Luguismo, lucha de clases y disputa electoral: Lo que se juega este 21 de abril

Desde la caída de la dictadura en 1989, la ANR viene perdiendo, en cada elección general un volumen de votos importantes. Del 75 por ciento en 1989, con la candidatura del entonces Gral. Andrés Rodríguez – que poco tiempo antes había derrocado a su consuegro, el dictador Alfredo Stroessner -, hasta el 30,6 por ciento en 2008 con la candidatura de Blanca Ovelar.

Imagen de archivos de movilización campesina

Este descenso electoral del Partido Colorado significó una reducción, en proporción de votantes, de casi el 50 por ciento.

Esto implicó la pérdida, en términos progresivos, de un sustento electoral importante para la ANR. Este partido, cuyo discurso para una base de afiliados y “simpatizantes” que pasa de un electorado pobre, centrado en el discurso agrarista y populista – herencia de sus líderes de inicios del siglo XX como Blas Garay, Ignacio A. Pane, Ricardo Brugada, con un llamado centrado en reivindicaciones sociales, y Serafina Dávalos en el ámbito de la mujer – a un discurso que no acompaña los cambios que se producen en la sociedad paraguaya desde mediados de los años ’70 – todavía durante la dictadura de Stroessner -. Pareciera que la dirigencia de la ANR estaba más preocupada en rápidos ascensos económicos y políticos, antes que en pensar en términos estratégicos qué estaba pasando en sus filas con este desmembramiento, lento pero progresivo, de sus electores. Pero, ¿qué cambios son estos?

Tierra, Itaipu y la “marcha al Este”

El “giro al Este” fue emprendido por la dictadura a finales de los años ’50. Ello implicó la fundación del entonces Puerto Presidente Stroessner – de la mano del tristemente célebre ministro del Interior y represor político, Edgar L. Ynsfrán -, en febrero de 1957, la gran avanzada hacia las tierras de esa región y su distribución masiva en los años ’60 y ’70. Para este último cometido, a inicios de la década del ’60 se crea el Instituto de Bienestar Rural y, en 1963 la Cámara de Representantes aprueba el Estatuto Agrario, marco legal que posibilitaría, eventualmente, la distribución de grandes extensiones de tierras fiscales en Alto Paraná. Estos elementos constituyen uno de los datos factuales y políticos para la consolidación de la gran “marcha al Este” como quedó conocido este fenómeno en las ciencias sociales paraguayas. El Estatuto Agrario que inicialmente se impulsa de manera a crear y proporcionar a la dictadura stronista de una sólida base de apoyo de pequeños productores, pronto se emplea como una fuente de entrega de tierras a sectores próximos a la dictadura de forma que éstos obtengan grandes beneficios. Así, se da inicio a un amplio proceso de especulación con la tierra que lleva a la concentración en manos de grandes propietarios, primero, para luego pasar a manos de grandes productores de soja, que terminan dominando la región; con un gran impulso y estímulos desde la caída de la dictadura. Posteriormente, este modelo se consolida con la firma del Tratado de Itaipu, y el inicio de la construcción de la hidroeléctrica, cuando la dictadura invierte masivamente, en términos políticos, en esta obra de infraestructura. La crisis que había generado la “política agraria” de la dictadura, momentáneamente se diluye con la inversión masiva en mano de obra que significó la construcción de esta obra. Parte de esa masa en situación de miseria y los empobrecidos del campo, pasan a ser empleados como obreros durante estos años.  La base inicial del Partido Colorado, en los años de la dictadura stronista, asimismo en la denominada transición democrática, se transforma rápidamente. Este sector empobrecido y pobre del campo, momentáneamente obtiene empleo. Sin embargo, este modelo de contención social hace crisis a mediados de los años ’80. Y se expresa de manera más clara ya en los años posteriores al golpe de 1989, cuando la dictadura es derrocada. De nuevo, esta masa pobres y miserables del campo, deambulan por el país buscando la tierra prometida que en esos momentos la ANR ya no les puede proporcionar.

Estas transformaciones, inicialmente en Alto Paraná, Canindeyú  y San Pedro – departamentos que fueron loteados por la dictadura a sus amigos y aliados políticos con  tierras fiscales – termina expulsando de la tierra a una masa cada vez mayor. Estas personas, inicialmente asociada en lealtad a la ANR, poco a poco emprenden un camino de “suave desplazamiento” hacia otras opciones. Este desplazamiento se presenta, dado el proceso que implicó  la expulsión de sus tierras u ocupaciones antiguas, la emergencia de grandes productores sojeros en propiedades que inicialmente fueron transferidas a supuestos beneficiarios de la Reforma Agraria – para luego transferirlas a los productores de soja -, y el giro que el propio Partido Colorado fue dando, de espalda a sus electores tradicionales, termina confirmándose en las últimas elecciones de 2008. En ese momento, éste partido político tradicional, representante de los sectores más miserables y empobrecidos del campo, pierde una parte importante de los mismos y termina siendo derrotado en elecciones democráticas. Se ve forzado a entregar el poder, luego de más de 60 años de dominio hegemónico.

