Memorias del subsuelo: “Es lo que se dice puto, así te voy a decir yo”

Aquí recuperamos algunos de los recuerdos de Victoriano Silva, un habitante del barrio Tacumbú (Asunción, Paraguay). Supimos sobre don Victoriano gracias a un reportaje realizado por Carlos Darío Torres[1] y quisimos conocer más sobre sus memorias. La entrevista se realizó el 24 de enero de 2015.

Don Victoriano, de 80 años, nacido en Yegros, trabajó por más de 30 años en la cantera Tacumbú del barrio homónimo, picando piedras. La cantera hoy indica la huella de una ausencia: ahí había un cerro que fue destruido progresivamente para extraer piedra basáltica empleada para empedrar las calles de Asunción. Pero ese mismo lugar también es un símbolo de la dictadura stronista (1954-1989). Uno de los lugares emblemáticos de castigo porque entre las décadas de 1950 y 1970 fue un sitio donde los prisioneros del régimen eran sometidos a trabajos forzados y a situaciones de tortura. La cantera era administrada por el Ministerio de Obras Públicas y ahí trabajaban obreros “comunes”, como don Victoriano, y también obreros “especiales”: presos políticos, que producían plusvalía para el stronismo y que, de paso, podían ser controlados, expuestos frente a los ojos atónitos de la ciudadanía, humillados y torturados. Este segundo grupo, en 1959, fue integrado fugazmente, por unos seis meses, por 108 subjetividades que representan uno de los tantos polos victimados por el stronato: personas declaradas como “culpables” de ser homosexuales.

Artículo de un periódico local sobre el caso de los 108. Foto: UH

Artículo de un periódico local sobre el caso de los 108. Foto: UH

¿Cómo se acuña el 108? En setiembre de 1959, Bernardo Aranda, un locutor de la Radio Comuneros fue quemado en el departamento donde residía. Con motivo de ese asesinato el stronato desató una razzia y apresó a 108 presuntos homosexuales para esclarecer el motivo de esa muerte, presentada como un hecho relacionado con la vida sexual de la víctima. A partir de ese momento se acuña el sintagma 108 como marca despectiva para indicar a todo homosexual y el sistema sexo/género irrumpe de manera evidente como parte de los cálculos del poder, del cálculo del gobierno. Ese número, que integra el léxico stronista, sigue teniendo plena vigencia en el Paraguay de hoy.

Don Victoriano, queríamos hablar de los 108, nosotros queríamos saber qué pasó aquí.

Eh. Estaban vestidos todos de blanco, con un pantalón y un saco normal. Todos de blanco. Para verlos bien. Aquí venía de todo, para trabajar. Agarraban y venían, presos políticos. Ellos pasaron mucho mal aquí (hace el gesto de pegar con la mano derecha). Trabajo pesado aquí hacíamos. Los 108 también. A fines de los cincuenta entré a trabajar yo. A ellos los mandaron acá porque era la forma más cerca de castigarlos, no es tan lejos la distancia.

¿Pero por qué los castigaban, qué habían hecho?

Silencio largo. Vamos a decir… es lo que se dice puto (lo dice a media voz), así te voy a decir yo. Los agarraron a toditos. Era una enfermedad, ellos decían, y eran reprimidos por eso. Era la época de Stroessner (pronuncia con preocupación, casi al oído).

¿Mandaron a todos los 108 aquí?

Toditos los agarraron. 108 eran. Mandaron más de 100. Es mucho 100, mucho. Todos eran iguales, como cualquier otro. Venían aquí para trabajar, como los otros trabajadores, como yo. Ellos trabajaban. Yo trabajo y gano. Ellos, no. Yo gano bien. Pagaban cada quince días. A ellos, no. Este empedrado (frente a su casa), todito nosotros hicimos. Toda Asunción. Trabajo más pesado. Ahí no hay sombra, nada no hay (por la cantera). Todos los días trabajaban, los sábados, los domingos, todos los días.

¿Cómo sabían que ellos eran los 108?

