Mi última charla con Chester Swann

En la tarde del domingo 2 de diciembre, mientras pasaba frente a su casa en Luque, tuve la idea de hacerle una visita a Chester Swann. 

La idea era pedirle una contribución para la revista de humor político Apysarapo -un chiste, un dibujo, alguno de sus escritos llenos de ironía y humor- ya que siempre había mostrado predisposición a colaborar con cualquier iniciativa “de los perros”. Ya en 1998 habíamos tenido una excelente experiencia trabajando juntos en la publicación “Humor sin cuartel”, editado por el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) y el Servicio Paz y Justicia (Serpaj). Sería la última vez que vería con vida a ese “lobo estepario” porque apenas 15 días más tarde Chester nos dejaría sorpresivamente, víctima de un ataque al corazón mientras trabajaba en la computadora.

En la tarde del domingo 2 de diciembre, mientras pasaba frente a su casa en Luque, tuve la idea de hacerle una visita a Chester Swann. La idea era pedirle una contribución para la revista de humor político Apysarapo -un chiste, un dibujo, alguno de sus escritos llenos de ironía y humor- ya que siempre había mostrado predisposición a colaborar con cualquier iniciativa “de los perros”. Ya en 1998 habíamos tenido una excelente experiencia trabajando juntos en la publicación “Humor sin cuartel”, editado por el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) y el Servicio Paz y Justicia (Serpaj). Sería la última vez que vería con vida a ese “lobo estepario” porque apenas 15 días más tarde Chester nos dejaría sorpresivamente, víctima de un ataque al corazón mientras trabajaba en la computadora.

 Me recibió en la sala frente a su computadora que era su nueva trinchera. Hablamos de su proceso de recuperación (había sufrido un accidente cerebro vascular algunos meses atrás) que lo tenía más tiempo frente a la computadora, ocupado en discutir y poner en su lugar a unos cuantos “trogloditas” en las redes sociales, como los llamaba. En particular le irritaba un personaje que se pasaba ofendiendo a los “zurditos”, a lo que Chester respondió con uno de sus dardos característicos: “quá clase de animal es este tipo que tiene dos manos derechas y no tiene el lado izquierdo. Es parte de la vida tener un lado izquierdo”. Recuerdo que en ese momento me impresionó la fuerza de sus convicciones, en especial en lo relacionado a la venida de la multinacional Rio Tinto Alcan, un tema que estaba en el centro de preocupaciones en los últimos tiempos. Allí, sin poder moverse con facilidad debido a las secuelas de la afección, se enfrentaba con una energía que envidiaría cualquier adolescente a cuanta persona, animal o cosa que se le cruzaba en los comentarios debajo de alguna noticia de los diarios. Y lo hacía con argumentos, con una prosa corrosiva pero elegante y, por supuesto, son su singular humor.

Le expliqué del proyecto Apysarapo, en el que participan otros dibujantes y que todo se hace a nivel de estricta militancia, por voluntad y sin que nadie cobre nada. Sin más vueltas me preguntó: ¿cuánto hay que poner? Sorprendido, le dije que no queríamos dinero, que buscábamos otro tipo de aportes de su parte. Como si no me hubiera escuchado, me respondió: “yo puedo dar 50 mil. Si es de los perros, todos somos iguales y todos ponemos. Si yo te digo 50 mil es porque puedo, aparte de eso es lo que pueda escribir o hacer”. En ese momento llegó a mi garganta la emoción de encontrarme con una integridad y un compromiso en la construcción entre iguales que no es frecuente encontrar en los tiempos actuales, ni siquiera en los sectores progresistas de este país. Era el gesto ejemplar de esos viejos militantes que sobrevivieron a la dictadura y a la transición sin ceder un milímetro en sus ideales o en sus opciones de vida

 A continuación, me entregó varios escritos para Viento Fuerte y hasta unas novelas en PDF. “Lo de dibujar está más difícil después del derrame (ACV)” -me dijo mientras me mostraba la dificultad que tenía para mover las manos- “puedo escribir cortito y que los perros dibujen si pueden, porque a mí me es difícil”

 Pasé las siguientes horas conversando en su estudio atestado de libros hasta el techo. Ese es el recuerdo de Chester Swann que quedará grabado en mi memoria: un hombre íntegro y generoso; un tipo extraordinario y coherente que en tiempos terribles de nuestro país se negó a arrastrarse y pudo volar.

Fuente: vientofuerte.com

URL: http://www.vientofuerte.com/articulo.php?art=22182#.UP6ogmcT9uY

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