Latifundio + ganado + soja = pobreza + desigualdad

Una vaca pasta y se pasea en dos hectáreas y media. Más de ciento veinte mil familias necesitan un lugar donde vivir y producir. Los números indican que nuestro país sigue teniendo una de las peores distribuciones de tierra en el mundo. Esta alta concentración de tierras en pocas manos sigue siendo uno de los principales factores de retraso del país. La producción ganadera y de soja está directamente relacionada con la concentración de tierras. Es un modelo que genera los mayores índices de pobreza, migración y desigualdad en los lugares donde se desarrolla con más fuerza.

Si hay un tema que ha resonado de manera ininterrumpida y sistemática en los últimos meses es sin duda la cuestión de la tierra en Paraguay. Debates, artículos, campañas mediáticas, movilizaciones, ocupaciones, y enfrentamientos, defendiendo las distintas posturas son la constante. Los gremios representantes de las grandes propiedades de tierra han hecho una fuerte campaña, e inversión, a fin de poner en entredicho, tratando de «desmitificar», dos cuestiones fundamentales sobre la cuestión tierra que afectan gravemente sus intereses. Saltan así dos preguntas fundamentales que buscan soluciones más que respuestas ¿Existe un problema de tierras en Paraguay? ¿Es la falta de tierra o la concentración de tierras en manos de unos pocas personas, responsable de la pobreza campesina?

El comienzo: el remate de las tierras públicas

Al culminar la guerra de la triple alianza, el Paraguay tenía 97,8% de las tierras públicas. De la mano de los presidentes Patricio Escobar y Bernardino Caballero se remataron esas tierras estatales con los decretos de 1883 y 1885. De 1885 a 1890 se vendieron más de 21 millones de hectáreas de tierras fiscales (más de la mitad de la superficie del país). De ellas, unas 18 millones de hectáreas fueron vendidas a capitalistas extranjeros. Como consecuencia, esta problemática se extendió a lo largo de todo el siglo xx. Durante la dictadura de Alfredo Stroessner, a través del antiguo Instituto de Bienestar Rural (IBR), se dio paso a la «reforma agraria» stronista, que repartió unas 6.976.071 hectáreas para la creación de colonias agrícolas campesinas que, sin embargo, en gran parte terminaron en manos de agentes de la dictadura. Muchas de las colonias creadas entonces terminaron por desaparecer por la falta de asistencia estatal.

Democracia terrateniente

En 1991 se dio a conocer, a través de un Censo Agropecuario Nacional, cifras alarmantes en cuanto a la concentración de tierras en Paraguay. Según dicho documento, el 50% de las propiedades existentes en el país con menos de 20 hectáreas tenían acceso sólo al 6% de las tierras utilizadas para las actividades agrícolas y ganaderas. En contrapartida, el 1% de los propietarios con más de 1.000 hectáreas tenía en su poder más del 77% de la superficie agropecuaria, el 46% de la superficie total del país.

La tierra hoy

Pese a que no se volvió a realizar un censo agropecuario para el 2001, no existe indicio alguno de que esta tendencia se haya revertido. La encuesta agropecuaria 2002 del Ministerio de Agricultura y Ganadería evidencia que esta tendencia a la concentración de tierras no ha retrocedido. Todo lo contrario: el 83% de las propiedades de todo el país con menos 20 hectárea abarca apenas el 5,9% de la superficie de explotaciones agropecuarias. En cuanto a las grandes propiedades, de más de 1.000 hectáreas, apenas 1,1% de propietarios administra el 74,7% de la superficie agropecuaria. En diez años se incrementaron apenas un 6% las nuevas propiedades, mientras que la superficie agropecuaria creció más de cuatro millones. Este crecimiento territorial benefició sobre todo a los grandes propietarios que aumentaron sus posesiones en más del 18 % en relación con el censo de 1991.

Campesinos y sin tierra

Una alta concentración de tierras como la expuesta inevitablemente trae consigo problemas sociales, sobre todo en un país donde el recurso principal de producción y economía sigue siendo su suelo. Por ello, la población campesina es la más afectada por su escasa capacidad económica, técnica y tecnológica. Desde la venta de las tierras públicas fue este sector el más excluido. Un sector importante del campesinado es el de los sin tierra. La encuesta integrada de hogares de la dgeec del 2002 señala que existen unas 121.658 familias. Esto, multiplicado por la cantidad de miembros de familias rurales promedio (5), da un aproximado de 608.290 personas.

Muchas hectáreas, poca producción

Muchas son las discusiones sobre las implicancias que trae la alta concentración de tierra. Según el Ing. Alfonso Pastor, las grandes propiedades favorecen la especulación y la improductividad de las tierras. «Si uno tiene una gran extensión de tierra no se esfuerza en aplicar más tecnología. Si yo tengo 2 o 10 hectáreas lo que debo hacer para aumentar mis ganancias es invertir en tecnología y hacerla más productiva. Si vos tenés sólo 10 o 20 hectáreas podés tener 50 vacas holando en piecita, con aire acondicionado; pero si tenés 500 hectáreas le vas a tener a tus 50 vacas esparcidas pastando por ahí, desperdiciando superficie».