Con el Partido Liberal se presenta una situación semejante, aunque con menos peso en términos de pérdida de electores. Constituido en el campo mayoritariamente por pequeños comerciantes y apropiadores de productos primarios, éstos pierden “autoridad” a medida que el modelo de producción agroexportador de granos avanza.  De esta manera, el PLRA a pesar de ser un partido tradicional que también sufrió duros golpes durante la dictadura, no consigue articular, electoralmente, una alternativa al Partido Colorado a lo largo de los años posdictadura. Su base electoral también, poco a poco, se fue transformando, aunque sus dirigentes no lo percibían.

Realineamiento electoral y cambio

Se da, de esta manera, lo que puede denominarse de realineamiento electoral que, en el caso de Paraguay, se inicia con las primeras elecciones pos dictadura; según los datos de la Justicia Electoral paraguaya el voto colorado baja, como había señalado, de un 75 por ciento en 1989 – con la candidatura de Andrés Rodríguez – hasta el 30,6 por ciento con Blanca Ovelar, en las elecciones generales del año 2008. Al ir perdiendo su base electoral, desprendiéndose parte importante de la misma para otras opciones políticas, el Partido Colorado no entendió el proceso, y continuó apostando a su postura conservadora y políticamente de derecha, a pesar que su propio electorado ya estaba girando hacia compromisos más fuertes y dinámicos con la cuestión social y las políticas de contención de la pobreza. Sin embargo, este desprendimiento no necesariamente significa un “giro a la izquierda”. Es sencillamente un alejamiento de sus tradicionales patrones electorales, que ya no favorecían sus intereses. El Partido Colorado, tradicional partido conservador y de derecha en Paraguay, siempre tuvo esta base “popular” de apoyo en los sectores más empobrecidos del campo; los mismos le “respondía lealtades” a cambio de una promesa de no alterar relaciones y de no  imponer, evitando la violencia en estas esferas. Lo cual cumplió a cabalidad durante un tiempo.

Poco a poco, esta masa de empobrecidos y de miserables del campo, sin tierras, en situación de extrema pobreza, va perdiendo sus esperanzas en sus patrones electorales, quienes ya no resuelven y no contienen la profundización de la miseria; al contrario, como siempre, pero ahora con mayor insistencia y estrechez, se confunden con los grandes propietarios productores de granos, que cada vez más son los responsables de la expulsión de sus tierras. De esta forma, este realineamiento electoral termina favoreciendo al candidato de la entonces Alianza Patriótica para el Cambio (APC), Fernando Lugo, quien termina ganando la contienda electoral de 2008 con casi 41 por ciento de los votos; más de 10 por ciento de ventaja a la entonces candidata por el Partido Colorado.

Están echadas las bases para la emergencia del luguismo en Paraguay. Si bien los electores que se alejaron o rompieron con el Partido Colorado en las elecciones de 2008 no pueden ser considerados todavía como con pase definitivo a otras alternativas políticas, es significativo que en varias regiones de América Latina se estaba desarrollando igual proceso. Los fenómenos políticos de Correa en Ecuador, Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, etc., guardando las distancias y el equilibrio del análisis, pueden ser considerados como experiencias muy próximas al fenómeno Lugo en Paraguay. De esta forma podríamos afirmar que una parte del ya “gelatinoso” del Partido Colorado se desplaza hacia otras alternativas y opciones políticas. El denominado “bloque histórico” constituido por sectores ligado al capital en las ciudades, asociados con los grandes propietarios en el campo, siempre tuvo a las grandes masas de miserables y empobrecidos del campo, como un voto duro. Así, la ANR que articulaba y expresaba esta situación conservadora, fue la que mejor encarnó esta alianza estratégica o bloque histórico a nivel nacional. Solamente que el mismo comenzó a fisurarse desde 1989, hasta su máxima expresión, en 2008. Esa relación entre las masas en el campo, tradicionalmente asociadas al Partido Colorado, inicia suavemente su tránsito hacia otras alternativas y posibilidades votando a Lugo en el 2008. Pero Lugo gana esta partida no solamente con el desprendimiento de estos sectores del partido Colorado, sino también con el fuerte peso y voto de los sectores de clase media, tradicionalmente también, de oposición al Partido Colorado, a su estructura partidaria, asimismo a sus prácticas políticas prebendarías.

