«Lo bello es el ser humano en su contexto social»

Diálogo con Fidel Fernández, el artista autodidacta de cuadros imponentes y esculturas inéditas, que en estas semanas expone sus pinturas en el Cabildo.

Fidel Fernández en plena entrevista durante la apertura de su exposición Paraguay MR. Fotografía: Juan de Dios Valdez.

A fines del pasado año, un amigo pintor y yo fuimos a una exposición de pintura en la Manzana de la Rivera. Mientras mirábamos y comentábamos algún que otro cuadro, una mujer de treinta a treinta cinco años nos habló. Entre los comentarios dijo que era profesora de pintura de un instituto de bellas artes y mencionó a Fidel Fernández, subrayando con gestos y palabras la imponencia —en cuanto al tamaño, el contenido de crítica y sátira social y la calidad de colores fuertes— de la obra ganadora del premio Henri Matisse de 2012. Hablaba de Tacumbú, un trabajo de óleo sobre lienzo de 200 x 275 centímetros. Ella es una de las muchas personas impresionadas en los últimos años con los trabajos artísticos del pintor y escultor sanjuanino de nacimiento y chaqueño de adulto.

Para llegar a esos cuadros imponentes, Fidel Fernández recorrió años de formación autodidacta, con los libros como gran aliado y «punto de partida para adentrarme en el mundo del arte.» En sus inicios, sin embargo, no tenía libros. Debido a esa realidad de escasos recursos, el pintor y escultor pilarense Ramón Vazquez, su tío, le enviaba unos libros sobre proporciones del cuerpo humano y preparación de bastidores. «Yo los devolvía apenas terminaba de leerlos y él me enviaba otra partida.» En medio de esas idas y vueltas de libros, Fidel fue a visitarlo. «Entonces vi que a él le gustaba pintar la belleza y la perfección del cuerpo humano, y entendí que para mí lo bello es el ser humano en su contexto social.» Luego el pintor y filósofo Ariel Mencia, un amigo suyo, le enseñó a mejorar y simplificar sus dibujos. Y como todo proceso de formación debe culminar con la muestra de las obras, Fidel decidió exponer y participar en cuanto concurso de arte se organizara en el Paraguay, ganándolos en varias ocasiones. «Creo que ésta fue la razón de mi acelerado ascenso y posicionamiento en el mundo artístico.»

Fidel Fernández nació el 24 de abril de 1984. Comenzó a pintar en el colegio, pues «el arte siempre fue para mí una forma de expresar la conducta introvertida que tenía; era mi lenguaje, ya que no me gusta hablar.» En esos años adolescentes, pintaba maravillado por el color, empeñado en lograr objetos y figuras tridimensionales. Al concluir los estudios secundarios también acabó esa etapa: «Ya no quise pintar porque me quedé sin motivo, que antes era la técnica.» No pintó durante tres años, dedicándose a leer libros. «Leía buscando una respuesta a mi realidad y, paradójicamente, para huir de ella.» Con los libros encontró lo que buscaba, ayudado en gran medida por los desencantos laborales: «Era un joven que terminó el colegio y creía que en la capital tendría oportunidades». Gracias a la lectura de libros de historia y literatura del Paraguay y sobre la vida de distintos artistas, una afirmación generó todo el proceso artístico ahora reconocido en nuestro país. «Yo voy a hacer lo que me gusta sin importar lo que otros digan», se dijo en ese momento, cambiando el destino por un camino construido por él mismo. «Desde entonces recorro caminos sin saber hasta dónde voy a llegar.» «Como ves, el ser autodidacta no fue una opción sino una imposición: la incapacidad económica de seguir estudiando me llevó a buscar en el arte un proceso empírico.»

La pobreza como factor migrante lo llevó en su infancia a Cerrito, Benjamín Aceval, donde su día normal, en los últimos años, empieza a las primeras horas de la mañana, escuchando radio («Venus hasta las 9 y AM el resto del día»), tomando mate y sentándose a pintar durante un par de horas. A las 10 aprox. prepara tereré; al mediodía almuerza con su familia; y las 14 horas regresa a los pinceles, el óleo y el lienzo, desligándose de ellos de noche, «a veces a las 23 o a las 3 de la madrugada», porque la pintura es su gran pasión. De vez en cuando disfruta de la geografía y la brisa saliendo a pasear en bicicleta, aunque a veces, si viene a la región Oriental, se da de narices con el humo capitalino de los ómnibus. El hábito de la lectura también forma parte de su rutina: «En estos días estoy leyendo 1984 (de George Orwell) y Ensayo sobre la ceguera (de José Saramago)».

