfermo…».

caminamos hasta el borde del agua. en lo que era una esquina del barrio san cayetano, se ven a dos mujeres con el agua hasta las caderas que se esfuerzan por sacar una plantera de balde de plástico reciclado. su madre, morocha de unos 40 años, dice: «mis hijas quieren sacar mis plantas», a lo que la persona que está a su lado le responde que deje nomás sus plantas, que ella les dará otras.

y uno tarda tanto en darse cuenta que,

lo que están sacando,

no son «plantas».

Comentarios

Publicá tu comentario