Los casos de violencia escolar solo son atendidos cuando derivan en un desenlace fatal

Expertos venezolanos brindaron conferencia sobre el tema. Dieron a conocer medidas preventivas y estrategias para que niños y niñas puedan combatir el bullying en las escuelas.

Oscar Misla y Fernando Pereira, ayer en la conferencia de prensa. Foto: Jazmín Rodríguez.

Oscar Misle y Fernando Pereira, ayer en la conferencia de prensa. Foto: Jazmín Rodríguez.

Los venezolanos Oscar Misle y Fernando Pereira estuvieron por nuestro país para dictar una conferencia, ellos son comunicadores y educadores además de fundadores de Cecodap, organización que desde 1984 trabaja en la promoción y defensa de los derechos de la niñez y la adolescencia, con un énfasis especial en la construcción de una convivencia sin violencia a través de la participación ciudadana de los niños, niñas y adolescentes, las familias, los centros educativos y la sociedad.

La charla estuvo organizada por Global Infancia y se realizó ayer, frente a un auditorio de 250 personas compuesto en su mayoría por educadores, psicólogos y padres de familia. Los especialistas hicieron un especial hincapié de que los casos de violencia escolar solo son atendidos cuando derivan en un desenlace fatal y que las escuelas no cuentan con un registro o protocolo a la hora de actuar.

Antes de la conferencia hablaron Fernando Pereira y Oscar Misle con Ea’.

¿Qué es la violencia escolar? ¿Es lo que hoy se llama bullying?

La violencia escolar es un fenómeno complejo, multifactorial en el que se utiliza el poder para agredir a otro física, verbal, psicológica, virtual o sexualmente. La violencia escolar se hace presente cuando se resuelven los conflictos con agresiones de diferente índole. El bullying o acoso escolar es una variante de la violencia escolar que se expresa cuando un estudiante utiliza el poder para burlarse o meterse con otro de forma permanente o sistemática con el objetivo de generarle dolor físico o emocional en presencia de unos espectadores que celebran las agresiones. El chico busca a través del acoso lograr reconocimiento, popularidad y control sobre sus víctimas.

¿Cómo podemos prevenirla y cuáles serían las formas de enfrentarla?

La prevención de la violencia escolar se inicia cuando la reconocemos, la identificamos y le ponemos nombre diferenciando sus diversas expresiones. La prevención es clave. Lamentablemente, en la mayoría de los casos se actúa de forma reactiva, cuando ya el mal está hecho. Se cae en el error de considerar que toda violencia escolar es bullying y se desconocen otras formas de violencia que no dejan de tener un fuerte impacto en la convivencia y en la salud emocional como pueden ser, el abuso de poder, las omisiones, injusticias por el uso arbitrario o discrecional de la norma, la impunidad.

Hay gente cree que el bullying es un invento de las organizaciones, dicen que siempre existió y que nunca fue considerado tan grave como hoy ¿qué piensan al respecto?

Ciertamente desde que el mundo es mundo existe la tendencia de discriminar, excluir al que es diferente, solo que desde hace aproximadamente 30 años Dan Olweus le dio el nombre de bullying a raíz del suicidio de tres adolescentes que evidenció los efectos nocivos de esa práctica que se consideraba “juegos de chicos”. Las consecuencias del bullying suelen ser invisibles, por eso el daño psicológico puede arrastrarse por toda la existencia si no se brinda el apoyo profesional requerido. El chico agresor se vale de la vulnerabilidad del otro para hacerle daño. Olweus expresa que no es tanto la condición externa sino la percepción que tiene la víctima de esa condición. Las tecnologías de la información agudizan el problema en nuestros días porque la intimidación se puede hacer virtualmente más allá del espacio físico de la escuela o de horarios de clase o contextos geográficos determinados en los que los victimarios son más difíciles de identificar o de disuadir.

¿Cómo podría actuar un niño o adolescente víctima de bullying?

Dependiendo de la edad se pueden implementar diversas estrategias. Una que suele resultar es la que denominamos “mi diario me da poder”, la cual consiste en que el niño o adolescente lleve un registro diario que le permita observar al agresor para ir desmontando el poder que le da precisamente por ser víctima. Con el acompañamiento de un adulto podrá identificar qué hace el agresor para hacerle daño, delante de quiénes, en qué circunstancias, qué palabras utiliza, en qué es bueno o se destaca y en qué no, cuáles pueden ser sus miedos, esta observación activa permite al niño víctima recuperar su poder y descubrir que el otro no es tan poderoso porque no tiene todos los atributos que su miedo le hace ver. La otra forma de apoyar es que el niño conozca una ruta en la que tenga claridad de a dónde puede acudir, a quién puede solicitar apoyo, cómo se puede garantizar la confidencialidad y que sepa que hacer un reporte no es lo mismo que un chisme y que es su derecho exigir protección cuando es o se siente víctima de otro estudiante.

En nuestro país se han tomado medidas como exigir análisis de orina a los estudiantes para descartar el consumo de drogas ¿Qué piensan de esta medida?

El tema de los diagnósticos para descartar adicciones e inclusive infecciones de transmisión sexual suele ser polémico por el uso que se le puede dar a esos “exámenes diagnósticos” para discriminar, estigmatizar o excluir. En nuestro caso no estamos de acuerdo con este tipo de estrategias para la prevención.

libro heridasOscar Misle:

¿Es cierto que acaba de lanzar un libro? ¿Cuándo? ¿Podrías contarnos un poquito sobre eso?

Si, ciertamente. El 20 de mayo fue la presentación del libro Heridas que muerden, heridas que florecen publicado por la Editorial Planeta Venezuela bajo el sello Temas de Hoy. El libro muestra alternativas para reconocer y transformar las heridas emocionales en un proceso que nos permita madurar y crecer.

¿Las heridas que florecen sería algo así como la resiliencia?

Sí, es mostrar rutas a través de testimonios, vivencias de cómo podemos salir fortalecidos de las adversidades descubriendo cómo en “los apagones” de la vida podemos encontrar personas que pueden despertar la resiliencia en un acto de amor y conexión que trasciende las limitaciones.

En nuestro país vemos todos los días en las noticias casos sobre violencia de género o violencia doméstica ¿Qué podemos hacer con las heridas de los niños y niñas criados en esos ambientes?

Las niñas y niños víctimas de la violencia tienen heridas emocionales que deben ser atendidas para que no muerdan a través del resentimiento, el rencor, la frustración y puedan terminar amando a quienes no los aman por no haber sido amados por quienes deberían haberlos amado. La indolencia, indiferencia, omisión pueden infectar sus heridas y buscarán vengar con otros las heridas que le causaron sus seres queridos.

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