Necesitamos estado y nación

Alejandro Hamed será el próximo canciller paraguayo. La reacción contraria desembozada de EE.UU. ante la posibilidad del nombramiento no ha sido por las «irregularidades» en el otorgamiento de las visas. Es una oposición carnal. No lo quiere el gobierno norteamericano porque Hamed, de origen árabe, defiende la causa palestina y es afecto del mundo musulmán. Lo prueban sus libros, lo prueban sus orígenes.

A la ida de Stroessner (1989), EE.UU. reformuló para nuestro país las «nuevas amenazas». De «la amenaza» que antes «constituían» los comunistas, a los que el régimen de stroessner destrozó, pasamos a la «amanaza» de los «terroristas árabes». Simbólicamente, la apuesta de Fernando Lugo en este señor es un cambio importante en la antigua sujeción del país a la visión monopólica de EE.UU. sobre Medio Oriente y el mundo. Podría darse por terminada la Guerra Fría en este país y empezar a discutirse el marcartismo criollo. Ya por demasiado tiempo que en Paraguay, Estado y oligarquía siguieron sin discutir un ápice las recetas del Tio Sam. Ni apéndice de los yanquis ni de los brasileños o los argentinos, necesitamos Estado y nación.

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