Lindstron se suma a los 129 campesinos asesinados, víctimas de la violencia por la tierra rural

El asesinato del ganadero Luis Linstron es otro crimen más en un país donde el 2,6% de los propietarios de fincas agrícolas concentra el 85,6% de las tierras cultivables y alrededor de 1.200.000 campesinos y urbanos sobreviven en el hambre y la extrema pobreza. 

La camioneta donde fue acribillado Luis Lindstron. Foto: Radio Marandu.

Linstron, ganadero asesinado el viernes pasado en su estancia ubicada en la localidad de Tacuatî del Departamento de San Pedro, es un fatal número más de las cientos de personas del campo asesinados en el marco de la lucha por la tierra en Paraguay.

Según datos difundidos por los abogados de las Coordinadora de Derechos  Humanos del Paraguay (Codehupy),  desde 1989 hasta este año, fueron asesinados 129 militantes y dirigentes intermedios  de organizaciones campesinas y comunicadores críticos al modelo de concentración dela tierra rural.

Codehupy,  en un comunicado que emitiera el pasado 19 de febrero, recordaba que él último de los campesinos asesinados fue Benjamín Lezcano, ejecutado con 15 balas  frente  a su domicilio, ubicado en la localidad de arroyito, localidad de Horqueta, departamento de Concepción. Lezcano fue asesinado en la mañana de aquel 19 de febrero.

La ironía de la injusticia de la concentración y el control de la tierra rural en Paraguay  quiso que Linstron también fuera asesinado con 15 disparos de balas, el pasado viernes 31 de mayo, según el informe del médico Pablo Lemir, director de medicina forense de la fiscalía, luego de inspeccionar el cadáver de ganadero.

Según los registros de las organizaciones de derechos humanos y de la propia justicia ordinaria, no hay condena judicial por ninguno de los casos de campesinos ejecutados desde 1989 hasta hoy.

Julio Benegas Vidallet, periodista especializado en conflictos sociales en el campo, comentó que “el histórico modelo que concentra tierra en manos de unos pocos propietarios y es funcional a la exportación de materia prima sostenida por el monocultivo agrícola y la ganadería, cobra varias víctimas cada año, que son de las partes en conflicto: campesinos organizados sin tierra y terratenientes”.

La concentración de la tierra rural y la consecuente pobreza de los habitantes del campo se agrava con la ausencia del Estado en departamentos donde  reina la violencia, tales como Amambay, Kanindeju, San Pedro, Alto Paraná Y Concepción.  Ausencia que deja estos territorios en manos del poder del narcotraficantes, sojeros, ganadores y grupos armados como el EPP.      

Según el Censo Agropecuario 2008, elaborado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería con el apoyo de otros organismos del Estado, el 2,6% de los propietarios de fincas agrícolas del país concentra el 85,6% de las tierras cultivables. Latifundio dentro del cual reina la cría, faenamiento y exportación de la carne vacuna y el cultivo de la soja transgénica, además de grandes extensiones  de propiedades ociosas.     

De acuerdo a la Encuesta de Hogares 2012 realizado por la Dirección General de Encuestas, Estadísticas y Censo, casi el 40% de la población sobrevive en la pobreza y el 20% pasa hambre en la extrema pobreza.

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