El oficio de escribir en el Paraguay

Al preparar este primer número decidimos hablar con tres escritores representativos de nuestra literatura. Recorrimos casas y bares para entrevistar a las personas que hoy les presentamos. El pretexto fue el siguiente: sale E’a, sale El Baldío. Y así fuimos dando con los nombres de Susy Delgado, José Pérez Reyes y Cristino Bogado. Tres artistas diferentes que están atados a un mismo hilo conductor, la necesidad de escribir. Les preguntamos sobre qué onda la literatura, cómo anda ese mambo denso de escribir en el Paraguay. Hicimos las entrevistas sin cuestionarios previos, esperando que la conversación nos llevara hacia algún recoveco inesperado. Prepárense, ahí va.

Parte uno: Son las cinco de la tarde, y estoy con Susy

Me encuentro en la casa de la primera entrevistada. La casa es silenciosa, llena de árboles y plantas. Las cosas de la casa dan a entender que estamos en el hogar de una persona que dio parte de su vida a la poesía. Veo libros y revistas por todos lados. Nos sentamos en la cocina y empezamos la entrevista. Cuando Susy habla, su voz adquiere tonalidades de surgente, es una voz profunda y a la vez suave. Susy empezó a editar tardíamente, a los 34 años. Sin embargo desde su primer poemario es referente de la poesía paraguaya, destacándose principalmente como una de las representantes de la poesía en lengua guaraní.

Susy Delgado

Susy Delgado

Susy es tímida y a la vez valiente. Su mirada a veces es esquiva, y a veces penetrante. Me siento un poco anonadado. Susy me dice que «el oficio de escribir en Paraguay tiene sus dificultades, acá se considera que escribir es de gente tavyrai».

«Sobre la militancia en la promoción de la literatura, te digo: creo que todos hacemos política, de algún modo; yo soy completamente apartidaria, pero hago mi pequeña militancia a través de mi trabajo periodístico y literario, junto a quienes quieren sacar alguna vez a este país de la mediterraneidad cultural.»

Veo a Susy, y siento que entiendo cuando dice «oficialmente se dice que se respeta a los escritores. Sin embargo en los hechos no se los respeta, no hay alternativas de especialización, el periodismo está abaratado, vivir de la literatura está lejano de la realidad, sin embargo se escribe». La escucho atentamente y es como leer un poema suyo, tal vez como Tataypype, a ratos violento, a ratos dulce. «En cuanto a la tarea de escribir, es notable cómo la palabra empieza con las mismas letras que esculpir… Porque escribir es eso, tallar pacientemente aquello que queremos decir, esa necesidad que parece tan simple y primaria, pero que nunca se satisface del todo porque tal vez es ni más
ni menos que el instinto humano que nos lleva hacia el misterio. Por eso, para los guaraní el ñe’e es la entrega del alma».

Ahora me cuenta que «lo que más se escribe es lo que menos se lee». Yo sonrío. Sí, en Paraguay se edita poesía, mucha poesía, aún así pocos la leemos, tampoco es habitual encontrarnos con medios especializados en la crítica literaria.

La conversación ahora gira hacia los poetas populares, con sus cuadernos de doscientas hojas, de una raya, donde escriben sus poemas. Para cerrar le hago esta pregunta: ¿Porqué escribís en guaraní, a quién le importa? Los ojos de Susy adquieren inusitado brillo.

Desde ese instante la conversación gira entorno a las ferias internacionales, y el interés creciente de los poetas de otros lugares en la escritura en guaraní, «hay un interés creciente, en Brasil, en Uruguay, Argentina, especialmente en Corrientes y Buenos Aires. El guaraní es considerado por los más prestigiosos investigadores del mundo como una de las lenguas americanas más importantes»
Yo le digo que antes de dejar la facultad, la leía, ella me dice, «¿En serio? ¿Quién lee nuestra literatura?, yo no creo que se nos lea». Al despedirnos me promete un poema, es el siguiente:

Araka’eépa
¿Ha araka’épa ko’ene
jevÿ ko’e
ñande róga,
ñande réra,
ñane ñe’e,
ñande pÿoeá oiháme,
pe yvy marae’yme?