Políticas sociales del luguismo: ¿emergencia de nuevos actores?

Con la implementación de las políticas sociales durante el Gobierno Lugo, se establece la posibilidad de construir una verdadera base social y política para que este proyecto pueda desarrollarse y, de esta manera, consolidar la ruptura con los partidos conservadores y tradicionales en Paraguay. Así desde Tekopora o transferencias monetarias a sectores empobrecidos y de extrema pobreza, la atención gratuita a la salud y la entrega de subsidios a la “tercera edad”, estos segmentos que conformaban esa tradicional masa de maniobras del Partido Colorado, y su base de apoyo, comienzan poco a poco a dar el giro hacia apoyos más masivos al Gobierno Lugo. Lo que puede ser entendida como una pequeña transformación sin movilizaciones, caracteriza al Gobierno Lugo durante el periodo en que el mismo tuvo el control del Poder Ejecutivo.

Este proceso no apuntaba a ningún cambio revolucionario. Tampoco significaba tocar en lo más mínimo la estructura agraria arcaica existente en Paraguay. Implicaba, eso sí, que sectores empobrecidos y, en ese momento, sujetos de las políticas sociales del Gobierno Lugo, puedan salir de la miseria en la cual se encontraban históricamente. Pero para ello, se deberían implementar a la par políticas de empleo, pues es imposible sacar de la pobreza a una población determinada, solamente a través de las transferencias monetarias que el gobierno Lugo implementó. Son necesarias una serie de medidas paralelas y significativas. Se necesitaba transformarlos en trabajadores e integrarlos al ciclo productivo. Es así que se entiende que sólo a partir de la victoria de Lugo en el 2008, y con el inicio de los programas sociales al estilo Tekopora, el aumento de la capacidad adquisitiva de sectores pobres. Esto también produjo una extensión del crédito en este segmento de la población. Es interesante notar la expansión de agencias de bancos privados en sitios antes impensables de actividad financiera. El dinero huele y busca el dinero. Es que esta población comienzan el pequeño pero sostenido “giro hacia otros espacios”, que indudablemente provocaba – al mismo tiempo que beneficiaba a los sectores empobrecidos del campo -,  la animadversión de los sectores conservadores y tradicionales hacia el Gobierno Lugo. Esto podría significar que la masa de pobres del campo, en poco tiempo, se consolide como una efectiva fuerza electoral, apoyando obviamente a aquel que en esos momentos simbolizaba ese pasaje y esperanza: Fernando Lugo. Todo esto, sin embargo, se trunca con el golpe parlamentario de junio de 2012. El equilibrio para los sectores conservadores y reaccionarios, se restablece.

Clases sociales y pertenencia

El triunfo de Fernando Lugo en las elecciones de abril de 2008, se da, sin duda alguna, con el apoyo de los sectores empobrecidos del campo. Pero también esta victoria electoral cuenta con una participación importante de sectores de clase media que ya se encontraban cuestionando al Partido Colorado, pero también a las prácticas del Partido Liberal. Sin embargo, este sector es uno de los primeros que comienza a alejarse del Gobierno Lugo. El entonces presidente Fernando Lugo comenzó a perder el apoyo de sectores de clase media, a partir de los escándalos mediáticos relacionados con los “hijos del Presidente”, que estallan a boca de jarro a mediados de 2009 y se extienden por más de un año. La estructura de propiedad de los medios de comunicación, entró de lleno a apoyar y avanzar una campaña contra Lugo, al que habían apoyado poco tiempo atrás, pensando que sería el interlocutor válido para evitar la confrontación social en puertas. Esta situación se presenta pues en momentos los partidos de derecha y conservadores, habían perdido casi completamente toda credibilidad ante la población. A partir de ese momento, la clase media cuya contribución electoral que fue sumamente importante para el triunfo de 2008, fue abandonando a aquel que, masivamente, lo votaron en abril de 2008. El tradicional anti coloradismo de los sectores medios urbanos quedó, momentáneamente sin espacio político en el cual verse representados. A la par que el Gobierno Lugo perdía a sectores importantes de la clase media, crecía en aceptación en los sectores más empobrecidos de la sociedad paraguaya, beneficiados ampliamente por los programas sociales impulsados por el Gobierno.

