Más allá de (la suspensión) de Belo Monte

La Central hidroeléctrica de Belo Monte stá proyectada para ser la tercera más grande del mundo.

Por Silvia Mongelós.

La Central hidroeléctrica de Belo Monte, en el corazón de la Amazonia brasileña sobre el Río Xingú, está proyectada para ser la tercera más grande del mundo en capacidad instalada con 11.233 megavatios, después de “Las tres gargantas”, en China e Itaipú en el Paraná, en la frontera entre Paraguay y Brasil. Se prevé la inundación de 506 km2 para el embalse y otras 238 ha. de bosque para abrir camino.

Río Xingu, sobre el que se proyecta la represa. Foto: Treehugger

Además del desplazamiento de miles de personas –hacia adentro y fuera de la zona-, la invasión de la zona para la construcción y mantenimiento de esta megainfraestructura y de los impactos ambientales que una obra de esta magnitud representa, está en cuestión el modelo de desarrollo que se lleva a cabo en esa región donde habitan tribus indígenas cuyo modo de supervivencia sería apropiado por agentes externos a través de los mecanismos de gestión
y de la modificación misma del territorio fomentando esquemas de explotación intensa.

La construcción de megainfraestructuras como ésta no responde a un proyecto aislado de desarrollo local, sino más bien a una porción del todo que se complementa con las demás centrales hidroeléctricas de la zona, la carretera transamazónica y redes de caminos para la comunicación con el mercado mundial y, por supuesto, hablando de esta región, no se puede omitir que la zona en cuestión es uno de los centros mineros de mayor importancia del país.

Entonces, se proyecta la generación de más de 18000 empleos, pero empleos importados de los institutos tecnológicos, de lo que se está hablando realmente no es de los beneficios para las comunidades locales que serán las que menor acceso tengan las bondades del progreso de la energía eléctrica, su red de infraestructura resultante y las fuentes de empleo creadas; sino más bien, de una competencia intercapitalista –empresas constructoras, generadoras de energía, mineras, etc- por la apropiación de los recursos, en este caso hídricos y energéticos- con el Estado como juez y parte del sistema que responde a las demandas del mercado mundial.

El modus operandi y objetivos, de megaproyectos como este es el mismo. Belo Monte es el Trasvase del Río San Francisco; es la carretera transamazónica, es el Plan Mesoamérica (exPlan Puebla Panamá), es la hidrovía Paraguay-Paraná, es el IIRSA y otros.

La suspensión de este proyecto es una noticia positiva, pero, hay mucho por hacer. Todo depende del modelo de desarrollo que queramos.

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