Los dueños de los grandes medios con el mismo cuento en toda América Latina

Se oponen a la democratización de la comunicación con la excusa del presunto atropello a la libertad de expresión y prensa.

En toda América Latina los patrones de los grandes medios se oponen a las leyes de democratización de las frecuencias de radio y televisión con el mismo cuento: el presunto atropello a la libertad de expresión y prensa. Pero por qué saltan al unísono con el mismo argumento, se pregunta Aram Aharonian, durante el panel de comunicación en Buenos Aires, en el marco del Congreso latinoamericano de Economía Solidaria y Asociativismo. Sin tomar mucho respiro, se responde: porque son parte fundamental de la acumulación del poder económico.

Según Aharonian, los patrones de los grandes medios entienden que la diputa de la propiedad de las frecuencias es la disputa al modelo de acumulación que utiliza a los conglomerados mediáticos para la imposición de una forma de pensar y concebir el mundo. Y sostiene que los grandes medios son hoy el instrumento perfecto para la dominación. Dice que como antes utilizaron las dictaduras, ahora utilizan los medios. Para Aharonian, una disputa política central por la democracia de nuestros países es avanzar en la propiedad en manos de cooperativas, organizaciones sociales, sindicatos y todo el campo popular de los medios de comunicación. Pero recuerda que la propiedad no lo define todo.

“Para qué queremos radios alternativas si otra vez leemos por las mañanas Clarín (el diario argentino)”, se pregunta el señor, de origen uruguayo, aunque ha vivido mucho tiempo en Buenos Aires y Venezuela. Editor de varios periódicos, ejerció en el 2006 la dirección de Telesur. Por eso dispara que dos grandes desafíos -aparte de la disputa por la propiedad- son el contenido y la formación. “Desde dónde emitimos el mensaje, con qué cabeza, con qué dirección”.

A la cuestión del contenido, el ecuatoriano Osvaldo León, editor de Alai, una antigua página latinoamericana, suma la necesidad de disputar centralmente la agenda pública. Es necesario que las voces del movimiento popular en todas sus formas se instalen con fuerza, remarquen la agenda pública, dice este antiguo activista por la comunicación popular. Y a este desafío suma otro: los gobiernos deben confrontar necesariamente con los grandes grupos mediáticos para abrir la discusión necesaria y vital sobre la comunicación. Esto es así porque “las dinastías de comunicación consideran que las frecuencias de radio y televisión son patrimonio personal, familiar o corporativa”. “Cualquier gobierno que abra la cancha hacia la gente debe saber que el fortalecimiento de los medios alternativos, comunitarios y populares es la posibilidad de avanzar hacia la necesaria democracia participativa”, sostiene este señor.

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