Los medios de Cartes en el país de las maravillas

El presidente de la República adquirió un conglomerado de medios de comunicación que es su principal sostén político.

Por Paulo López

Desde poco después de asumir, el presidente Horacio Cartes ha concentrado en su persona poderes inconstitucionales para llevar a cabo su programa de gobierno, basado en una política de fuerte endeudamiento, militarización de la seguridad interna, concesión de bienes públicos al sector privado, flexibilización del marco laboral y fiscal para beneficiar a los capitales locales y extranjeros, entre otras medidas dictadas por los organismos financieros internacionales.

Al cumplir tres años de gobierno se observa que su proyecto estrella, la Alianza Público-Privada (APP), no ha atraído las prometidas grandes inversiones y en materia de seguridad existe la percepción de que la situación no ha mejorado, sino muy por el contrario. Con un presupuesto para obras sin precedentes y atribuciones legislativas que colisionan con la Carta Magna, este gobierno tenía a su disposición todas las herramientas para llevar a cabo su revolución.

Pero algo falló. La operación propaganda negra se puso en marcha. Tras insistentes desmentidos, el grupo Cartes terminó anunciando en abril de 2015 la compra del Grupo Nación de Comunicaciones (diarios Crónica y La Nación, radios 970 AM y Montecarlo FM), en agosto el Grupo Multimedia (diarios Popular, Hoy Digital, radio UNO y la radio online Laser Stream) y, en setiembre, la mayor parte del paquete accionario del holding Hei Network, conformado por tres canales musicales (Hei Música, Vint y Tropicalia). De manera más encubierta se hizo de los diarios ADN y Unicanal a través de testaferros y transacciones que no han sido admitidas de manera pública.

El primer reparo interpuesto a estas operaciones es la prohibición constitucional de que los dueños de medios de comunicación aspiren a ocupar la presidencia de la república. Si bien existe una cierta laguna al respecto, pues el artículo 235 de la CN dispone la inhabilidad de los propietarios y copropietarios de medios de comunicación a ser candidatos, pero no menciona de manera expresa que los presidentes en ejercicio no pueden ser dueños de medios. Sin embargo, resulta claro que el espíritu del texto fue evitar que el poder mediático y el poder político descansen en una misma persona.

De todas maneras se intentó burlar esta prohibición presentando como cara visible de las adquisiciones a Sarah Cartes, hermana del presidente, quien ha asegurado que este no tiene incidencia alguna en la agenda de los medios y que las compras obedecen a fines meramente comerciales que no guardan relación con la política. No nos explayaremos aquí sobre la relación inseparable entre comunicación y política en la disputa por las adhesiones ciudadanas y la construcción de sentidos comunes.

Mientras las escuelas se caen a pedazos, Cartes publicita como logros en educación el envío de 650 becarios al exterior. Hasta la visita del papa Francisco es exhibida como logro de su gobierno.

Mientras las escuelas se caen a pedazos, Cartes publicita como logros en educación el envío de 650 becarios al exterior. Hasta la visita del papa Francisco es presentada como logro de su gobierno.

En la cobertura diaria de los medios del Grupo Cartes se verifica –digámoslo a riesgo de formular una verdad de perogrullo– que el verdadero objetivo del presidente es capturar los medios de comunicación para sus fines particulares. En estos se publicitan de manera insistente los supuestos logros del Ejecutivo pintando un país que no existe, se justifican abusos y atropellos en nombre de la seguridad nacional, se desatan furibundos ataques contra la oposición y se buscan culpables externos de los fracasos del gobierno. Además de sus medios privados, los medios públicos también han sido reducidos a instrumentos de la propaganda gubernamental. No se admite el disenso ni la crítica, el asesinato y las agresiones contra periodistas han alcanzado su pico más alto desde 1989 y se ha redoblado la persecución contra las radios comunitarias. El patrón no solo no discute sus decisiones, tampoco quiere escuchar.

Las últimas elecciones municipales fueron como el estreno oficial del poder de fuego mediático del presidente, que de manera abierta violó la veda electoral induciendo el voto con encuestas amañadas para dar ventaja a los candidatos oficialistas, que incluso luego fueron desmentidas con los resultados del proceso electoral con una gran derrota del cartismo. Esto demuestra al mismo tiempo la complejidad del  asunto, pues no le bastaron los aparatos mediáticos y estatal para imponerse en los comicios.

No obstante, el desafío que plantea el acaparamiento de los medios desborda un hecho coyuntural con un presidente que dentro de dos años dejará el Palacio de Gobierno con un nivel de desaprobación tan alto que, incluso si se habilita la reelección, no muestra mayores posibilidades de optar por un segundo mandato. La lección de nuestra historia nos previene, en cambio, de ser cautelosos y no descartar cualquier maniobra de último momento con el fin de tomar atajos.

Pero –subrayemos– el problema rebasa la situación circunstancial de que Cartes ocupe el sillón de los López y pone en entredicho la verdadera vigencia de la libertad de expresión y el derecho de todos los sectores de la sociedad a tener presencia equitativa en el concierto de voces. No es garantía de pluralidad que algunos de los medios empresariales se hayan pasado al bando de la oposición cuando en temas centrales del debate público cierran filas en torno a los mismos principios, a más de haber avalado a este gobierno en sus inicios y encubierto sus crímenes.

De hecho, los principales enemigos de la libertad de expresión en nuestros tiempos ya no son solo los gobiernos y el crimen organizado. (Quizá ni siquiera los principales). Día a día los periodistas deben lidiar con la censura y la autocensura en las coberturas de temas que afectan a sus patrones, que no son empresarios de medios, sino empresarios que también tienen medios. La concentración mediática no solo limita la pluralidad informativa, sino la misma calidad de la información, pues en un mercado cada vez más concentrado en pocas manos las posibilidades laborales se reducen y el temor a perder el puesto de trabajo es la principal mordaza que constriñe la labor periodística.

Si bien a todas luces no es el momento adecuado para otorgar mayores poderes al Estado con vistas a intervenir en el mercado de medios con una regulación que limite su tenencia, lo que se encuentra en juego no es solo la libertad de expresión de los periodistas, sino el derecho de toda la sociedad a estar informada y de tomar decisiones en los ámbitos de la vida pública y privada. Una ley a mediano o largo plazo para frenar la conformación de oligopolios mediáticos es un elemento clave para fortalecer nuestra democracia. Iniciar una discusión amplia y participativa es el legado que le debemos a las generaciones futuras.

Desde sus medios Cartes presiona para seguir contrayendo deudas con el supuesto de mejorar la seguridad.

Desde sus medios Cartes presiona para seguir contrayendo deudas con el supuesto de mejorar la seguridad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En las últimas elecciones municipales los medios de Cartes intervinieron abiertamente para publicitar a los candidatos oficialistas. Las encuestas de boca aparecían con referencias claras a los candidatos y daban ventaja al oficialismo.

En las últimas elecciones municipales los medios de Cartes intervinieron abiertamente para publicitar a los candidatos oficialistas. Las encuestas de boca de urna aparecían con referencias claras a los candidatos y daban ventaja al oficialismo.

 

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