Éxodo

Para el sociólogo Tomás Palau, «la tierra es el problema social más importante porque es la madre de las desigualdades, de la desocupación campesina, de su expulsión». Junto a la pobreza rural, el problema de la migración campesina es uno de los más alarmantes. Según datos del Centro de Documentación y Estudios (CDE), elaborados por Quintín Riquelme, de 1992 al 2002, el 6% de la población rural había dejado su tierra. El departamento Central aumentó su población de 1992 al 2002 unos 496.856 habitantes; y del 2002 al 2005 unos 375.674.

La paradoja del auge de la ganadería, de la soja y el aumento de la pobreza

La ganadería paraguaya y la producción de soja están pasando por un gran momento. Según informes del Banco Central, en el primer trimestre de este año el Producto Interno Bruto (PIB) paraguayo, la producción total del país creció un 7,6%. A ello han aportado la ganadería y la agricultura (sobre todo la soja) un 3,5%, casi la mitad. Sin embargo, según admite el mismo organismo estatal, estos niveles actuales del crecimiento económico no llegan a aquellos que viven bajo la línea de pobreza. La encuesta permanente de hogares del 2007 indica un aumento de cuatro puntos de la extrema pobreza con respecto al 2005. Y la razón es simple: estas actividades productivas son altamente tecnificadas y no producen fuente de trabajo. Unas pocas personas pueden manejar campos de miles de hectáreas.

No existe problema de tierras en Paraguay, para las vacas

Datos aportados por técnicos de la Asociación Rural del Paraguay señalan que la superficie desarrollada por la ganadería abarca 24 millones de hectáreas; el 60% del país. En la encuesta 2002 existían unas 9.300.000 cabezas de ganado. Suponiendo que hayan llegado a alcanzar unas 10.000.000 de cabezas, esto supondría que cada vacuno tiene a su disposición unas 2,4 hectáreas Aún teniendo en cuenta la superficie de arroyos y cerros y la cantidad de supuestas «tierras marginales», representa un desperdicio total de suelo y una enorme improductividad. El 60% del país está en poder de 10 millones de vacas. Una cifra que denota gran injusticia teniendo en cuenta la cantidad de personas que no tienen tierras. La ganadería, en especial, es una actividad de mucha inequidad. Según la última encuesta, el 90% de las fincas de una a cincuenta hectáreas sólo poseen el 20% del ganado del país, mientras que el uno por ciento de las propiedades de más de 1000 hectáreas concentra el 58%.

Fiebre de soja

Por el vertiginoso crecimeinto, es difícil precisar la situación actual de las propiedades que producen soja. Del año de la encuesta a esta parte, hubo un aumento 1.115.000 hectáreas aproximadamente de cultivos. Es marcada la tendencia de este rubro a cultivar a gran escala. Actualmente representa el 60% de la producción agrícola y su tendencia amenaza con acaparar toda la agricultura. El factor soja se adhiere al problema de concentración tierras. «Esto produce una reconcentración al ser absorbidas las pequeñas propiedades por las de mediana escala«, según Palau. La encuesta del MAG resalta la disminución de las fincas menores a 5 hectáreas en un 9%, lo que pudo aumentar teniendo en cuenta el avance de la soja.

Los departamentos sojeros favorecen la migración y la desigualdad

Teniendo en cuenta que las actividades ganadera y de la soja son rubros extensivos, los departamentos donde más se desarrollan dichas actividades son las que mayor concentración de tierra tienen. Estos departamentos presentan coincidentemente las mayores cifras de pobreza y migración del país. Los departamentos de Alto Paraná, Itapúa, Canindeyú y Caaguazú son, en ese orden, los de mayor superficie cultivada de soja. Alto Paraná, el más grande productor de soja del país, según el último censo nacional, pasó de ser un receptor de migrantes a expulsor neto. Caaguazú, Itapúa y Canindeyu, por su parte, presentan los más altos índices de desigualdad según el coeficiente Gini (método científico de medición de la desigualdad). Alto Paraná tiene la más alta cifra de desempleo abierto después de Central.

Los departamentos ganaderos son los que tienen más pobres

En cuanto a los departamentos ganaderos, San Pedro, Concepción y Caaguazú son los principales en la región oriental, mientras que en la región Occidental lideran Presidente Hayes y Boquerón. Presidente Hayes es el máximo departamento ganadero del país. Los indicadores de pobreza del Censo 2002 apuntan como los departamentos más pobres a los departamentos de Concepción, San Pedro y Caaguazú, en ese mismo orden. También del 2002 saltan como departamentos con mayor desempleo abierto los departamentos de Boquerón y Presidente Hayes, territorios con mayor población indígena pobre. En materia de migración, los departamentos ganaderos de San Pedro, Paraguarí, Caaguazú y Concepción se ubican como los más expulsores después de Asunción, Caazapá y Alto Paraguay (también ganadero)

Comentarios

Publicá tu comentario