Pasaban por aquí, frente a mi casa, subían aquí (hay una pequeña cuesta empedrada) y los llevaban a la cantera. Toditos sabían en el barrio, éramos pocos por aquí, una casa en la esquina, otra al lado, nosotros veíamos, estaban vestidos de blanco, los traían caminando. Como ganado los traían. Había unos sargentos que los conducían: dos estaban adelante, dos atrás y unos en cada costado. Usaban arreador para hacerlos caminar y los oficiales iban armados. Les pegaban y los maltrataban si hablaban. Cómo te voy a decir, si alguno protesta, le pegan, si habla, cualquier cosa, le pegan. Un miércoles santo, lloviznaba, y había un uruguayo que trabajaba, lo mataron, aquí cerca.

¿Los 108 eran alojados aquí en el barrio?

No, en el barrio, no. Al lado de la cárcel había un cuartel grande, Agrupación Especializada se llamaba (ex Guardia de Seguridad), dependía del General Colmán, pero ahora se cambió todo. Ahí estaban. Y de ahí los traían, por castigo. Los castigaban cuando los traían a pie. Ahí estaban los presos políticos también. Y ahí mismo estaban toditos. Los 108 tenían un lugar privado, estaban todos juntos, pero yo no vi adentro, no.

¿Qué hacían en la cantera?

Rompían las piedras, las picaban: maza, piqueta, pala. A las doce en punto sonaba la sirena y explosivo se ponía. ¡Cómo volaban las piedras, saltaban que daba gusto! Las paredes de las casas se rompían. La vibración rompe todo. Luego las piedras se trituraban con máquina. Ese era su castigo para ellos: picar piedras. Desde las siete y a las doce había que comer. Y a las dos estaban otra vez aquí. Hasta tarde. Ellos tenían su hora. No había diferencia con los demás, pero ellos estaban separados, un poquito retirados y no hablamos nunca, estaba prohibido luego por los sargentos. Toditos trabajaban. Hacía mucho calor ahí, sol, caliente (muy enfático) y ellos tenían que agarrar las piedras, con las manos tenían que agarrar (subraya el deber). Ese era su castigo, les quema (alarga las sílabas). Nosotros, no. Quemaban las piedras. Y las manos (muestra la palma de la mano) toditas se les rompían.

¿Cuánto tiempo se quedaron aquí trabajando?

Cinco, seis meses, no mucho. Algunos tenían abogados y salieron, algo así. Se fueron.

¿Qués pasó con ellos después?

Yo no sé, salieron, soltaron todos. Pero antes los agarraron en el centro, en la calle. No todos juntos, de a poco. La policía les persigue.

¿Había alguna persona conocida entre ellos?

No, no, pero algunos tenían plata, otros, no. Algunos tenían dinero, vamos a decir. Algunos no tienen nada también. No recuerdo nombres. Pero hay gente que tiene.

¿Los trataban como a los otros presos o diferente?

Igual, les pegaban, con un arreador, ese que se usa para los caballos.

¿Ustedes podían hablar con ellos en la cantera o por las calles del barrio?

No, estaba prohibido terminantemente (enfatiza la palabra). Pero sentía pena por ellos.

¿Y en el barrio qué se decía de ellos, qué pensaba la gente?

No había comentario. Nada no se decía. La gente tenía miedo. Yo tenía miedo. Nosotros mismos teníamos miedo (indica a sus hijos que están en el jardín). En las casas entraban. Nos revisaban las cosas, todo. No se podía hablar. No había derecho de nada. Ni un vaso de agua podíamos dar (a los 108). Era la dictadura (enfatiza la palabra). Nosotros teníamos miedo de los sargentos que apresaban y pegaban. Pero los 108 no tenían nada que ver. Una vez hay una fuga de presos políticos, vienen a la cantera a esconderse y vienen también los policías, nos allanaron las casas. El administrador entonces era Cebu, antes era un particular, pero cuando los 108 vino el militar, el administrador, coronel Cebu, era un alias.

Muchas gracias, Don Victoriano, por recordar. Qué esté bien.

Eh. Ya saben ahora.

[1] Carlos Darío Torres, “El cerro perdido”,  Última Hora, 05/02/14. http://www.ultimahora.com/el-cerro-perdido-n765017.html

Lo que queda del Cerro Tacumbú en la actualidad . Foto: Calles y paisajes de Asunción.

Lo que queda del Cerro Tacumbú en la actualidad . Foto: Calles y paisajes de Asunción.

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