Y «Blascho» no atendió el teléfono a Lugo…

«Blascho», como lo llamaba el ex presidente, cambio de estrategia al darse cuenta que era el pato de la boda gubernamental, convirtiéndose en uno de los principales articuladores para la destitución de Lugo. 

Otros tiempos: Lugo y Llano saludan a un auditorio de liberales que aclama a ambos.

En abril pasado fue la última vez que habló con el presidente de la República. Ni siquiera fue personal, fue una comunicación telefónica gracias a una llamada suya, como siempre ocurría. El tema era el mismo que venía preocupando hace unos meses al presidente del PLRA:  cuatro ministerios y algunos entes pequeños y con escasos presupuestos no eran suficientes para que él, como presidente de su partido, se responsabilizara por los actos de gobierno del ex obispo; para colmo, los principales entes de recaudación estaban en manos de colorados (Itaipú, Yacyreta, Puertos y Aduanas). Asi que, una vez más, volvió a reclamar más espacios en el Poder Ejecutivo…ahhh, y otro tema que Lugo venía prometiendole hacia meses: ¿cuando el Frente Guazu decidirá cederle, finalmente, a él la candidatura presidencial para el 2013? Desde el otro tubo del celular, Lugo, como siempre, escuchaba sin siquiera emitir una expresión monosílava, tanto que el silencio del otro lado hacia pensar a «Blascho» que el ex cura habia cortado. Pero la respuesta al final de los reclamos de Llano fue también el de siempre: «Estamos en eso Blascho, vamos trabajando eso..» y luego cortaba…

Hasta abril pasado sus llamadas eran atendidas por Lugo. Luego comenzaron a morír en: «El celular al que usted llama está apagado…». Asi que decidió no llamarlo más. Aquel trato paternal que el presidente le daba, terminó incluso antes. Por aquellos días de mayo pasado, Llano había recibido otro duro golpe del presidente: con el veto que emitió contra la ampliación presupuestaria al TSJE (dentro del cual venian los recursos para que el PLRA y los demás partidos tradicionales financien a sus operadores políticos de cara al 2013) su horizonte económico terminaba siendo desolador. En esos días ya había decidió cambiar de estrategia y romper su alianza de casi 4 años con el gobierno. Su apuesta no le dio ganacias, tenía que aceptarlo. Y de su cabeza bullían ideas para continuar con otras formas sus ambiciones de poder.

Ya en aquel tiempo se comunicaba a través de intermediarios con Horacio Cartes, con quien compartía extrema disconformidad hacia Lugo. Cartes, casi angustiado porque Lugo venía dando recursos a Lilian Samaniego y Víctor Bogado -sus adversarios al interior de la ANR- vía los colorados que estaban en los entes recaudadores, quería jugarse a todo contra el gobierno. Sus conversaciones y reuniones con Federico y Alegre eran a esa altura  un rito casi cotidiano ¿Cómo jugar ahora que el ex cura se sentía cada vez más seguro por las cercanias del término de su periodo presidencial y porque todo el mundo ya solo pensaba en los comicios del 2013?… También tenía conversaciones telefónicas con Héctor Cristaldo, de la UGP, y Germán Ruiz, de la ARP: todos compartían su rabia contra el jefe de Estado…»Blascho» estaba en estas, cuando vino del cielo (habría pensó él) la tragedia de Curuguaty.

A partir de este luctoso hecho, las movidas políticas de Llano, como de los demás líderes opositores al gobierno, cobraron una velocidad vertiginosa. La muerte de campesinos y policias habia facilitado todo. Facilitó el pacto al interior del PLRA, por el cual Alegre sería el candidato presidencial para el 2013, él se quedaría con el apartado partidario y con los primeros lugares en las listas de candidatos  a senador y diputado, y Franco inscribiría su nombre como un presidente más de la República y gobernaría 9 meses. Facilitó igualmente el acuerdo con Cartes y Oviedo, gestiones que el mismo Llano realizaba con el apoyo de Franco, por el cual se aseguró la discplina de los legisladores de sus respectivos partidos en el Congreso para el juicio político a Lugo. Cartes no pedía nada, pero Oviedo quería el Ministerio de Defensa y cupos para que sus allegados ingresaran a cargos públicos; se le dió sin retaceos. También facilitó que Cristaldo y la ARP hacieran con éxito el trabajo de gestionar el visto bueno de los agroganaderos y de Vierci y Zucolillo, los poderoso empresarios de la comunicación. La cosa estaba bien coordinada, y «Blascho» estaba tranquilo.

Aquella semana en que se consumó la destitución de Lugo en el Congreso, la tortilla se había dado la vuelta: sonaban insistentemente en su celular  las llamadas de los más estrechos colaborados de Lugo, con el afan de negociar una salida que salve al gobierno. Esta vez «Blascho» se dió la dulce revancha de no atender las llamadas de los emisarios del jefe; y más aún, aquel miercoles 20 de junio, en horas de la noche, vio en la pantalla de su cel el número del presidente…lo miró con una sonriza, y luego apagó el cel…Dos días después, Lugo se convertía en un ex presidente del Paraguay más.

 

 

 

 

 

 

 

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