Fidel llegó a esta vida de artista dedicado a la pintura durante gran parte del día luego de transitar un camino de muchos escollos. Al culminar el colegio vino a Asunción a trabajar en varios supermercados (repositor de verduras, vendedor de leche cruda). «Dejé de trabajar en esos lugares debido al trato de semiesclavitud que te dan. Volví a Cerrito convencido de que el arte era lo mío y conseguí trabajar en albañilería para solventar los gastos de mis materiales de pintura. Ese trabajo me gustaba mucho porque durante los días de lluvia me dedicaba a pintar. Y estuve en eso hasta que conocí al señor Burkhard Wittkowski, quien se convirtió en mi mecenas.» El encuentro entre el pintor y el mecenas se dio en 2006, cuando Fidel llevó dos cuadros a una exposición sobre la calle Palma (organizada por la Senatur), dejándolos luego en Turista Roga, donde había exposición permanente. «Wittkowsky fue a comprar artesanía ahí y por casualidad se encontró con mi obra. A partir de ese momento se dio la amistad y la posibilidad de pintar en forma más seguida.»

La seguridad de un ingreso económico periódico repercutió en un trabajo artístico en ascenso, exponiendo colectiva e individualmente y ganando menciones y premios año tras año (en el concurso del CCPA y Amigos del Arte en 2006; el Princesa Diana Duquesa de Wurttemberg en 2011; el Henri Matisse en 2010 (mención), 2011 (segundo premio) y 2012 (primer premio); entre otros). En 2010, participó en el concurso juvenil de escultura del CCPA y Amigos del Arte, mereciendo el primer premio con la obra intitulada Terminator, una figura trabajada en takurú (termitero) y rellenada en parte con pilas (baterías), que recuerda a Sabino Augusto Montanaro (ministro del Interior de Stroessner). En 2011, esa y otras esculturas sobre la dictadura stronista fueron parte de la exposición individual Ybypóra, realizada en el Centro Cultural de España Juan de Salazar.

Esa exposición fue muy llamativa y mereció unas entrevistas en algunos medios de comunicación. En E’a, la titularon Un artista que se dedica a exterminar termitas. Fidel cuenta ahora que él en realidad es «un apropiador de la obra de las termitas», esculpiendo los termiteros de acuerdo a la forma que ya tienen o sugieren. Este material inédito en la escultura es conocido por Fidel desde su niñez, cuando él y su hermano lo llevaban a su casa para alimentar a los pollitos con las termitas que lo habitaban, «rompiendo los takurús con un mazo». «De entonces viene mi conocimiento de la textura del takurú, que hace poco redescubrí para usarlo como material de escultura.»

Tacumbú, primeros trazos de los personajes que pueblan el mundo de la cárcel paraguaya de acuerdo a la visión de Fidel Fernández.

Estilo

—En tus pinturas, las cosas y los lugares son casi hiperrealistas; en cambio, los personajes son caricaturescos. ¿Cómo llegaste a este híbrido pictórico? ¿Una caricatura puede contar mejor una historia? Lo pregunto porque en tus cuadros se leen historias.

—Así es: los objetos son complementos para dar cuerpo a la composición, para ambientar en un espacio y tiempo determinados. Yo diría que son como elementos de utilería; por eso le doy ese toque de hiperrealismo. Trato que cada personaje sea singular, que cada uno tenga su espacio. Esto logra que en el cuadro se pueda apreciar o leer varias historias, que cada personaje tenga un significado literal y figurado al mismo tiempo.

—En la pintura, en las expresiones artísticas en general, hay nuevas manifestaciones de acuerdo a las necesidades de comunicación y a la capacidad de los artistas. En algunos casos, los mismos parten del conocimiento para crear o recrear algo; en otros, crean a partir de las limitaciones o el desconocimiento. ¿Cómo se da en tu caso, teniendo en cuenta tu formación de autodidacta?

—Muy bueno e interesante lo que decís. La condición de autodidacta me dio la oportunidad de conseguir un estilo propio, pero al mismo tiempo tengo influencias de muchos artistas. Siempre sostengo que el ser autodidacta te da una sensación ambigua, como algo de doble filo: por un lado, el desconocimiento te lleva a crear con métodos pocos ortodoxos (muchas veces la sencillez y el sentido común te llevan a realizar obras de gran complejidad); y por otro lado, hay personas que quieren refutar tus afirmaciones por el solo hecho de tener esta formación, como algo peyorativo.

—En una ocasión, Juan de Dios Valdez y yo nos pusimos a hablar de tus cuadros, y él compartió conmigo lo que le habías dicho una vez: tu estilo, el de llenar de personajes el lienzo, se forma en parte porque te cuesta retratar a una sola persona, un solo personaje, en el cuadro. ¿Esto es correcto?

—Es cierto lo que Juan de Dios te dijo. Con él mantengo una muy buena relación. Lo considero un gran amigo y le tengo una profunda admiración. Sí, tengo muchas limitaciones. Y en general, si uno conoce sus limitaciones trata de disimularlas. Soy muy crítico conmigo mismo. Creo que mis personajes caricaturescos no tienen la misma fuerza si no está en un contexto grupal. Otra característica es que mis obras no tienen profundidad: todo está dispuesto en primer plano; voy llenando el cuadro sin mucha perspectiva.

—Una de las frases que sueles decir para fundamentar tu obra es «Pinta tu aldea y serás universal». Tolstói lo dijo en su momento como una metáfora (él pintaba escribiendo). En tu caso, lo tomaste literalmente, reflejando la injusticia que es omnipresente en el mundo, es decir, universal. ¿Lo ves de esta manera?

