«Me dije ‘ya no vale la pena. Para qué despertar otro día, si va a ser lo mismo’”.          

 

Entrevista Carlos Morales                         Fotografía Alejandra Gómez

 

Por qué. Nos preguntamos frente a una persona que intentó quitarse la vida. Por qué. Nos seguimos preguntando frente a quien consumó el acto del suicidio. Por qué, insistimos, aguardando una respuesta imposible sin conocer los vientos que desatan las tormentas internas. Con calma y desde su propia experiencia, Lorena testimonia en esta entrevista los intentos de acabar con su vida en tres ocasiones.

Lorena está cerca de los 30 años. Podría decirse que es de una familia de clase media, o quizá de media alta. Es la mayor de tres hermanos. Estudia una carrera relacionada con la salud. Desde hace un par de años vive sola. Antes compartió con su familia el hogar en el que se crió toda la vida con sus dos hermanos.

“La verdad es que al contarte me sentía triste pero estable. Al momento en que terminó la charla y quedé sola con mis amigos, entré al baño de ellos a llorar porque me sentí abrumada”, contará Lorena unos días después de la entrevista.

De los tres intentos de suicidio que tuvo, el más fuerte fue el de 2019. “No fue algo planeado. Las circunstancias nomás se juntaron en un lapso que era un poco difícil de sobrellevar”, describe Lorena sobre aquel intento que se dio cerca del último trimestre de ese año.  Eran varias las circunstancias, entre ellas la historia familiar de difícil convivencia, con un padre violento y poco comprensivo –describe-, problemas en la facultad, relaciones fallidas, entre otras.

“Como no hacía nada, nada de mi vida, soy una persona que necesita tener motivaciones, soy una persona muy curiosa, siempre estoy leyendo algo, pensando algo, haciendo cosas. Pero como no tenía nada, ni siquiera facultad, trabajo ni nada, no sé, me dije ‘ya no vale la pena. Para qué despertar otro día, si va a ser lo mismo’”.

La sicóloga Ruth Irala explica que las personas tienen ciertas vulnerabilidades en la vida, pero no se suicidan ni intentan hacerlo. Para otras es distinto. “Hay otras personas que tienen más vulnerabilidades, historias de pérdidas y más sufrimiento que otras. Eso hace que estén preparadas para no estar más en esta vida. Es mejor que estar en esta”.

Irala aclara que no todas las veces un suicidio se produce por causa-efecto. Es decir, no es una circunstancia puntual. » Muchas veces es porque la persona es más vulnerable a cualquier dificultad. La dinámica del suicidio no está en la causa-efecto”, explica la profesional de la salud mental.

Dentro de los intentos de autoeliminación existen dos vertientes, de tentativa y la frustrada, señala el doctor Manuel Fresco, responsable del Centro Nacional de Adicciones. En la tentativa la persona busca más dar un mensaje a su entorno antes que acabar con su vida. En el frustrado –prosigue Fresco- se encuentra de manera accidental a la persona justo antes de terminar con su existencia.

El día de la noche

Lorena ya había salido del hogar familiar y vivía sola a 15 cuadras aproximadamente. Entre septiembre y octubre ya estaba agotada por la situación que venía soportando.  “Fue un cúmulo de situaciones que determinaron que mi vida ya no tenía sentido. Siempre fue miseria, siempre hice todo mal. No hay una forma milagrosa de que me lleve bien con mi papá, de que consiga trabajo. No había forma de regular mis emociones en ese momento.  Estaba muy sola”, contó al dar más detalles de los sentimientos que la golpeaban con fuerza en ese momento de su existencia.

Lorena no le comentó a ninguno de sus amigos y conocidos lo que tenía en mente. Al menos en la entrevista no dijo nada al respecto. Sin embargo, el doctor Manuel Fresco comenta que en nueve de cada diez autoeliminaciones hay señales previas. “Aparecen en forma de amenazas o indirectas. Esas son señales de que la persona no está bien y que tiene algunas fantasías suicidas. Cuando la fantasía suicida le da vueltas por la cabeza -sugiere Fresco- tiene que ir a un especialista».

“No sabía exactamente como matarme. No tenía mucho valor para hacerme un daño físico. En el 2016 traté, pero fue leve”, revela Lorena. Contó que en otras ocasiones se hizo pequeños cortes. Para intentar acabar con su existencia, consumió medicamentos mezclados en un lapso de dos días. En el segundo día, asistió a una fiesta de Halloween, según contó.

En la fiesta, como en toda fiesta, hubo gente, baile, música y cervezas, que también ella tomó. La mezcla de medicamentos y alcohol hizo efecto al rato. Posteriormente se le borró la película, como se dice comúnmente.

“Cualquier recuerdo que yo tenga de eso, ya no existe. Según ellos, la versión de ellos (los que estaban en la fiesta), es que comí hamburguesa, luego entré a la piscina y que supuestamente cuando estaba caminando la escalera de la piscina yo me desvanecí, pero no me acuerdo de eso. Mi cuerpo estaba boca para abajo, flotando. Pero yo no me acuerdo de eso”.

