Lejos de nosotros el derecho de estudiar

Paraguay firmó en 1966 un pacto internacional en el que se comprometía a hacer accesible la educación superior a todos los paraguayos. Hoy, sin embargo, aún es inaccesible para la mayoría.

Datos sobre la educación superior en el Paraguay. Viceministerio de Educación Superior. 2012.

«La verdad que esa lucha fue diaria, pero en ese momento no lo dimensioné ni lo sentí. No sentía cansancio; más bien me sentía fortalecido y con mucho vigor, transitando un camino anhelado en pos de un sueño», cuenta el abogado Robert Ferreira, rememorando sus primeros años de universitario, cuando debía prepararse con seis horas de antelación para llegar de su casa (en Santiago, Misiones) a la filial sanjuanina de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Esas seis horas servían para bañarse a las 11 de la mañana, vestirse, almorzar, recoger sus útiles, despedirse de su mamá —quien siempre le deseaba lo mejor—, caminar cinco kilómetros para llegar a la ruta 1 y viajar en ómnibus durante dos horas para asistir a las clases en San Juan Bautista.

Robert ingresó en la universidad en 2003. Treinta y siete años antes, en 1966, Paraguay firmó el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), «(…) que reconoce (en su artículo 13, numeral 1) el derecho de toda persona a la educación»; y especifica en su artículo 13, numeral 2, inciso c, que «La enseñanza superior debe hacerse igualmente accesible a todos, sobre la base de la capacidad de cada uno, por cuantos medios sean apropiados, y en particular por la implantación progresiva de la enseñanza gratuita».

Víctor Duré, estudiante de la carrera de comunicación en la UNA, sólo pudo ejercer ese derecho lejano escapándose de la casa de su familia (ubicada en San Pedro del Ycuamandyjú) y viajando 330 km para estudiar en la capital del Paraguay. ¿Por qué debiste escapar?, le pregunta Carla Heisecke en una entrevista. «Mi madre no aprobó mi viaje a Asunción. Entonces yo vivía sólo con ella y mi hermano.» En ciertos casos de familias del interior, las madres no aprueban que sus hijos vayan solos a la ciudad, por la escasez de recursos económicos y la inseguridad. «Ese factor cultural genera muchas trabas. Mi padre me apoyó en todo momento. Y vine a vivir con mis tíos durante cierto tiempo», cuenta Víctor.

A mediados de la década pasada, Alejandro L. Cubilla, preocupado por la situación de la universidad en el Paraguay, escribió varios ensayos breves sobre la misma, que fueron publicados en el suplemento Cultural de Abc Color. En uno, dado a la luz pública el domingo 18 de diciembre de 2005, compartió el concepto de su sobrina Ana sobre la institución educativa a la que asistía: Mi «universidad es como el pub Coyote pero con algunos libros». La cantidad de empresas de la educación superior, más ocupadas en mantener clientes que volver profesionales capaces a sus alumnos, se mantuvo en constante aumento durante los últimos años, llegando a 44 universidades privadas en 2012, ofreciendo sobre todo carreras comerciales de pocos años y horarios adaptados a las actividades laborales.

Si bien en la actualidad hay una diversidad de modelos de universidades, Cubilla afirma —en el mismo ensayo citado arriba— que «la universidad clásica y más deseable para el progreso a largo plazo del país, para su prestigio y la producción de sus propios paradigmas y eventuales mercados propios, es la que avanza en el conocimiento mediante la investigación.» Nuestros entrevistados, el abogado Ferreira y el estudiante Duré, están de acuerdo con esa postura, y agregan sus pareceres de la realidad que vivieron y viven. Robert, el primero, dice: «El problema de ver egresados mediocres, a mi criterio es más causa del sistema cultural, porque los que ya tienen un puesto laboral, en especial gracias al cuoteo político o el tráfico de influencia, se van a la facultad para obtener un título más bien como un simple rótulo. Esto ocurre tanto en las privadas como en las públicas.» Víctor, a su vez, comenta: «Yo esperaba (de la UNA) un nivel de educación mejorado en todos los sentidos, ya sea de manera estructural, de infraestructura, de malla curricular, de herramientas básicas necesarias. Sin embargo, me encontré con muchas otras fallas que aquejan a los estudiantes, no sólo del interior sino también de la capital.»

