Los banksters y el nuevo orden mundial

Una nueva terminología para una antigua modalidad delictiva.

En la antigüedad tú eras “rico”, si poseías recuas de camellos, manadas de ovejas, tierra de cultivo, siervos y al menos cuatro esposas y otras tantas concubinas. Entonces ―hablamos de la Edad del Bronce―, el trueque de mercancías estaba en uso y el oro apenas servía como adorno de la vanidad y poco más.

Si bien este dorado metal era incorruptible a los elementos, los ácidos y los humores humanos; además de corruptor social, era blando en demasía para ser utilitario… hasta que aparecieron esos trampsosos mercaderes de Biblos: los fenicios, aproximadamente 2.370 AC, que a cambio de artesanías, granos, aceite y carne pagaban con trozos al peso de dicho metal, que a partir de entonces fue usado como objeto de cambio por egipcios, akhadios, sumerios y muchas civilizaciones del Asia, ya pujantes por entonces.

Comenzaba la edad del hierro y los pueblos guerreros aprendieron a utilizar el hierro… para pasar a saco todo el oro ornamental que hallaban a su paso.

La guerra de Troya marcó el fin de la edad del bronce tardío e inició la del hierro, cuyo uso se extendió por todo el mundo conocido, quedando el oro relegado a lo meramente suntuario.

Los Bancos Centrales nacionales siguen en la misma tesitura… pero bajo el control de los banksters internacionales.

Los reyes y nobles, y, por supuesto sus mujeres hicieron del áureo metal un sello de distinción de su casta y la ostentación de su vanidad, en forma de alhajas, piercings y fíbulas, ya que no producía infecciones al llevarlo incorporado en sus anatomías.

También la plata, metal blando pero brillante ocupó el segundo lugar de preferencia entre las castas acomodadas y, al revés del ganado y otras posesiones… se los podía acumular en espacios reducidos, como cofres y arcones.

Así nació la tradición de los “goldsmiths” o hacedores de moneda(acuñadores, diriamos hoy) y se inicia la era del capitalismo premoderno.

Al principio, los que poseían oro, en bruto especialmente, lo entregaban al “goldsmith” para que acuñara con él monedas, las pesara y las guardara hasta que el dueño lo precisara para alguna transacción.  Anualmente, una pequeña porción quedaba en pago de los servicios del goldsmith, responsable de la seguridad del oro ajeno.

Pronto los goldsmiths comenzaron a “prestar” el oro confiado a su cargo a otros, a cambio de un “diezmo”; esto es el diez por ciento de interés.  O sea que si prestabas diez monedas de oro (o de plata), debías al cabo de cierto tiempo ―generalmente un año― devolver 11 monedas.

Así nació la usura en la antigüedad.  Primero de mano de los fenicios y luego de los hebreos, clientes de éstos, egipcios y abisinios.

Solía ocurrir que a veces los dueños del oro en poder del goldsmith, por fallecimiento u otras causas de fuerza mayor no podían reclamar su oro, y quedaba definitivamente en poder del prestamista.

Fue así, ya saliendo de la edad antigua y entrando en la edad media, que muchos goldsmiths se hicieron ricos y dieron en abrir “bancos”.  Es decir, instalaban un banco (asiento) y uma balanza en las plazas de los mercados para ofertar sus préstamos a los mercaderes que iban y venían por los cuatro cantos del mundo conocido, con sus bajeles y tripulación.

Si loa negocios salían bien, devolvían al prestamista (ahora un señor banquero) de acuerdo a lo pactado.

En el siglo X, los templarios inauguraron una nueva modalidad: el “traveller check”.

Era incesante la afluencia de peregrinos a Roma, a Jerusalén o a Compostela; los caminos expuestos a bandoleros y otros paligros.  Por tanto, a lo largo de las rutas los guerreros de Cristo tenían sus enclaves fuertes.

Usted, por ejemplo, podía entregar su oro en el fuerte templario más cercano y le daban un papel donde constaba la cantidad de oro depositada… que los bandidos analfabetos no comprendían ni valoraban.  En cada puesto usted podía retirar parte de lo depositado, e incluso “pagar” posada y tabernas o alquilar caballos… a cuenta, constando eso en el mismo documento.

Este sistema funcionó muy bien y la ganancia de la orden del temple era… ¡el diez por ciento del oro depositado!

En “El mercader de Venecia”, Shakespeare pinta con lujo de detalles lo que era el “banquero judío. los bancos llegaron a ser instituciones claves en la formación de los grandes estados mercantiles europeos… hasta la fatídica aparición del Fondo monetario Internacional.

En “El mercader de Venecia”, Shakespeare pinta con lujo de detalles lo que era el “banquero judío¨: Shilock, que no es mi intención detallar aquí, pero los bancos llegaron a ser instituciones claves en la formación de los grandes estados mercantiles europeos… hasta la fatídica aparición del Fondo monetario Internacional.

También los Bancos Centrales nacionales siguen en la misma tesitura… pero bajo el control de los banksters internacionales.

A partir de Bretton Woods, las soberanías monetarias se convirtieron en una entelequia irreal y las periódicas crisis que ponen a naciones enteras de rodillas, lo atestiguan fehacientemente.

Ahora los bancos ya no son desvalijados por salteadores… sino por sus ejecutivos… pero solventados por los contribuyentes.  Es decir, privatizan lucros y socializan las pérdidas.

¿Sigue usted creyendo en el sistema capitalista?

¿Sí?

Yo tampoco.

Comentarios

Publicá tu comentario