Los técnicos de Cartes o de cómo entender que todo acto es político

El Paraguay despierta a la despolitización latinoamericana de los años 90 y vive particularmente la efervescencia del descubrimiento de “lo técnico” para encubrir lo político.

El discurso en los medios es sencillo[1]: “atraso versus modernización”. Cartes conforma una “selección nacional de técnicos” para conducirnos por el “único camino correcto”. Cartes “no puede fallar” con el plantel que tiene, excepto que se interpongan sus mismos correligionarios “tradicionales y atrasados”. Nada nuevo.

La dicotomía se va planteando de a poco; u optamos por el “nuevo rumbo” (modernización) o nos entregamos a los brazos del modelo colorado tradicional. Cartes suma legitimidad por fuera del Partido Colorado y acumula fuerzas para emprender su verdadero acto político como si fueran operaciones meramente técnicas. Cartes se reviste de impersonal eficiencia y de imparcialidad para ejercer la presidencia de manera aséptica.

Sin embargo, si algo hemos aprendido en América Latina es que la palabra “modernización” es polisémica y que todo depende del “Cuco” que se intenta encubrir detrás de la asepsia técnica: lo político.

Por experiencia sabemos que no fue lo mismo en el Cono Sur la “modernización” Cepalina basada en la sustitución de importaciones que aquella supuesta “modernización” de los años 90 que lo vendió todo. Así como no es lo mismo la “modernización” que busca la transformación de la materia prima con inclusión de trabajadores a la producción, que aquella “modernización” que busca incentivar la agroexportación con pírricas cargas tributarias y la generalización del IVA.

No, no es lo mismo, Cartes lo sabe y la Unión de Gremios de la Producción (UGP) también. ¿Cuál será el modelo de “modernización” de Cartes?

Veamos un caso práctico para ilustrar lo que estamos diciendo y comprender cómo los actores intentan influir en la agenda de decisiones (en el ciclo de políticas públicas), que más tarde se expresará como una serie de reglas que incentivarán ciertos comportamientos y/o desalentaran otros.

El “técnico” Regis Mereles fue puesto al frente del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE). Regis Mereles es “Ingeniero Agrónomo, egresado de la Facultad de Ingeniería Agronómica de la Universidad Nacional de Asunción, Paraguay. Posee posgrado en Extensión Agraria en el Centro Studi Agricoli‐Mutigliano‐ Italia; Posgrado con título de Maestría en Medio Ambiente y Políticas Públicas, de la Universidad Nacional de Asunción; Postgrado en Elaboración y Evaluación de Proyectos Sociales organizado por la Fundación VIA ProDesarrollo de la U.N.A; y ha realizado un Curso de Especialización en Manejo de Agroquímicos y Medio Ambiente, organizado por la SEAM, MAG y FCA”[2]

Pero, al mismo tiempo Regis Mereles es miembro de la Unión de Productores de Soja (UPS), de la Unión de Gremios de la Producción (UGP) y miembro por la APS de la Internacional Soybean Growers Alliance (ISGA), etc. [3]

Regis Mereles deberá controlar las políticas de bioseguridad del país que regulan por ejemplo el registro de semillas, agroquímicos, entre otras. ¿Qué camino seguirá Regis Mereles? Él, indudablemente es un técnico, pero a la vez tomará decisiones políticas.  Lo criticable no es que Cartes y/o Regis Mereles tengan una postura política, lo criticable es que disimulen su posición política detrás de un saber técnico; detrás de la “buena administración púbica”.

Por esto ni los funcionarios de menor rango, ni aquellos de alto rango destinados al cumplimiento de las direcciones emanadas de los titulares de la autoridad, ni mucho menos estos últimos, es decir los ministros y/o secretarios de estado actúan de manera inocua. Por el contrario están cargados de elementos valorativos que hacen a un “deber ser” que los hace preferir u camino en contraposición a otro.

Los actos del gobierno de Cartes son decisiones políticas antes que técnicas, negarlo podría desplazar a los actores políticos disidentes a los márgenes de “lo político”. Destacar sólo los rasgos técnicos, sin explicitar el conjunto de valores, ideas e intereses al cual se adscriben los ministros y secretarios de estado esconde todo el entramado que opera en la definición del problema, el diseño, la implementación y evaluación de las políticas públicas, es decir disimula “lo político” excluyendo “al otro” de la comunidad política (del campo político paraguayo) y niega la posibilidad de tener canales legítimos donde plantear el disenso.

 

 

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