Lo que vi en Curuguaty

La periodista brasileña Mariana Serafini* expone sus impresiones sobre la visita al lugar de la masacre de Curuguaty, un año después.

Militares armados y policías estuvieron siguiendo el pasado 15 de junio la manifestación que llegó a Marina Kue, por el aniversario de la masacre. Foto: Paulo López

Desde hace poco más de seis meses acompaño las cuestiones políticas de Paraguay, principalmente la Masacre de Curuguaty, que condujo al golpe parlamentario en ese país. Desde el comienzo sentí una profunda indignación sobre lo que ocurrió en Curuguaty, pero ahora que conozco el lugar donde ocurrió, la historia es otra.

En Curuguaty vi sufrimiento, injusticia, víctimas de un sistema cruel, corrupto y asesino. Vi personas que no tendrían ningún motivo para seguir adelante después de haber perdido a los familiares que aman, pero aún así siguen comprometidos con una ideología pura y sincera.

Los campesinos de Curuguaty luchan por la democracia, por la reforma agraria, por el socialismo. Luchan el día a día, entregan sus vidas a un país que no valoriza su trabajo.

Vi personas con una relación emocionante con la tierra. Ellos vinieron de ella, la cultivan en vida y después de la muerte. El homenaje a los muertos de Curuguaty se hizo plantando árboles en los lugares exactos donde cada uno de los guerrero cayó en combate.

La explicación es, “este árbol significa una nueva vida”. Todo viene de la tierra, y por eso ella no puede ser propiedad de una familia bandida como la Riquelme. Marina Kue pertenece al pueblo paraguayo que tiene amor por la tierra y por el cultivo. Que tiene un compromiso ideológico y político con sus compatriotas.

En Curuguaty vi niños y jóvenes sin perspectiva de una vida diferente, sin chances de estudiar en un buen colegio, sin motivos para soñar. Niños cuyas infancias fueron robadas por una política injusta y cruel. Vi ancianos maltratados por el tiempo, por el dolor y por la negligencia.

Y, a pesar de todo eso, el pueblo de Marina Kue continúa su lucha y no va a desistir hasta que los 14 presos políticos sean liberados, que las 11 familias de los muertos sean indemnizadas y que la tierra sea legalizada para que puedan vivir y plantar con dignidad.

La marcha que llegó hasta el lugar de la masacre donde cayeron campesinos y policías. Foto: Mariana Serafini.

La manifestación en Marina Kue fue una de las cosas más emocionantes que ya viví, una mezcla de injusticia y esperanza. Imposible no sentir eso viendo los árboles siendo plantados en el exacto lugar en el cual hombres fueron brutalmente asesinados por una Policía corrupta, fruto de un Estado enfermo.

Vi guerreros y guerreras que no se intimidaron delante de policías enmascarados, portando fusiles listos para comenzar una nueva masacre de considerarlo necesario. Y vi la solidaridad de jóvenes estudiantes, trabajadores y movimientos sociales que entienden el valor de la tierra.

Aclarar lo que pasó en Curuguaty es permitir que el Paraguay dé vuelta esta página manchada de sangre de su historia.

Aclarar Curuguaty es permitir que los niños vuelvan a soñar y que los ancianos estén orgullosos del trabajo de toda una vida.

Aclarar Curuguaty es devolver la esperanza al pueblo.

Me corresponde a mí, a vos que estás leyendo este post, y a las personas que se hayan enterado de esta historia, no callar hasta que la pregunta “Qué Pasó en Curuguaty?” sea respondida. Marina Kue me llenó de esperanza, vi un pueblo comprometido con la integración de Latinoamérica.

* Mariana Serafini es periodista brasileña, comprometida con las causas sociales.  Este post fue publicado en sus blog Chipa y Café, el cuál creó tras el golpe de Estado parlamentario del 2012 realizado en Paraguay, con el fin de publicar informaciones sobre nuestro país.
Traducción del portugués por Mariana Ladaga.

 

 

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