Luis Hernández Navarro: “América Latina está en un proceso de reinvención”

En el marco del encuentro latinoamericano “Democratizar la palabra en la integración de los pueblos”, realizado entre los días 4 y 6 de noviembre en la sede de la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB) de la ciudad de Quito, el periodista Luis Hernández Navarro, del diario La Jornada de México, expuso sobre las dinámicas de integración entre los Estados en el actual contexto geopolítico de la región. La actividad fue organizada por la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI) y la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER).

«El imperio norteamericano es un tigre de papel con los dientes bien afilados», expresó el periodista mexicano Luis Hernández Navarro.

Hernández afirmó en primer lugar que “América Latina está en un proceso de reinvención como sociedad” partiendo de la premisa de que no todo está definido, que el destino final no está escrito y que muestra de ello es la refundación de varios Estados latinoamericanos, que están reconceptualizando su inserción en el mundo. Entre los principales componentes de esta reinvención citó las políticas de redistribución de la renta, la ruptura con el consenso de Washington, la recuperación de la soberanía y los recursos estratégicos, así como el rescate de la memoria histórica. América Latina se está reconstruyendo, agregó, al repensar su rol de proveedor de materias primas para buscar otro tipo de industria con tecnología de punta y el desarrollo de las manufacturas.

Algunas de las principales lecciones que motivaron la revisión de los conceptos del mundo fueron la quiebra del proceso unitario de la Unión Europea (UE), el colapso financiero de EE.UU. y la emergencia de Brasil como potencia regional. Otros tejidos que hacen este entramado de relaciones son los vínculos con China, Rusia y el papel de la minería canadiense con más de 300 conflictos por degradación ambiental, refirió Hernández.

El comunicador sostuvo que aunque EE.UU. ya no es lo que fue en el continente, sigue siendo la principal potencia militar y económica del mundo, con ocho de las diez empresas más grandes del orbe y una poderosa industria cultural que tiene hegemonía semántica e impone sus imágenes del mundo.

Añadió que las principales acciones de intervencionismo norteamericano en la región se llevan a cabo a través de la presencia política en temas como el narcotráfico, el terrorismo y la migración, además de la participación discreta en golpes blandos como los registrados en Honduras y Paraguay. El comunicador también observó que otra influencia ejercida por EE.UU. en la región fue la decidida apuesta por la Alianza del Pacífico a fin de incidir en los procesos de integración de América Latina.

Algo más cerca del Sol

Terminamos los tamales y la colada morada. Luis accede amablemente a salir de la sala hacia el patio de la UASB, desde donde se observan las montañas que rodean la capital ecuatoriana y las casas construidas en sus laderas. Es mediodía y tanteamos varios lugares donde hablar sin que los rayos del sol impidan mirarnos. Después de la fría noche y el amanecer, la niebla que cubre los picos montañosos se ha disipado y con los 2.800 metros de altura uno se siente algo más cerca del Sol que de costumbre.

Luis me regala un ejemplar de su libro «Siembra de concreto, cosecha de ira», un trabajo sobre las luchas ambientales en México. En la dedicatoria me escribe: «Para el colega y nuevo amigo, una historia que, a pesar de las fronteras, es la misma». En el diálogo rememoramos algunos pasajes de su exposición, sobre todo lo referente al papel de las empresas mineras canadienses, en consideración de que Paraguay es objeto de un profundo interés de parte de la Rio Tinto Alcan, que pretende ser beneficiada con ingentes subsidios energéticos para establecer una planta de aluminio. También repasamos algunas de las formas de intervencionismo norteamericano dadas en la región.

–Nos hablabas, Luis, de que en las relaciones entre los países del continente la minería canadiense tiene una fuerte presencia. 

–La principal carta de presentación de Canadá en América Latina son sus empresas mineras. Según datos del 2008, pero esto se ha profundizado muchísimo más, las empresas canadienses controlan aproximadamente el 37% de la producción minera en el continente con 120 empresas y 1.500 proyectos, aunque aún no todos en explotación. Cuando hablamos de este tipo de minería no nos estamos refiriendo a la vieja minería artesanal, sino a proyectos de minería a cielo abierto que provocan grandes daños ambientales y necesitan grandes cantidades de agua. Esta deja de ser usada para consumo humano y para la agricultura, además de que termina siendo muy contaminada.