El 2 de septiembre de 2012, Pedro Gerardo González, el rector de la Universidad Nacional de Asunción, publicó un artículo sobre la situación de la educación superior en el Paraguay. En él comunicó que el Estado destina menos del 1% del PIB a la UNA, que casi en su totalidad sirve para el pago de sueldos de los docentes y funcionarios, dejando un resto mínimo para el desarrollo de investigaciones y actividades de extensión universitaria. Esta situación prolongada desde hace décadas en nuestro país y que tiende a empeorar con nuevos recortes a los presupuestos de las universidades públicas, nos remonta a los inicios del siglo XIX, cuando las autoridades de la catalana Universidad de Cervera tranquilizaban a Fernando VII con las siguientes palabras: «Lejos de nosotros la funesta manía de pensar». En ese entonces, al igual que ahora en nuestra realidad paraguaya, lo importante «no era pensar por cuenta propia, examinar la realidad, llegar a conclusiones y tratar de contrastarlas con otros pareceres», en expresiones de los autores del libro Fabricantes de miseria (de 1998), sino memorizar conocimientos importados y anacrónicos y mantener el modelo injusto de la sociedad.

Informe sobre situación actual de las universidades en el Paraguay. MEC. 2012.

Robert Ferreira culminó sus estudios secundarios con 18 años de edad. Desde entonces tenía los ojos puestos en la carrera de derecho, la que cursaría gracias al apoyo de su familia. Asistió al cursillo, ingresó, y cursó la carrera en el pueblo de nacimiento de Agustín Pío Barrios. A mediados del primer año, en 2006, uno de sus compañeros, Eusebio Valdez, conociendo el tremendo viaje que hacía Robert día a día y noche a noche (el ómnibus que lo regresaba a su casa de Santiago salía a las 21 horas de San Juan), se solidarizó con él y lo invitó a vivir en su casa. Su estadía en ese hogar le dio la posibilidad de ahorrar dinero y tiempo. En 2010, cuando le faltaban los últimos dos años de carrera, decidió venir a Asunción en busca de una mejor educación en la facultad del barrio Trinidad. Su hermana capitalina lo recibió y le permitió convivir con ella mientras él se dedicaba a estudiar. Su familia aún lo apoyaba enviándole un poco de dinero. «Esperaba algo más de la sede central de la Facultad, pero más bien me decepcionó», cuenta el ya abogado y docente, quien se graduó en 2011 y siguió el posgrado de didáctica universitaria en 2012.

Víctor Duré nació en San Estanislao (distrito de San Pedro); vivió durante un corto tiempo en Cruce Liberación, luego en Choré con sus padres y abuelos, y al final su familia se mudó a San Pedro del Ycuamandyjú, cuando él contaba con 10 años de edad. Al culminar el colegio, ocho alumnos salieron del pueblo. «Cinco de ellos partieron a la capital y los otros tres a la ciudad de Concepción», cuenta Víctor, y agrega: «Algunos excompañeros de la escuela de Chore también dejaron la ciudad. Conozco a cuatro de ellos. Todos vinieron a Asunción.» En tu caso, ¿cuál fue la razón para que vinieras a la capital?, le pregunta Carla Heisecke. «Porque las carreras existentes en San Pedro no cumplían con mis aspiraciones. En San Pedro existen carreras de derecho, agronomía, educación, contabilidad, y desde hace poco la carrera de psicología. A mí me atraían carreras como la de letras y comunicación. Yo quería escribir. Mi vocación es escribir para transmitir verdad. Así nació la necesidad de dejar la ciudad y crecer intelectualmente.» Escapó de su casa en el año 2010. Sus tíos lo recibieron y le dieron un techo capitalino. «Al principio —dice Víctor— no tenía apoyo, pero como había trabajado en la Gobernación de San Pedro, tenía ahorrada una suma importante para mantenerme, aunque luego de un tiempo esa suma terminó, y ahora mis padres me ayudan, económicamente hablando».

En el Paraguay se ofertan 1572 carreras universitarias, de las cuales sólo 14 cuentan con acreditación o certificación de calidad por parte de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (ANEAES). Gran parte de esas carreras son ofrecidas por  las universidades privadas, empresas que absorben el 73% la matriculación (el sector público recibe el 27%). Ese porcentaje alto se dio sobre todo en últimos años, cuando la cantidad de universidades privadas tuvo un aumento del 80%. Una de las razones del crecimiento del sector privado dedicado a la educación terciaria en los últimos años se encuentra en las exenciones tributarias que la Ley de Universidades de 1993 establece para el sector. En el artículo 18 de esa ley se libera a las «universidades sin fines de lucro» de todo impuesto fiscal o municipal. Asimismo, por el artículo 19 de dicha ley, están exentas de tributo todas las donaciones y los legados que las estas universidades reciban.

Otra de las razones de la creación de decenas de universidades privadas en los últimos años se basa en los convenios entre las instituciones públicas y las mismas, como el mantenido entre la Secretaría de la Función Pública con las universidades Técnica de Comercialización y Desarrollo, Iberoamericana, de la Integración de las Américas, Autónoma de San Sebastián, Comunera, Americana, Tecnológica Intercontinental, Metropolitana de Asunción, Central, Columbia del Paraguay y Nihon Gakko, perteneciente al exdiputado Dionisio Ortega. Los convenios promueven la matriculación de los funcionarios y sus familiares en esas universidades por medio de exoneraciones de matrículas y derechos a exámenes, entre otros beneficios monetarios.

