Menos mal que existe la derecha

Opinión. Sobre indefiniciones ideológicas y de principios.

La mención que habría hecho el dirigente democristiano Rolón Pose, de que el Frente Guasu (FG) contrate una consultora privada para escoger al candidato de esa heterogénea coalición, además de exhibir las fuertes zozobras que generan sus indefiniciones, es una prueba palpable de la incapacidad teórica, y pérdida de identidad ideológica de sus 18 componentes orgánicos.

Si bien el exabrupto del titular del SENAVITAT fue rechazado tres días después por el Secretario General del FG, Marcos Cáceres, la idea ha recorrido como grito lastimero las carpas progresistas nacionales y vecinas de la región.

Felizmente no se llegaría a ello, evitando el drama de una confesión colectiva de impotencia y de renunciamiento a los más caros principios de las luchas populares a través de muchas décadas que, en medio de su actual confusión, podría arrastrar a la decadencia a los sectores que apoyan el proceso de cambios que nació hace cuatro años en el país.

Además de ser antidemocrática, desde el momento que negaría la participación directa de la ciudadanía en la elección de candidatos, la sola idea de definirlos por un estudio técnico y no político, es todo lo contrario a una genuina y auténtica representación del pensamiento progresista. Apenas expresa una alarmante pobreza ideológica, incluso hasta en el propio marco competitivo empresarial capitalista.

La carencia de dirigentes políticos con estatura de estadistas no es privativo de Paraguay, sino que es un mal que recorre el planeta y, después de la muerte de Karol Woytila (Pablo VI) y, respetando sus grandes diferencias, sólo es Fidel Castro quien continúa fértil, aportando a la humanidad su prolífica actividad intelectual que no deja indiferentes ni siquiera a sus más duros enemigos.

“Ni con la linterna de Diógenes los encontraríamos”, dijo un día Chabuca Granda, esa belleza artística que rompió viejas estructuras rítmicas y poéticas y con las relaciones de las clases sociales peruanas, cuando dejó de actuar para la oligarquía limeña y se comprometió con las luchas populares, haciendo vibrar al pueblo humilde con sus danzas que bailaba descalza en las calles revoleando pañuelos y reclamando justicia.

En el Paraguay de hoy, producto de tantas décadas de oscurantismo, una de las carencias más notables no es sólo de estadistas, sino que, con pocas excepciones, de cuadros políticos de  buen nivel, porque lo más avanzado que  ha producido la sociedad y los partidos, en el casi cuarto siglo de transición, es la formación de izquierdistas con buena intención, voluntad y emotividad, pero con pobres convicciones.

Sin dudas que fue heroica la resistencia a la tiranía encabezada por el General Alfredo Strossner, pero la falta de capacitación política y de formación de una militancia con definidos objetivos revolucionarios, como lo requiere la impostergable transformación estructural del país, generó gran confusión y un vacío de enemigo que dejó al desnudo la orfandad de la oposición democrática para proseguir sus ataques. No había más a quien atacar, pero tampoco había formación para construir.

Con la caída de Strossner, después del entusiasmo popular del primer momento, se produjo una paradojal caída de la izquierda, tras ser copado el grueso de sus más destacados activistas por la nada inocente fiebre creadora de Organizaciones No Gubernamentales (ONG), casi todas financiadas por capitales extranjeros, algunos con la intención de contribuir al desarrollo del país, pero la mayoría de origen USA, infiltrándose para frenar las motivaciones de justicia social del pueblo.

El nivel doctrinario de esa masa militante no se ha recuperado todavía, alienada en los valores más difundidos por el patrón de poder capitalista dominante, como el exitismo, desarrollismo y consumismo impuestos por el ultraliberalismo que, tras enterrar la política como arma de gobierno, sepultó también la economía productiva sustituida por la especulación financiera predominante.

Desde el punto conceptual estricto, la izquierda no es la única debilitada en estos últimos veinte años, sino todo el abanico democrático y progresista en el plano metodológico que ocultó bastante bien el triunfo electoral de abril del 2008, pero que la posterior gestión de gobierno y la conducta poco ética que se verifica en varias filas, conforman un mapa muy mediocre.

Menos mal que aún existe la derecha que, en su incapacidad programática, en su viejo ejercicio degenerado de la praxis política, y su obnubilación por recuperar el gobierno nacional como botín de guerra, es incapaz de articular la necesaria fuerza colorada para re-ocupar el sillón de López, dando oxígeno a la izquierda para que continúe viviendo.

Paradoja histórica que merecería mejor aprovechamiento de sus beneficiarios puntuales, mientras, absorbidos por la gobernabilidad y el electoralismo,  prosigan dando muestras de impotencia para construir la necesaria unidad de las fuerzas populares, capaz de elaborar un programa realista que profundice el proceso de cambios y diseñe un proyecto país, que sepulte el oprobioso pasado.

 

 

 

 

 

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