Y cuándo
¿Y cuándo habrá de amanecer
el día del regreso
a dónde están
nuestra casa,
nuestro nombre,
nuestra lengua,
nuestra alma,
esa tierra sin males?

En la silenciosa casa de Susy atardece, estamos a pocos minutos del centro, cerca de la Municipalidad de Asunción. Pareciera que en su jardín duendes agazapados observan la despedida. Afuera quizá ya empiezan los asaltos de la tardecita, quizá algún motociclista está por chocar contra una columna, quizá alguien escriba un poema en algún bar que está por abrirse.

Al despedirnos Susy me cuenta que probablemente Takuapu, su revista literaria, quizá la más representativa del país, «no saldrá este mes porque todos los apoyos alcanzados no son suficientes hoy para su continuidad, lamentablemente».

Finalmente me dice «la cuestión cultural va más allá de la situación de los escritores, se trata de un camino más largo». Ese camino largo es difícil, pero Susy, lo sigue transitando.

Parte dos: Ya es de noche ahora estoy en un bar cerca de la Plaza Italia

José es considerado uno de los escritores latinoamericanos jóvenes más importantes de la actualidad. Hace un año participó en Bogotá 39. Me encontré con él luego de lo de Susy. Mi idea era entrevistarle en un lugar tranquilo. Pero la música era muy fuerte, por suerte el chico del bar dijo que no había problemas de bajar el volumen para una entrevista, más todavía si comprábamos una cerveza. Pedí la cerveza, encendí mi primer cigarrillo e iniciamos la entrevista.

«Quisiéramos lograr hacer entender que escribir es un oficio, y que debido a las situaciones culturales sociales y económicas, más que nada es un sacrificio». Me dice el autor de Clonsonante.

Luego de su jornada de trabajo, José se encuentra con su esposa y su hijo. El único instante que tiene

José Pérez Reyes

José Pérez Reyes

para escribir, es en la madrugada. Sonriendo me dice que «a veces uno se vuelve vampiro escribiendo porque es la única hora que le queda, en la noche profunda». José libera a sus personajes urbanos, en una Asunción gris y violenta. «Sin el trabajo no viviría, pero si no escribo me muero». Me dice.

El entrevistado trabaja todas las noches en sus papeles, que a veces terminan transcriptos y otras veces en la papelera. Para José el fruto del oficio de escribir viene llegando con los años, y mientras tanto no queda otra que acompañar esta tarea con una actividad complementaria.

Desde los primeros cuentos que le leía la abuela, José ya estaba seguro de que quería ser escritor. De grande, editó su primer libro con la plata que juntó laburando.

Sobre el ambiente literario en Paraguay, José piensa que «es como un barrio donde ya no conocemos a nuestros vecinos, habitamos una manzana en la cual a veces conocemos a los de al lado, pero no a los de la misma cuadra, o sea, los conocemos de vista nomás. Eso no debería pasar cuando hay un movimiento emergente, como está pasando en la literatura paraguaya ahora, donde nos estamos volcando a lo urbano, a algo un poco más fragmentario, más crítico…»

Cuando pedimos la siguiente cerveza, yo ya llevaba unos 5 cigarrillos. José observó que para que conozcamos lo que escribió un peruano o un chileno es prácticamente una regla que haya sido editado por una editorial española. Además, de los escritores que conoció en Bogotá 39, observó cómo la mayoría de los escritores jóvenes viven en Europa, Barcelona y París principalmente, y cómo salvo dos o tres de ellos nadie vive de la literatura.

Sus trabajos literarios actuales giran en torno a cuestiones urbanas, «individualidades e identidades de ciertos ciudadanos que andan circulando en forma más ficticia que real».

¿Pensás que Asunción es literaria?, le pregunto. José se ríe, «Sí. Acá se mezcla más que lo real mágico, lo cómico trágico, la tragicomedia, casi un realismo trágico. Pasan tantas cosas que seguro que si nosotros transcribimos las vivencias cotidianas van a creer que nosotros exageramos en la ficción».

