Ñane ñe’ê ñamomba’évo

La celebración del Día del Idioma Guaraní sobreviene este año dentro de un panorama de nutridas novedades que afectarán su proceso, y solo podemos desear que sea para bien.

Fuente: lengua-guarani.blogspot.com

Sobreviene asimismo en un momento de profundas preocupaciones relacionadas igualmente con su situación. En el primer aspecto, esta semana se han renovado las autoridades de tres instituciones estatales que tienen responsabilidades claras respecto de las lenguas: el Ministerio de Educación y Cultura, la Secretaría Nacional de Cultura y la que tiene mayor competencia en este terreno, la Secretaría de Políticas Lingüísticas. En los tres casos, las personas nombradas para dirigirlas en el periodo de gobierno que se inicia –Marta Lafuente, Mabel Causarano y Ladislaa Alcaraz-, son reconocidas por su formación y trayectoria que las muestra muy bien dotadas para los cargos que asumen, por lo cual están generando una favorable expectativa dentro de la comunidad cultural.

La situación lingüística que enfrentan estas nuevas autoridades, en especial la nueva ministra de Políticas Lingüísticas, tiene algunos aspectos positivos, pero también algunos costados preocupantes. A partir de la promulgación de la Ley de Lenguas, a fines del 2010, las herramientas para dignificar las lenguas del Paraguay han dado un salto cuantitativo y cualitativo importante, ya que este instrumento legal permitió la creación de la Secretaría de Políticas Lingüísticas en el 2011 y la Academia de la Lengua Guaraní en el 2012. Estas conquistas, encadenadas e íntimamente relacionadas, aportan los medios y mecanismos para buscar la anhelada normalización de la lengua guaraní, postergada hasta hoy en muchos ámbitos, pese a su condición de idioma oficial y mayoritario de la población paraguaya, junto a una defensa más eficaz de la veintena de lenguas habladas en el Paraguay. Estos logros se inscriben en un clima de concienciación y valorización paulatina que se nota no solo en este país, sino en toda la región que guarda antiguas y profundas huellas de la cultura guaraní, e incluso en lejanas latitudes, donde el caso paraguayo despierta un gran interés.

Pero ¿cuál es la situación real de las lenguas del Paraguay, detrás de estas conquistas indudablemente importantes? El Censo realizado a fines del año pasado –discutido por muchos sectores que señalaron graves falencias en su realización- había arrojado algunos datos que cayeron como un balde de agua fría dentro de la comunidad de defensores de las lenguas, ya que indicaba, entre otras cosas, que el índice de hablantes del guaraní había disminuido 10 puntos en el término de 10 años. Cualquiera sea la verdad de lo que ha ocurrido con el Censo realizado, la duda es suficiente para exigir a las autoridades una rendición de cuentas exhaustiva y minuciosa del trabajo realizado y sus resultados, y, en caso de encontrarse que realmente el mismo no cumplió con los requerimientos rigurosos necesarios, repetirlo en el menor plazo posible. Los datos aportados por el Censo constituyen una herramienta imprescindible para saber con exactitud la situación a la que deben responder las políticas y planes a largo y mediano plazo, entre ellos los relacionados con las lenguas.

Un tema que ha estado en primera plana dentro de la problemática lingüística en los últimos tiempos es el que se refiere a la persistencia en excluir el guaraní del programa de estudios del MEC, a partir del 3º. curso de la educación media, contradiciendo el norte marcado por la Ley de Lenguas, que reclama una especial atención al mismo, como “signo de la identidad cultural de la nación, instrumento de cohesión nacional y medio de comunicación de la mayoría de la población paraguaya” según reza el artículo 3º, y con el mandato expreso de utilizar las dos lenguas oficiales “como medio de enseñanza en todos los niveles del sistema educativo…”, según expresa el artículo 29 de la misma normativa.

A este tema, que ha despertado insistentes reclamaciones de instituciones y referentes comprometidos con las lenguas, se ha sumado otra novedad que agrega su señal sobre la política oficial de defensa de las lenguas y las prioridades establecidas por las autoridades en este marco: la reciente aprobación por ambas cámaras del Congreso Nacional, del Proyecto de Ley que implementa el idioma inglés en la malla curricular de la educación pública, desde el pre-escolar hasta el tercer curso de la Media. Este proyecto de ley no tendría objeción alguna de parte de quienes trabajan en el campo lingüístico, si previamente se hubiera cumplido la antigua y profunda deuda que tiene el Estado paraguayo con la lengua guaraní, que apenas ha empezado a pagarse con los instrumentos creados. Las instituciones que tienen responsabilidad con el tema están dando los primeros pasos para saldar esa deuda, y permanece casi intocado el camino para hacer realidad la equidad entre las dos lenguas oficiales, potenciando y honrando a la lengua histórica del Paraguay y de la región.

Desde una postura sensata, abierta hacia la realidad pluricultural, no se puede negar validez a la propuesta de formación de los niños y jóvenes paraguayos con una lengua que les abrirá posibilidades de comunicación y desarrollo de sus vocaciones en cualquier campo; por el contrario, se aplaudiría la introducción de más lenguas extranjeras que enriquezcan su bagaje cultural. Pero no se pueden saltar los pasos que impone el proceso lingüístico del país, y esa realidad pluricultural que debe ser atendida empieza por casa. Los niños y jóvenes paraguayos merecen antes que nada, conocer y cultivar con solvencia la lengua que constituye el apytu’üde su cultura, merecen una educación que dignifique firmemente al guaraní, uno de los idiomas americanos más vigorosos y admirados. Merecen la oportunidad de desarrollar sus talentos, antes que nada en su propia lengua, y -¿por qué no?- de contribuir a la afirmación  de esa lengua con la diversidad de sus talentos.

Estas son algunas aristas destacadas en el panorama que heredan las autoridades que han asumidos sus cargos en estos días. Cada una de ellas tiene algo importante que hacer, dentro de este panorama, aunque la responsabilidad primera, de delinear las políticas adecuadas corresponde a la SPL. La trayectoria de estas mujeres nombradas en los cargos arriba mencionados, probada positivamente en determinados momentos del proceso cultural del país, hace esperar de ellas la decisión y la voluntad de asumir estos desafíos.

Jahechakuaa rire mba’éichaitépa oï ñane ñe’ënguéra, ikatu ñamba’apo poräve ha jaguerovy’a guarani ha opavave ñe’ë ojeporúva Paraguáipe. Nañamaña poräiro ñande raperäre, jajavýta katuete ha ikatu jaiko ñemomorä gua’úpe, ñe’ë rei ha ñembotavýpe.

 

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