Megadeth: la máquina perfecta del thrash metal pasó por Asunción

Crónica de otro concierto que hace historia en Paraguay.

Fotos: Roque Martínez.

La espera terminó, por fin había llegado el día en que Megadeth tocaría en el país y cómo nunca antes, el público metalero nacional vivió con gran expectativa y ansiedad la llegada de uno de los 4 grandes del thrash metal, que de la mano de Live Ace Entertainment, se hizo presente en Paraguay, algo impensado hace tan sólo unos meses atrás. Es así que a lo largo de la fila para el ingreso se vieron saludos efusivos entre metaleros de toda la vida que parecía que hace tiempo no se veían como previa del gran show que estaba por venir. Megadeth era una realidad que estaba a punto de suceder y nadie se guardo la alegría que significaba estar viviendo un momento histórico para la música pesada en nuestro país.

Luego de que Kuazar, Patriarca y The Force hayan calmado la ansiedad del público, sólo quedaba esperar por el plato principal de la noche. Un enorme telón con el nombre de la banda más otros dos a los costados con los símbolos radioactivos y la imagen de Vic Rattlehead te daban la bienvenida. Se apagaron las luces del Jockey y la adrenalina empezó a subir más. De a uno iban saliendo: Shawn Drover, Chris Broderick, el histórico Dave Ellefson y el capitán del equipo, el gran Dave Mustaine, para que la audiencia estalle en ovaciones para la banda. Abren fuego con Trust y Wake up dead, las primeras dos para arrancar con los saltos y el pogo. La gente trata de acomodarse ante tanta euforia, cuerpo y mente piden headbanger. A esa altura el campo ya se convirtió en una enorme fiesta metalera. La locura se desata, sonrisas por todas partes.

Luego, Mustaine se retira por un instante, vuelve al frente nuevamente y empiezan con la enorme Hangar 18, este auténtico himno del thrash metal fue la razón para que se sacudan los cuerpos de los más de 12000 espectadores. Mustaine no decae ni siquiera por un breve momento tras el micrófono. Luego comenzaron a sonar los acordes de She Wolf, uno de los megahits de aquél discazo que es Cryptic Writings. Y antes de seguir con los clásicos, Mustaine nos pregunta: “¿Are you feeling good tonight?”, recibiendo un inmenso “sí” de parte de todo el Jockey y nos presenta un tema de su nueva obra, el público le da la bienvenida a Public Enemy Nº1, de Thrirteen, el disco que Megadeth presenta actualmente.

Increíble se hizo poder escuchar en vivo Angry Again y A Tout le Monde que continuaron con la seguidilla de clásicos. Luego vino uno de los grandes momentos del show: con la esquizofrénica Sweating Bullets la calidad sonora quedaba en evidencia, escuchar en vivo a Megadeth en Asunción era casi cómo sentarse a escuchar cualquiera de sus discos. Impecable el sonido del show. Y aquí Mustaine demuestra una vez más todo su talento y destreza musical: riffs, punteos y solos de guitarra a toda velocidad. Los dedos más rápidos y la voz de la banda. Hasta hacía caras y gestos en sintonía con la canción. Todo al mismo tiempo. Cada palabra suya sonó con una nitidez que daba gusto escuchar. Un genio con un estilo propio de cantar y tocar la guitarra, o más bien, una maquinita de thrashear. Dave Mustaine is the man.

Ahí llegan Headcrusher, de Endgame, el anterior disco y la ultra rápida Whose life (is it anyway?), un tema que de un cachetazo te convence de que urgente te hagas de una copia de Thirteen, el último disco. Mustaine se toma un respiro, mientras saluda con una expresión de felicidad en el rostro y nos cuenta que la siguiente canción habla del cielo mexicano, pero que esta noche hablará del cielo de Paraguay, así sonaba Guns, Drugs and Money, también de Thirteen.

Entonces llega otro de los mejores momentos del show: Simphony of Destruction, con todo el público acompañando con el “Megadeth, aguante Megadeth” como coro. Y de a poco se viene el final de la noche, Mustaine aparece con la albirroja puesta y el gran Dave Ellefson (¡qué tremendo bajista!) hace la intro de otro clásico que estaba por venir, suena Peace Sells.. but Whos Buying?, aquella donde Mustaine nos pregunta: “¿Puedes ponerle un precio a la paz?». Y ni bien terminan, la enganchan con Holy Wars, el clásico entre los clásicos. Y así, los dos mil riffs tocados por segundo por Dave Mustaine y su sinfónica se hacen escuchar por última vez. Esto es Thrash Metal, señores. Megadeth nos acababa de regalar un concierto inolvidable y no hizo falta cruzar ninguna frontera para vivirlo. La felicidad por el momento que acababa de suceder era absoluta. Los cuatro miembros de Megadeth no dejan de repartir púas, sonreír y saludar. A un emocionado Dave Mustaine de nuevo se le dibuja en el rostro una enorme sonrisa mientras no para de agradecer al público. Ovaciones de ellos y ovaciones del público para despedir a una gran noche y nos vamos todos escuchando el My Way en versión sucia y rockera. Ver a Mustaine al frente de Megadeth en un escenario en Asunción fue una experiencia que quedará grabada eternamente en las almas y mentes de todos los presentes. Sin dudas.

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