Del inicio a la actualidad al futuro

Paraguay fue el último país de Hispanoamérica que contó con una universidad. Durante el gobierno del general Patricio Escobar, en 1889, se fundó la Universidad Nacional de Asunción, gracias a una propuesta del senador José Segundo Decoud. La Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción se creó 71 años después, el 22 de marzo de 1960, por decreto del Poder Ejecutivo. En 1991 se crearon tres universidades más. Y actualmente hay 52 universidades, la mayoría de ellas (el 84%) en la ciudad de Asunción y el departamento Central.

La Unesco recomienda a todos sus Estados miembros que el monto destinado a la educación sea del 8% del PIB, recomendación que el gobierno paraguayo responde con una inversión social (educación, salud, vivienda, etc.) del 4% del PIB (según un informe de la Cadep), razón principal por la que sólo el 6% de la población de entre 18 y 28 años accede a la universidad.

No obstante, como si no existieran los datos mencionados que muestran una realidad lacerante, tres universidades paraguayas se jactan de estar entre las 250 mejores de Latinoamérica, de acuerdo al ranking de 2013 elaborado por Quacquarelli Symonds (topuniversities.com), teniendo en cuenta la investigación, la capacidad de emplearse de los titulados, los recursos didácticos y la presencia en internet. La Universidad Nacional de Asunción ocupa el lugar 78; la Universidad Autónoma de Asunción, el 207; y la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, el 217. Pero al acceder a la lista de las mejores universidades del mundo, vemos que la mejor de Latinoamérica —la Universidad de Sao Paulo— ocupa el puesto 127, dejando a las paraguayas fuera de la lista. De los 193 países reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), nuestro país no tiene una sola institución de educación superior que lo represente en una lista de 850 universidades.

La Ley de Educación Superior aprobada el pasado julio tiene fuerte críticas de parte de varios sectores, como del Frente Estudiantil por la Educación (FEE). Ana Portillo, una de sus dirigentes, explica que la nueva ley «introduce fuertemente el tema de los créditos financieros para pagar la educación universitaria», desligando al Estado de la responsabilidad de garantizar el acceso a la educación terciaria. «Lo que hay en la Ley es una alianza con la Agencia Financiera de Desarrollo, al estilo del modelo chileno», obligando al alumno a solicitar un crédito al iniciar la universidad para sostenerse durante la carrera, un crédito de 10 a 20 años que deberá pagar después de egresar.

Otro punto sobre la Ley de Educación Superior es quiénes son los impulsores, se cuestiona la dirigente del FEE, respondiéndose: «Nosotros vemos que en su mayoría son congresistas que tienen universidades privadas. Vemos que no se da una discusión real entre los actores, sino más bien una competencia entre las grandes universidades, la Católica, la Nacional, la Columbia, en detrimento de los institutos superiores y las universidades más pequeñas que les compiten la clientela estudiantil.»

En cuanto al futuro, Marta Lafuente, ministra de Educación y Cultura, propuso en agosto de 2013 que no se abriera ninguna universidad más en el Paraguay durante cinco años, «porque la proliferación de universidades no necesariamente significa acceso a una buena educación.» En 2015, en cambio, se prevé que 700.000 jóvenes paraguayos estarán en condiciones de acceder a los estudios universitarios. Si la realidad actual se prolonga dos años más, menos de 42.000 podrán asistir a la universidad, pues lejos de implantarse progresivamente una enseñanza gratuita a nivel superior, como se había comprometido el Paraguay en 1966, asistimos rápidamente a la privatización de este derecho humano.

Nota del redactor: este reportaje fue trabajado a partir de la crónica elaborada en el seminario taller de periodismo cultural Cuenta la cultura, organizado en junio de 2013 por el Centro Cultural de España Juan de Salazar. La crónica se redactó entonces con los aportes de Carla Heisecke, Miguel Méndez y Mónica Omayra.

Fuentes

—Datos sobre la educación superior en el Paraguay. Viceministerio de Educación Superior, con el apoyo de la Presidencia de la República. Asunción, abril de 2012.

Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

MEC presentó informe sobre situación actual de las universidades.

Convenios de la Secretaría de la Función Pública con universidades privadas.

—El gasto social en el Paraguay: una mirada detallada al periodo 2002 / 2010. Cadep.

QS Latin American University Rankings 2013.

QS World University Rankings 2013.

Situación y propuestas para la educación superior en Paraguay, artículo de Pedro Gerardo González, rector de la Universidad Nacional de Asunción.

La ministra Lafuente propuso no crear más universidades en 5 años, artículo publicado en Última Hora el 23 de agosto de 2013.

—«En el proyecto de la Ley de Educación Superior no hubo participación estudiantil», artículo publicado en E’a el 29 de julio de 2013.

 

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