Los niveles de explotación de los trabajadores son alarmantes

En el sector privado, 12 a 16 horas de trabajo, incertidumbre, retaceos y un Estado inexistente o cómplice. Lo de los choferes ya es “escandaloso”. Por Julio Benegas Vidallet.

A sus 27 años, Fabiana Sosa se levanta todos los días a las 5.30. Se sacude el rostro en silencio, se toma una ducha tibia, al cierre un golpe de agua fría.  Se ubica su uniforme de rutina: una saquito rojo claro, una camisa con flecos en el pecho, una pollera  rosa fuerte y unos zapatos negros de puntas y tacos finitos. Una sonrisa impostada parece acompañarla siempre. Un café con leche y medialunas, si alcanza el tiempo. Camina unas seis cuadras para tomar el 21. En la oficina atiende llamadas, define riesgos potenciales de los clientes de créditos, da ok o baja el pulgar en un trámite de “ritmo infernal”. De ese ritmo laboral regresa a su casa a las 20.30, 21.00. Pero ella, que ha estudiado Letras, quiere escribir cuentos, poesías, novelas. Además piensa, alguna vez, emprender un centro de investigación literaria.

En qué tiempo, a qué hora, con quiénes.

Su mirada, ya muy cansada durante la entrevista, se pierde en una dimensión desconocida.

“Nosotros, a las 4 ya nos movilizamos”, nos cuenta a su vez Patricia Duarte. Si a las 4.30 ya no tomamos el colectivo, olvídate. Además, tenemos que aguantar venir como ganado en el colectivo». Ella, una mujer morena, gruesa, maciza, trabajadora de tiendas del Mercado de Cuatro, debe llegar a las 7.00 de la mañana.

En el Km. 23, Posta Ybyraro, donde ella sale a esperar el colectivo, el mundo amanece muy temprano. “La gente se moviliza muy temprano, muy temprano, en nuestro país, asume”, por su parte, Cristina Reyes. Ella,  para tomar su turno de 12 horas en un hospital público de Fernando de la Mora, también se levanta a las 4.30.

En el sector público, “por lo menos tenemos estabilidad y beneficios”, asume.

Incluso los “patrones” tienen que sumarse al malón cotidiano de trabajadores que laboran 10 o 12 horas. La economía del país está compuesta, en su volumen real, de flujos cotidianos, de pequeñas y muy medianas empresas, donde “los patrones estamos, somos presentes”. Si no estamos, “no se trabaja, nos roban”, se queja Víctor Ojeda, dueño de un taller mecánico en Lambaré.

A comienzo de año, un estudio del ex ministro de Hacienda Dionisio Borda (coordinador), Cynthia González y Diana García hablaba de un 79 por ciento de ocupación laboral de jóvenes de 15 a 24 años. El escenario laboral es de absoluta precariedad y los bajísimos salarios. El promedio salarial es de G. 1.200.000, menos del 75% del salario mínimo.

A este escenario se suma el hecho de que, según el último censo de hogares, 450.000 niños y adolescentes en el país trabajan.

Ese es cuadro general en el que un 40% de nuestra población se encuentra en la pobreza y la mitad en la extrema pobreza.

«Ese es el cuadro de violencia estructural», nos dice el dirigente sindical Vicente Páez. Y un gobierno que, además, “persigue a los trabajadores, sus organizaciones, encarcela, amedrenta”, agrega el presidente de la Confederación de la Clase Trabajadora, Julio López.

Choferes, mundo aparte

En el sector transporte, las cosas se vuelven aún más densas. “Trabajamos 16 o 18 horas corridas. No tenemos tiempo para compartir con nuestras familias, con nuestros amigos. No tenemos tiempo para nada”, asume Miguel Garcete, 32 años, secretario general del Sindicato de la Línea 49. El y su gente mantuvieron huelgas y crucificciones y otros martirios corporales. “Y no es fetichismo”, asegura el periodista Pepe Vargas, especializado en el área. “Es escandaloso. No solo trabajan más de ocho horas, muchas veces 12 o 16; cuando ingresan al trabajo le hacen firmar pagarés en blanco, a muchos se les hace firmar un salario que realmente no cobran, trabajan por redondas, les despiden antes de fin de año para no pagarles aguinaldo y cosas así”.

Otra es la situación en el sector público, aunque las cosas en ese sector se vuelven muy discrecionales con los contratados. “Por eso se quiere tanto el nombramiento. Porque con el nombramiento se acceden a todos los derechos, beneficios y a la estabilidad”, nos dice Laura M., funcionaria pública.

En el sector prensa, las cosas no están tan alejadas de la realidad general, comenta el secretario general del Sindicato de Periodistas del Paraguay, Santiago Ortiz.

Super explotación en la ciudad, destierro, acoso y agrotóxicos en el campo.

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“Entiendo que el país feudal normatiza la precarización, hace que esto se vea hasta como normal y que el trabajador tenga que agradecer el tener un lugarcito en la máquina explotadora”, entiende el periodista y dirigente sindical Jorge Zárate. Y arriesga: “Creo que hay una complicidad brutal de las clases medias con los señores feudales”.

 

Comentarios

1 Comentario

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    Marcos Aguirre
    24 diciembre, 2015

    LA SITUACIÓN DE LA CLASE TRABAJADORA ES LAMENTABLE, SE DEBE TOMAR EN CUENTA LA MUERTE DE ALBAÑILES EN LAS CONSTRUCCIONES.

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