También mueve grandes cantidades de piedra para poder extraer unos gramos de metal y todo ese desplazamiento deja un tiradero alrededor. Generalmente se trata de acuerdos establecidos entre una empresa transnacional, canadiense en este caso, y comunidades, muchas de ellas de origen indígena, que han estado en esos territorios durante años y que, de acuerdo a su visión del mundo, quieren permanecer allí durante muchos años más.

–¿Cuál es el balance que dejan los acuerdos con estas empresas?

Mina aurífera explotada por la firma canadiense New Gold-Minera San Xavier en el Cerro San Pedro de la ciudad San Luis Potosí, México. Foto: Antonio Turok.

–Este terreno de negociación es abiertamente asimétrico. Esto termina haciendo que las comunidades acepten migajas a cambio de las grandes ganancias que las firmas reciben. Estamos hablando también de que estas empresas están apoyadas por su gobierno en tareas de cabildeo y de modificación de las legislaciones mineras. El estatuto minero en Colombia se cambió por ejemplo para permitir desplazamiento de población afrodescendiente e indígena, para bajar los niveles de protección ambiental y las regalías que deben dejar. Fue una legislación cuya elaboración estuvo financiada por el Consejo Canadiense para el Desarrollo y en la que participó activamente un abogado que había trabajado a su vez para estas grandes firmas mineras. El Estado canadiense cabildea por esos intereses ante los Estados latinoamericanos. Ellos siempre hablan de que sus actividades dejan ganancias. Usualmente la relación entre los ingresos que reciben no tiene ningún tipo de comparación. Estamos ante una nueva forma de colonialismo, más aún pensando que este tipo de concesiones necesitan muchas hectáreas de territorio, que prácticamente pasan a control de estas empresas.

El boom de la minería a cielo abierto en México sigue el mismo patrón que en el resto de América Latina. Han tenido muy poco respeto ante la regulación ambiental, han generado grandes conflictos y una cantidad insignificante de ganancias en el país. Se acaba de aprobar apenas ahora una nueva ley minera que grava a las empresas con el 7.5% de las ganancias cuando el resto de los ciudadanos y las empresas deben pagar 30 o 32% de impuestos. Es un subsidio absoluto.

–Aunque señalabas que la incidencia del imperialismo norteamericano en la región ya no es la de antes, advertías que su presencia política es aún importante a tal punto que sin la connivencia de EE.UU. resultaría imposible concebir los golpes blandos llevados a cabo en Honduras y Paraguay.

–Esa imagen de que el imperialismo estadounidense es un tigre de papel, pues no es cierto. Es un tigre de papel pero con unos colmillos de un tamaño enorme y bien afilados (se echa a reír). Estamos hablando de que siguen siendo la principal potencia militar en el mundo. El principal país productor y vendedor de armas, aunque Rusia se ha convertido en el segundo abastecedor. Tiene un presupuesto militar seis veces superior a los seis países que le siguen. Tiene bases militares en todo el mundo.

Las empresas más importantes del mundo son de capital establecido en EE.UU. y están ubicadas en sectores tecnológicos claves. La enorme industria cultural que tiene no es solo un negocio, sino la exportación de un modelo de vida, una disputa por la hegemonía semántica. También está su enorme  agricultura.

Cuando asumió el presidente Barack Obama se empezó a hablar de que habría otra política hacia América Latina, de que era el fin del intervencionismo tradicional, de la política de las bananeras, etc. Lo que hemos visto es que efectivamente la injerencia estadounidense no es tan grosera como en el pasado, pero eso no significa que no exista. Están los casos de golpes emblemáticos como el de Honduras y Paraguay, que son golpes de Estado aparentemente legitimados por decisiones de los Legislativos, que se hacen con muy poco derramamiento de sangre y sin dictadores militares, pero pasan a ocupar el poder personas muy claramente ligadas a las oligarquías locales y a los intereses estadounidenses. No es posible pensar que esos golpes han prosperado sin el aval del Departamento de Estado norteamericano, que no solamente dejó hacer, digamos, sino que muy probablemente participó directamente en la maniobra. Desde el punto de vista de los intereses regionales estos golpes blandos han frenado la expansión de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), que ha ido creciendo de manera significativa en la región, y en el caso específico de Paraguay su objetivo también fue desmantelar cualquier posibilidad de realizar la reforma agraria o de llevar adelante otras medidas más profundas.

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