Los sectores conservadores y más retrógrados de la oligarquía paraguaya entendieron muy bien para donde apuntaba el proyecto del Gobierno Lugo. No escatimaron esfuerzos para evitar esa profundización por un lado y, al mismo tiempo, sacar de escena al causante de este “desajuste estructural” que implicaba la posibilidad que sectores empobrecidos del campo y también de la ciudad, abandonen a sus tradicionales patrones electorales. Esta nueva población emergente, sujetos de las políticas sociales del Gobierno Lugo, pasarían a constituirse en base de apoyo político y social de un Gobierno que estaba, poco a poco, tratando de sacar de la extrema pobreza a una parte importante de los habitantes del país. No es posible desconocer que las políticas sociales de Lugo se implementaron en lugares de mayor pobreza del país, tradicionalmente alineados al voto conservador y de derecha. Si esto se dejaba avanzar y consolidarse, el futuro del “bloque histórico” – alianza de sectores del capital urbano con los grandes propietarios del campo -, evidentemente estaba en serio peligro. Así, se viene el golpe parlamentario, cuyo único y exclusivo objetivo es el de” volver a lo que era antes”, es decir, a la situación de devolver a los partidos de la derecha el control político de manera que éstos retomen el poder, reatando las redes entre esos sectores empobrecidos del campo y sus tradicionales patrones políticos, los partidos conservadores tradicionales existentes en Paraguay. Es la puesta en escena nuevamente del bloque histórico, seriamente comprometido desde abril de 2008.

Lo que está en juego este 21 de abril

La clase media desde mediados de 2009, pasa a la oposición al Gobierno Lugo, no encontrando, sin embargo, en los partidos políticos, posibilidades de ser representada. Si bien se alejaban del Gobierno Lugo, los sectores medios tradicionalmente anti partidos tradicionales, no estaban de acuerdo en la manera que se lo sacó a Lugo del poder. A pesar que una parte importante de la clase media ya no deseaban la continuidad de este proyecto político, no por ello este sector que en varios momentos defendió posturas democráticas frente a prácticas conservadoras de los partidos tradicionales en Paraguay, aceptaba la forma que los sectores conservadores encontraron para sacar a Lugo del Ejecutivo. Con esto, los sectores de grandes propietarios del campo y sus aliados de la ciudad, estarían evitando y eliminando la profundización de un proceso de reformas desde arriba, que el Gobierno Lugo impulsaba. Aunque la clase media no apostó al golpe, como ya estaba alejada del Gobierno, tampoco atinó a defenderlo. Igual situación se presenta con los sectores beneficiados por las políticas sociales del Gobierno Lugo. Como la apuesta fue a un “cambio sin movilizaciones”, obviamente tampoco salieron en su defensa.

Resta saber si los pocos años de desarrollo de los programas sociales del Gobierno Lugo, asentaron las bases definitivas para la consolidación y emergencia de un nuevo actor político, cual es el de los sectores empobrecidos del campo que, al ser sujetos de las políticas sociales, también tienen la condición de ser sujetos de su propia acción y construcción de la realidad.

Por las últimas encuestas publicadas, vemos que Fernando Lugo sí puede constituirse en un referente y actor  político importante, con una base social y política de apoyo, a pesar de que probablemente, por el escaso tiempo en el Gobierno y el golpe de sectores conservadores y de derecha, no consiga una transferencia de los votos a su candidato presidencial. Sin embargo, esto deberá ser corroborado empíricamente, en función a los resultados de las elecciones de 21 de abril. Estos resultados serán fundamentales para corroborar o, en todo caso, verificar las propuestas de desarrollo de un sector social empobrecido del campo, como un sujeto de acción política en función a los programas de Gobierno encarados por Lugo. En esta ecuación, es importante observar, dónde va el voto de la clase media tradicionalmente anti colorado y anti partidos tradicionales. Para el Partido Patria Querida, la realidad nos indica que no va. Para la alianza de la derecha tradicional con la extrema derecha, es muy difícil. Estos votos, ¿retornarían a los partidos tradicionales, o se embarcarían en apoyo a un proyecto política mucho menos comprometidos socialmente, menos reformista que el Gobierno Lugo, y que también alberga en su seno a ex seguidores del Gobierno? Es una pregunta que los datos empíricos, resultado de las elecciones del 21 de abril, nos van a ilustrar.

Finalmente, ¿volverían a los partidos tradicionales, principalmente al Partido Colorado, esa masa de empobrecidos que desde 1989 progresivamente han abandonado a su tradicional representante, expresión del bloque histórico hegemónico? ¿Volverían a votar al Partido Colorado esa masa de empobrecidos del campo sujetos y beneficiarios de los programas sociales del Gobierno Lugo?  Por eso, es siempre importante determinar, el sentido de los votos de las clases sociales en Paraguay. Porque, a pesar de intentar ignorarla, borrarla de la realidad, o declarar a los cuatro viento que éstas no existen, las clases y sus luchas sí existen. Y se expresan de diversas maneras.

Son estas incógnitas, por un lado, asimismo las posibilidades de construir un nuevo bloque histórico – que sustituya al hegemónico actual – es lo que el amanecer del 22 de abril nos puede deparar.-

 

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