Martín Almada le recuerda al partido Colorado su “profunda esencia agrarista”

El Premio Novel alternativo, ex miembro del Movimiento Popular Colorado, le dice al Partido Colorado que la “ANR alentó siempre la solución del problema de la tenencia de la tierra como condición indispensable para el bienestar de la familia campesina y para el progreso económico y social de la nación”.

Dice que esta “esencia agrarista y popular doctrinariamente enriquecido por jóvenes idealistas de la época como Blas Garay, Antolín Irala ,Ignacio A. Pane, Roberto L.Petit, Waldino Ramon Lovera, entre otros, fortalecido por el art. 4 de la Declaración de Principios: “El Partido se declara contrario a toda dictadura de individuo o de grupos y considera que la democracia en la cual se asegura una participación creciente en los beneficios de  la riqueza y la cultura, garantiza la evolución hacia una sociedad igualitaria sin privilegios ni clases explotadas”.

Recuerda que en este mismo documento se establece que “la facultad del Estado de intervenir en la actividad económica privada en salvaguarda de los intereses de la colectividad”.

Y también la subordinación de la propiedad privada al interés social. “Jamás hubiera permitido la Alianza Público-Privada (APP) de total entrega de nuestra soberanía», agrega. Tampoco la invasión “pacifica” brasileña/argentina en nuestras fronteras. Petit propuso la necesidad de la reglamentación  sobre la posesión de las tierras en las fronteras con los países vecinos”.

La noche del 4 de mayo era asesinado. "Este iba a ser el presidente del Paraguay", nos dice Almada.

La noche del 4 de mayo era asesinado. «Este iba a ser el presidente del Paraguay», nos dice Almada.

Asegura que estos ideales vivió y murió Roberto L. Petit. “Más que un hombre es un símbolo. Es la figura del joven que tuvo fe en la revolución redentora de su patria. Es símbolo porque quiso colocar las fuerzas públicas al servicio del pueblo”.

El es símbolo porque “murió en su puesto de Jefe de Policía. Su mano jamás se manchó con la sangre inocente de sus conciudadanos, ni su brazo se levantó para lacerar la carne de sus hermanos como hizo Stroessner, Montanaro, Pastor Coronel y otros”.

Recuerda que murió asesinado  justamente  el 4 de mayo de 1954 cuando se “inclinaba para auxiliar a alguien que había sido herido, porque durante su fugaz trayectoria por nuestro escenario político, siempre estuvo pronto para defender la diestra al caído y a los excluidos campesinos que reclaman la tierra  para cultivar riqueza”.

Dice Almada que si Petit hubiera vivido en nuestra época no se hubiera formulado la inquietante  pregunta: “¿Qué pasó en Curuguaty?” No hubiera habido  “Archivo del terror”, Pascua Dolorosa, Jejui,  Campos de Concentración en Emboscada y Peña Hermosa, La Técnica, Operación Cóndor,  “La  Caperucita Roja”, desaparecidos, exilio, ni el agro negocio contaminante…”

 

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