Los 45 meses de lucha de Rubén Villalba

Por Fabricio Arnella

Hoy nomás estuve con Rubén Villalba -de vuelta en Tacumbú- luego de su accidente cerebro-vascular y al salir me puse a pensar en todo lo que ya desafió en estos cuarenta y cinco meses desde que sobreviviera a una bala en la masacre de Curuguaty: refilón de bala en la cabeza, separación de su pequeño hijo y su compañera, ceguera parcial temporal y disminución de la capacidad auditiva, tres huelgas de hambre, tres colapsos por picos de presión, apresamiento en Curuguaty y retorno a Tacumbú luego de obtener prisión domiciliaria, hostigamiento policial y fiscal, estigmatización mediática, una condena ilegal de siete años en una causa extinta cuya apelación duerme en algún cajón de algún mugriento escritorio en Saltos del Guairá. Y ahora un ACV.

Encierro, desatención médica premeditada, la violencia cotidiana en un penal de cuatro mil personas hacinadas, la mayoría con hambre y sin condena. Así y todo se levanta todo los días a trabajar, debatir y ejercitarse y te recibe con una sonrisa y un abrazo. Desde el sábado que volvió a la cárcel no recibió la visita de ningún médico o enfermero del penal, el mismo se toma la presión.

El y otros como Néstor Castro que soportó casi dos años preso con la mandíbula destrozada por una bala, Fani Olmedo y Dolores López meses embarazadas en prisión. Lucía alejada de sus hijos. Todos ellos imposibilitados de trabajar, cultivar, vivir, encerrados en cárcel o albergue. Y los seis campesinos, diez años, si, DIEZ AÑOS, presos sin condena firme.

El sistema carcelario es una máquina de tortura que se ensaña con las pobres, con los pobres. Es una máquina que presta especial atención en quienes desafían al orden establecido y con sus rejas busca quebrar moral, física y psicológicamente a los presos por luchar. Busca quebrar la solidaridad y aislar para derrotar. Hay veces se nos pasan estos «detalles», hoy, el sufrimiento y la vez fortaleza de Rubén me recordó que este sistema esta organizado sobre nuestro sudor y sangre, y que al mismo tiempo en ese sufrimiento, rabia, esta el motor para organizarnos y derrotar a esta dictadura narcomafiosa, banquera y sojera.

Mi admiración y respeto a todas las presas y presos políticos que luchan todos los días y a esos otros presos políticos que ya no están que se fueron tras las rejas.

Continúa el juicio de Curuguaty. Sala dos de juicio orales, piso dos del PJ de Asunción.

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