Aquí termina oficialmente mi entrevista con el José, antes de despedirnos me dice «Creo que la literatura paraguaya pasó muchos años evocando glorias nacionales, y tragedias históricas. Esa estampa fue quedando en desuso, Asunción fue tiñendo de color gris las vivencias, las situaciones de los personajes imaginarios». Quizá algún día tenga más tiempo para otra cerveza con el autor de Clonsonante, sería buenísimo, ahora tengo que irme a la otra entrevista.

Parte tres: Entrevista a un Kurupí en la Rana Verde

Creo que ya es muy tarde, hace algunas botellas que estamos en la Rana Verde, un bar de Sajonia. El entrevistado de ahora nunca duda en decir sus opiniones y desacuerdos. En la entrevista fuma profusamente sus cigarrillos Kentucky mientras tomamos nuestras cervezas. El poeta al que hago preguntas se dedica a la difusión de la literatura desde hace más de una década, sus libros han sido editados en otras editoriales alternativas de Brasil y Argentina.

Cristino Bogado

Cristino Bogado

Cristino Bogado es un escritor under. Tiene ojos como de explorador, y una actitud alegre y bohemia. Es un activista cultural y a la vez un poeta. Sus trabajos pueden leerse en su blog que se autodenomina Kurupi (Paraguay Mimby), también dirige Jakembó editores: una editorial con más de una veintena de libros editados.

Cristino sabe que por lo general hay poco conocimiento, tanto allá afuera como acá adentro, de nuestro real modo de vivir. «Los lectores buscan algo más allá de lo oficial». Sabe que la poesía se vive en todas partes, y también en Paraguay. Contrariamente a lo que piense mucha gente, Cristino es una de esas personas que siempre rescata lo bueno de hacer algo por promocionar la cultura en Paraguay.

Antes de tomar otro vaso, le pregunto sobre el uso del jopará en sus trabajos me dice que «en algún momento como aprendimos a usar el vos en vez de tú en los textos, alguna vez tendremos que usar el nde, e’a, y otros términos similares. Pienso que el jopara forma parte de nuestra identidad, paciencia si no nos entienden pero acá tenemos que usar lo que se habla». Luego el entrevistado me explica que quizá nos pongan alguna nota al pie de página para su comprensión, pero nuestra riqueza léxica es justamente una de las cosas que quieren comprender los lectores de afuera. Cristino hace un énfasis en usar esas palabras que son menospreciadas por la academia por vulgares.

El poeta cree que definitivamente la cosa de escribir literatura en Paraguay es pesada, pero que es cuestión de animarse. «La aparición de los blogs y páginas web, han posibilitado que los escritores no dependan de las élites que son las que dicen qué es lo bueno y lo malo. Muchas veces uno hace un blog y luego por no recibir comentarios se desanima y y lo deja, pero hay que escribir y escribir, no
hay que desanimarse, y hay que creer en lo que uno hace».

Así terminamos la entrevista con el autor de Dandy Maká, luego pedimos otras cervezas y continuamos la tertulia con otros amigos de la Rana Verde. Mañana Cristino continuará con sus actividades, cargar su blog y seguir promocionando la literatura. Al igual que José y Susy, Cristino ve que la literatura es un oficio poco respetado, y que para ganarse un espacio aún se precisa recorrer un camino largo.

Final

Ahora voy rumbo a casa, veo en los tres escritores un mambo parecido al de todos, todos los fuegos el fuego diría el panchero de la esquina, Roa diría que estamos en una isla rodeada de soja. Las palabras de Susy aparecen en mi mente mientras abro la puerta de mi casa, «la cuestión cultural va más allá de la situación de los escritores, se trata de un camino más largo» «¿Y cuándo habrá de amanecer, el día del regreso, a dónde están nuestra casa, nuestro nombre, nuestra lengua, nuestra alma, esa tierra sin males?» Pienso en esto mientras hilvano estas últimas palabras, y veo lo importante de la tarea de estos tres héroes culturales, que a estas horas de la madrugada algo estarán escribiendo. Estos escritores me han enseñado algo, que por ahora va más allá de las palabras de este artículo.

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