—Yo también lo tomo como una metáfora. Considero que quien es capaz de representar las particularidades de su entorno y de transmitirlo con fuerza, produce un eco capaz de traspasar fronteras. Tarde o temprano la singularidad se identifica con el todo y lo universal reconoce a su parte.

Política, cultura, artistas

—Roa Bastos dijo a mediados de 1998 que la política nunca hizo nada por la cultura en el Paraguay. Y sin embargo lo que queda de las sociedades, de las personas, es la cultura. ¿Cuál es tu postura ante lo dicho por el único Cervantes paraguayo?

—Creo que la política siempre consideró la cultura como una fuente generadora de revolución y oposición (a no ser que le sirviese de elemento propagandístico afín a sus intereses). La cultura no está exenta ni inmune de la influencia política. Para mí, el arte en Paraguay es como la picadura de la hormiga colorada en medio del silencio de la noche: cuando empiezas a rascarte, en un vaivén casi agonizante, lentamente el placer se convierte en dolor, pero aún así continúas rascándote, pues a medida que se prolonga se vuelve adictivo. En mi caso, estoy comprometido con lo que hago y continuaré haciéndolo.

—Dijiste que estás leyendo a Saramago. En una ocasión, cuando le preguntaron cuál es la tarea del escritor, él afirmó: «Escribir, obvio, pero también intervenir en el mundo como ciudadano que es». Y en otro momento dijo que es inmoral huir de la obligación de cambiar el mundo. En tu caso, como parte de tu comunidad intervienes en ella con proyectos como Independizarte.

—Sí, Independizarte surgió como parte de los festejos del bicentenario. Fue organizado por Robin Luna (escultor) y por mí. La idea era que el arte saliera a la calle y los artistas hicieran su taller al aire libre. En total, 12 artistas (de Benjamín Aceval, Villa Hayes y Asunción) nos reunimos un sábado durante todo el día a trabajar. Hubo buena respuesta de las personas de la comunidad. Y yo quería que el Departamento de Cultura de la Municipalidad de Benjamín Aceval tomara la idea y organizara la actividad periódicamente, una o dos veces al mes. Lamentablemente no pasó nada.

—El pasado año, en el poco tiempo que conversamos, más que tu espesa barba de Bernardino Caballero, me llamó la atención que eres un lector y observador de la realidad paraguaya, demostrándolos en tus obras. ¿Cómo ves el trabajo de los demás artistas plásticos paraguayos? ¿Percibes que hay lectura y observación, análisis y comprensión de la realidad?

—La mayoría de los artistas plásticos está siempre creando, realizando exposiciones y actos solidarios. Además de eso tienen un gran mérito: son los principales divulgadores y promotores de los artistas jóvenes; ellos suplen la ineficiencia estatal (cito a dos asociaciones que organizan concursos y premios en forma periódica: Amigos del Arte y Gente de Arte). Si hay algo que criticar (incluyéndome) es la centralización de las actividades artísticas en los centros culturales y las galerías de Asunción. La mayoría de los artistas plásticos refleja en sus obras la percepción y comprensión de esa realidad. Difieren a lo mejor en el enfoque, pues los artistas tenemos una realidad general y otra particular e íntima, esa historia personal de cada uno. Creo que hay una especie de movimiento en Paraguay a nivel del arte en general, un renacimiento cultural y social del país.

Tacumbú (óleo sobre lienzo de 200 x 275 centímetros), cuadro ganador del premio Henri Matisse de 2012.

Paraguay MR

La cuarta exposición individual (la tercera de pinturas), denominada Paraguay MR (marca registrada), se realiza actualmente en el Centro Cultural de la República Cabildo, a pesar de que la apertura del pasado lunes 18 de noviembre casi no se llevó a cabo. Las puertas debían abrirse a las 19 horas. Sin embargo, un problema con las luces —que ni siquiera unos técnicos de la Ande pudieron solucionar— impidió que la exposición iniciara a la hora acordada y obligó a la gente a aguardar frente al centro cultural, en ciertos momentos con ánimo de protesta debido a la extraña situación.

Dos horas más tarde, unos empleados del Cabildo llevaron dos reflectores al lugar, logrando abrir las puertas al público, pero como las luces aún eran insuficientes cada espectador debía iluminar los cuadros con su celular, impresionándose incluso en esas circunstancias con obras como Muestra médica;  Zoon politikon;  Escuela mangoguy;  Piriri-Pororó; Tacumbú;  CDE;  Divina comedia;  Realtity;  Pasarela de la Amistad; Mano de obra; y Dedo índice (dedicada en 2012 a todos los diputados, en especial a Enrique Mineur (PLRA) y Nardi Gómez (ANR), entonces representantes de Presidente Hayes en el Congreso).

La exposición —si no sucede otra cosa llamativa que impida disfrutar de las pinturas de Fidel Fernández— estará abierta al público hasta el viernes 6 de diciembre de 2013.

 

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