Los invisibles de la cuarentena

Por Jorge Coronel Prosman —

Va ser duro, pero es necesario hacer sacrificios, repiten en la televisión los renombrados expertos en economía. Explican que el Paraguay está mucho mejor que los países de la región, pues nuestra macro economía es estable, no tenemos mucha inflación, que las reservan monetarias están bien, por lo que no debería afectar en gran medida la estabilidad financiera, podemos estar tranquilos, no repiten insistentemente.

Imagen: Ministerio de Salud Pública de Paraguay.

Los que pudieron, rápidamente, asaltaron los supermercados y compraron todo lo que pudieron, y sobre todo LOS QUE PUDIERON. Se pelearon por unos bollos de pan Felipe, se llevaron todos los potes de alcohol y lavandina. Parecía que no les convencía mucho la opinión de los connotados economistas. Después se fueron con sus, pocos o muchos, productos a resguardarse de la Pandemia, encerrarse en sus casas o departamentos.

Pero seguidamente ya se empezó a ver otra realidad. El Gobierno lanzó la consigna de que los ómnibus solo podrían trasladar pasajeros sentados, así sin mayores orientaciones ni planificación, dejando la aplicación de la medida a cargo de los usuarios y chóferes trabajadores. Los gritos, agresiones, peleas no tardaron en aparecer. Es que los trabajadores debían seguir con sus tareas cotidianas, eran los que debían salir a tratar de ganar el dinero del día.

Al suspenderse los partidos de futbol, primero la Libertadores con Olimpia y luego todos, empezaron a notarse que había algunos seres afectados y parecían invisibles. Vendedores de todo tipo, chiperos, de banderas y banderines, comidas, cajeros, controladores, seguridad. En fin, miles de trabajadores invisibles para los dirigentes del país. El cierre del Poder Judicial dejó a un ejército de cuasi miserables que se ganaban el pan día a día en esa transitada Plaza de la Justicia: vendedores de alimentos, ensaladas de frutas, gestores, canillitas, revisteros, lustrabotas, proveedores de terere y remedios refrescantes, taxistas, fotopiadores, vendedores de electrónicos, etc.

Toda esta gente no aparece en los rimbombantes discursos gubernamentales, no existen planes para paliar su falta de ingreso diario, son los que no pudieron, por evidente falta de efectivo, asaltar los supermercados. Eso posiblemente lo pudieron hacer, en gran mayoría, los que se encerrarán en sus departamentos, mientras en sus empresas siguen produciendo, y contagiándose los trabajadores

¿Qué les va quedar a esos trabajadores informales, que ya en situación “normal” , apenas sobreviven? Si no se aplican fuertes medidas paliativas para la sobrevivencia (comida, agua, medicamentos) de este gran sector invisible, aparte de la pandemia del COVID-19, tendremos un aumento exponencial de peligrosos delincuentes obligados y desesperados.

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