Mujeres reclamaron la legalización del aborto

Fotos: Luis Vera/ CDE

«La penalización del aborto solo causa temor, dolor y muerte a las mujeres paraguayas y compromete la salud, la vida y el futuro de las niñas abusadas y embarazadas que no pueden acceder a un aborto legal», indicaron las mujeres nucleadas en la Campaña 28 de Septiembre en Paraguay que protagonizaron el 28/9 pasado un mitín frente al Panteón de los Héroes en el que elevaron su voz para demandar la legalización del aborto, su realización de forma segura para las mujeres que deciden abortar y la inclusión de este tema en la agenda pública, política y social del país como un asunto de derechos humanos.

Datos del Ministerio de Salud (MSP)  señalan que más de 8000 mujeres egresan de los hospitales por aborto por año. Central y Alto Paraná son departamentos con más casos en 2018 y 2019,. Unas 168 mujeres fallecieron a causa del aborto entre 2010 y 2019. Se trata de muertes evitablesm publicó la Ong CDE que invitó a un diálogo en la red social Twitter. Allí opinó Clara de Iturbe: » «80 mujeres están abortando al día en nuestro país y es un tema al que le tenemos miedo de hablar. #HablemosDeAborto. Traer la experiencia de nuestras amigas, primas, vecinas».

También Clyde Soto: «Los fundamentalistas quieren amedrentarnos, pero #HablemosDeAborto, porque el aborto es parte de la vida cotidiana de las mujeres. No es algo lejano como se quiere plantear. A nuestro alrededor, si no es de manera directa, de manera indirecta está el aborto», 

En un comunicado que dieron a conocer las miembras de la Campaña recordaron que: «Los abortos realizados en la clandestinidad colocan a diario una carga de miedo en las mujeres que deben realizar este procedimiento sin las condiciones adecuadas y bajo la amenaza de la criminalización, impidiendo que puedan tomar decisiones libres e informadas sobre sus propios cuerpos. Cuando deciden abortar, si no tienen medios económicos, sus vidas corren riesgos con abortos inseguros. Si son niñas, al dolor y la violencia del abuso sufrido deben sumar el mandato de parir que les impone una sociedad cruel a la que no le importa su porvenir.

La penalización del aborto impide además el pleno acceso a la salud, pues pone freno a que las mujeres acudan a servicios de atención ante las posibilidades de ser denunciadas. Durante la pandemia, con todo el sistema de salud volcado a la crisis sanitaria, la posibilidad de acceder incluso a anticonceptivos para prevenir embarazos no deseados y abortos estuvo dificultada.

La penalización del aborto busca controlar los cuerpos y las vidas de las mujeres y es decidida por una mayoría de hombres que ocupan los espacios de decisión y no conocen ni conocerán los factores que inciden en la decisión de las mujeres de abortar.

Esta imposición patriarcal tiene como portavoces a personas hipócritas de la sociedad paraguaya. Mientras impiden a las mujeres decidir sobre sus cuerpos y vidas, algunos son capaces hasta de negar su propia responsabilidad, no asumir su paternidad, frenar la posibilidad de educación sexual integral; sin embargo, permanecen indiferentes ante las agresiones sexuales que viven las mujeres día a día.

La hipocresía se expresa con fuerza en sectores religiosos que, mientras condenan el aborto, los anticonceptivos y hasta la educación sexual, cometen formas gravísimas de violencia de género que propician el aborto. Es lo que pasa, por ejemplo, cuando los jerarcas de la Iglesia Católica minimizan el acoso sexual que sufren jóvenes en parroquias y universidades (caso Alexa, caso Belén). Es lo que sucede con la reciente denuncia de violación de niñas Paĩ Tavyterã por parte de pastores evangélicos.

Las restricciones legales al aborto constituyen una forma de violencia hacia las mujeres, adolescentes y niñas, que se agrava cuando se trata de niñas y mujeres campesinas e indígenas, que se encuentran sin mecanismos de prevención, atención y reparación adecuados ante el abuso y el embarazo consecuente. El Estado solo les ofrece obligarlas a parir y luego dejarlas solas.

La legalización del aborto es un derecho de las mujeres, pues nadie más que ellas pueden decidir sobre sus cuerpos y sus vidas. Cercenar su autonomía para tomar esa decisión es un control inaceptable de una sociedad dominada por el machismo, la falsedad y el fundamentalismo.

Las mujeres necesitamos hablar sobre el derecho al aborto. Nos afecta a todas cuando abortamos, ayudamos a abortar o apoyamos a quienes abortan. Si todas hablamos, la sociedad tendrá que escucharnos.

¡Basta de criminalizar a las mujeres! ¡Basta de obligar a parir a las niñas! ¡Aborto Legal Ya! Mi cuerpo, mi vida, mi decisión/Che rete, che rekove, che mba´e», concluyeron señalando.

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