La gente que estaba alrededor suyo tardó un rato en darse cuenta de lo que estaba ocurriendo con Lorena. Al ver que no mostraba señales de vida, varios se tiraron al agua para sacarla. La reanimaron y volvió en sí. Posteriormente decidieron llevarla al Hospital de Clínicas. “Yo no entendía lo que pasaba. No recuerdo el camino al hospital”, dice Lorena.

En Urgencias de Clínicas le dijeron que le harían un lavado gástrico. Sin embargo, finalmente no fue necesario. Eso sí, los doctores le adelantaron que perdería la memoria en ciertos pasajes durante un mes. Eso sí pasó, según cuenta la joven. Las personas que la habían llevado volvieron a la fiesta. Ella se quedó sola en el hospital. Desde ahí buscó que alguna persona fuera junto a ella. En ese momento quería avisar a sus padres lo que había ocurrido.

“Realmente nadie más me estaba haciendo caso. Yo estaba ahí en la camilla, muriéndome de frío, con la ropa toda mojada”. Consiguió que una amiga le llevara ropa. En la casa de esta persona se realizó la entrevista. “Ella me ayudó incluso para ir al baño, porque realmente ni podía equilibrarme”. Con esta amiga se quedó unos días hasta volver a la casa donde vivía sola.

Cuando estuvo en el hospital, a Lorena también la atendió un siquiatra. Irala cuenta que en dicho centro asistencial y en el manicomio, estos profesionales están presentes para abordar estos casos. Sin embargo, en el resto del país no pasa lo mismo. “No hay un sistema de salud que contenga. Si se va al centro de salud, probablemente le van a dar turno. Mientras aguarda la llegada de la fecha, ya puede tomar la decisión de quitarse la vida”, menciona la sicóloga.

Según el “Atlas de la Salud Mental en las Américas -2017”, en Paraguay hay 1 siquiatra por cada 100.000 habitantes, una cantidad muy baja para la alta demanda de sufrimientos y trastornos mentales.

Datos del Ministerio de Salud revelan que en el 2020 hubo un total de 499 suicidios. La región con más víctimas fue Central, con 152. Asunción e Itapúa tienen 48. En casi todos los departamentos la mayoría de los fallecidos por suicidio son hombres. El doctor Manuel Fresco da un detalle en el caso de la distribución por sexo: Los hombres apelan a métodos más directos para cumplir su cometido. Las mujeres son las que más intentan.

Según el documento “La carga de los trastornos mentales en la región de las américas-2018”, elaborado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 35,6% de la carga total de enfermedades (trasmisibles y no trasmisibles) que padece la sociedad paraguaya corresponde a la discapacidad por trastornos mentales, neurológicos y de autoagresión; en Paraguay, el 9,4% de estas enfermedades citadas corresponde a la depresión.

El después

Cuando una persona pasó por ese intento, lo mejor es acercarse a ella y conversar, sugiere el sicoterapeuta y siquiatra Carlos Arestivo. “Debemos hablar con esa persona, no tanto decirle no hay que pensar en eso, no vayas a hacer.  Hay que preguntarle qué le pasa, porqué quiere hacerlo. Cuanto más cuenta, hay más posibilidades de salvarla”.

Fresco califica a la persona que intentó matarse como alguien que está en riesgo. Por tal motivo, debe realizarse un acompañamiento profesional y debe buscar apoyo.

Lorena volvió a intentarlo hace menos de un mes. Otra vez con medicamentos. Otra vez con consecuencia leve. Aún hay cosas que debe resolver para sí misma. La sicóloga Ruth Irala coincide con sus dos colegas en la necesidad de estar cerca.

“Si tiene ideas constantes de eso, debe seguir una terapia sicológica. Tiene que hacer consulta siquiátrica o terapia sicológica y que dé lugar a constante acompañamiento y sostén de ella, el sostén que hace una familia ante una persona que está mal, que está sufriendo”.

Luego del segundo intento, hubo cambios en la vida familiar de Lorena. Particularmente en el relacionamiento con su madre.  “Cambió bastante conmigo. Ella antes era nerviosa, me gritaba. Me trataba despectivamente. Le conté que traté de matarme y me preguntó porqué. Le dije porqué, que el despertar todos los días sin hacer nada nomás es un sufrimiento, le dije. Me dijo ella ‘yo te voy a dar dinero, podés volver al gimnasio, hacer esto, vamos a irnos al sicólogo, al siquiatra…’. Pensé que las cosas podían cambiar.  Todo el tiempo se preocupó por mí”, cuenta.

Desde aquel segundo intento, cambió la manera en que Lorena ve su vida. “Yo creo que en general cambió mucho. Calculo más las cosas. Le analizo más a la gente, trato de analizar mi entorno y a mí misma. Reflexionar sobre qué está pasando en mi interior, tanto física como emocionalmente. Hay veces que puedo y hay veces que no puedo. Ahora mismo no estoy pudiendo porque pasó algo complicado”, dice describiendo que aún hay sentimientos en su interior que no puede manejar.

 

Para ayudas sicológicas de urgencia, llamar al teléfono 09871 342 119 (Ágape Psicoanalítico Paraguayo)

Créditos:

Coordinación periodística: Arístides Ortiz Duarte

Comunicación e impacto en las redes: Paulina Gracia

Corrección de textos: Eduardo Arce

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