Ñacunday: “Nosotros compartimos lo que vamos a comer”

Un grupo de niños, niñas y adolescentes nucleados en la CONNATs llegó hasta el lugar para conocer de cerca esta situación y llevar su solidaridad a las familias campesinas que se encuentran en la zona de conflicto.

“Ellos (los campesinos) son muy conscientes de la lucha que están llevando. Nos dimos cuenta que son nuestros compañeros los que están allí. Se siente un clima de humildad, de solidaridad." Fotografía: Amambaynoticias.

Cuando uno ve y conoce la lucha de Ñacunday parece que tu lucha es tan pequeña frente a lo que ellos están haciendo. Rodrigo Giménez.

Ñacunday se ha vuelto el centro del mayor conflicto social en los últimos años en Paraguay. El hecho destapa una vez más la profunda crisis alrededor de la tenencia de la tierra, y anexa a ella otras problemáticas como la desigualdad, el hambre, la falta de educación, salud, y el deterioro de la cultura y vida campesina, ante el aumento de las riquezas que van a parar a las cuentas bancarias de las grandes trasnacionales o los poderosos latifundistas como el caso del brasileño Tranquilo Favero.

El conflicto suscitado en Ñacunday ha tenido incluso repercusión internacional, cuando el sojero Brasilero declaraba que “a los campesinos se los debía garrotear como mujer de malandro”, indicando que el gobierno debía proceder con toda la fuerza pública a un desalojo,  para liberar las tierras que supuestamente le pertenecen; pero los campesinos afirman que Favero se adueño ilegalmente de miles de hectáreas que pertenecen al Estado paraguayo y como medida de presión han acampado en esas tierras hasta el 26 de febrero, fecha en que fueron “desalojados pacíficamente” y llevados hasta las cercanías de la reserva ecológica de Ñacunday.

Una de las medidas adoptadas por el gobierno fue instalar una escuela itinerante para los niños y las niñas que se encuentran acampando con sus familias en la lucha por la tierra –demás está decir que la medida fue severamente criticada por los medios masivos de comunicación y los sectores retardatarios que ostentan el poder–, pero pocos días después de darse inicio de las clases bajo las carpas, las mismas se tuvieron que suspender por los atropellos y abusos policiales que se realizan de manera constante en la zona.

Los medios de comunicación han hecho un prolijo trabajo para crear una opinión pública desfavorable hacia los campesinos y sus métodos de lucha como la ocupación de tierras. Para conocer de cerca esta situación y llevar su solidaridad a las familias campesinas que se encuentran en la zona de conflicto, un grupo de niños, niñas y adolescentes nucleados en la CONNATs (Coordinación Nacional de Niños/as y Adolescentes Trabajadores) llegaron hasta el lugar.

Rodrigo Giménez, tiene 17 años y es delegado nacional de la CONNATs, junto a la joven Raquel Cubilla, exintegrante de la organización, y Julia Cardozo, educadora que acompaña el proceso organizativo de los NATs (Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores/as) en el Este del país, nos comentan de su experiencia en la visita realizada, una experiencia que muestra cómo los de abajo tejemos lazos de solidaridad y compañerismo al calor de las luchas.

Los NATs provienen de familias humildes, asentamientos urbanos. La mayoría trabaja de manera informal en espacios públicos o calle, en supermercado u hogares de terceros. Esto no fue impedimento para que realizaran una colecta de víveres no perecederos para llevar como aporte a la lucha por la recuperación de las tierras en Ñacunday.

“Se hizo la colecta de los víveres en nuestros barrios y lugares de trabajo. Cada uno puso su granito de arena. Se trajo todo hasta Ciudad del Este. Aquí colaboramos para el combustible y nos fuimos…,” comenta Rodrigo. “Lo que llevamos fue muy poco, en comparación a lo mucho que aprendimos con ellos. Ir a tocar al todopoderoso como lo es Favero no es cosa fácil. Ellos se han posicionado y están luchando. Gracias a eso nos enteramos de varias cosas, como por ejemplo que en la reserva natural se está plantando soja”, agrega Julia.

“Al llegar al lugar, desde lejos ya nos sorprendió porque había una gran cantidad de carpas, con miles de personas. Impresionante. Pero todo está muy bien organizado. Las carpas están en hileras y organizadas por sector. Se reúnen permanentemente y en ollas populares comparten lo que van a comer. También vimos las escuelitas móviles. De tanta gente que había parecía una ciudad sin edificios y sin vehículos. Son muy solidarios entre todos”, agrega Rodrigo Giménez.

En sus relatos también hicieron lugar para las expresiones de uno de los dirigentes con quienes hablaron: “Ésta es una lucha muy grande. No es sólo un pedazo de tierra. Esto va mucho más allá de eso. Aquí es recuperar algo que por derecho nos corresponde, algo que nos robaron y nos siguen robando, nos siguen estafando.”

Ante la versión de que los campesinos son manipulados para estar allí, bajo las carpas, Raquel Cubilla da su punto de vista y dice: “Ellos son muy conscientes de la lucha que están llevando. Nos dimos cuenta que son nuestros compañeros los que están allí. Se siente un clima de humildad, de solidaridad. Ellos comparten lo que van a comer. Es una lucha por la propia vida. Emocionante fue cuando decían: ¿Cómo se va a llamar si es que ganamos esto? Paraguay Pyahu” (Nuevo Paraguay).

En cuanto al actuar de la policía, Julia y Raquel nos cuentan: “Los chicos nos comentaban que estaban bastante asustados porque de repente nomás entran en cantidades. Entra la policía con los caballos, le echan a la gente, le sacan de su carpa, les maltratan, hacen todo un operativo muy fuerte para los chicos. Y en el caso de las escuelas fue eso: un día que estaban dando clase normalmente, ellos entraron con todo con los caballos, los alumnos salieron a correr y se generó un pánico entre ellos que ya no querían volver a la escuela porque tenían temor de que volviese a suceder.”

Mientras desde abajo se sigan valorando los aprendizajes, compartiendo experiencias, apoyando las diferentes luchas por la emancipación, más cerca estamos del “Paraguay Pyahu”.

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