Las tribulaciones de un satélite extraviado

(Opinión) La inserción de Venezuela está cada vez más afianzada y la venida o no de Maduro, es patéticamente irrelevante. En la última visita de Maduro a los países activos del Mercosur se firmaron convenios de gran envergadura en materia de salud, defensa, cultura, soberanía, seguridad alimentaria y energética.

Fuente de Imagen: eljiropo.com

El intento de Paraguay de echar a andar un proyecto autónomo respecto al gran capital en expansión, todos sabemos, tuvo un desenlace trágico (la guerra del 70).  A partir de entonces, su destino estuvo marcado por la sujeción a los designios de ese gran capital, lo que es lo mismo que decir, de los imperios capitalistas, en un modelo de acumulación de siglos.

Esa relación internacional desigual, a la que se ha dado en calificar de Imperialismo capitalista, estructuró el planeta en órbitas en torno a las cuales rondaron en matices de sujeción, sus respectivos satélites. En esta galaxia, nuestro país ocupó un lugar insignificante, al ubicarse como un «tapón», o cuña entre los dos grandes estados suramericanos, que oficiaron de reproductores de la dependencia hacia las grandes potencias imperiales, primero Inglaterra, y más tarde, EEUU.

El destino de Latinoamérica estuvo marcado entonces, por los designios de esas potencias.  Es una historia larga que si bien se extiende hasta nuestros días, se va debilitando desde el final del milenio  pasado. Al inicio  del actual, asistimos a una situación inédita en la historia de la región, en que nuestro gran amo, EEUU que nos relegó a la triste condición de patio trasero, comienza a derrumbarse y en contrapartida, se produce la emergencia de nuevas potencias, para modificar significativamente la correlación de fuerzas a nivel internacional, dando lugar como consecuencia, a la configuración de nuevas órbitas con sus correspondientes satélites. En ese contexto surgen de forma  inédita, gobiernos autonomistas en América Latina, con políticas que pretenden romper la tutela norteamericana.

Pero esos proyectos que se expresan en articulaciones de integración que adquieren múltiples denominaciones, se realizan con la emergencia a su vez, de un proyecto hegemónico latinoamericano: el Brasil.

En la América Latina y en el cono sur con más sensibilidad, con los proyectos aludidos y su nuevo epicentro en Brasil, nuestro país sufre el terrible conflicto o dilema de aggiornarse  a las nuevas órbitas, y vivimos traumas que se traducen  en patéticas escenas políticas. La deriva de nuestro satélite revuelve en su interior tribulaciones que dan lugar a desenfrenadas controversias en las que derrochan retóricas forzadas, almas desesperadas ante el movimiento de órbitas en un mundo al que algunos llaman multipolar. Entonces mientras  ya  la mayoría del mundo y en particular de América Latina se aboca al nuevo proceso, nosotros estamos gastándonos en resolver si insertamos a Venezuela, si Maduro viene o no viene. Que nuestra soberanía y el derecho etc. Etc.

Después de la burda metida de pata en que se embarró el gobierno actual, a partir del grotesco golpe parlamentario del año pasado, el atolladero en que nos metimos, nos tiene trancados, mientras la historia camina.

La inserción de Venezuela está cada vez más afianzada y la venida o no de Maduro, es patéticamente irrelevante. En la última visita de Maduro a los países activos del Mercosur, se firmaron convenios de gran envergadura en materia de salud, defensa, cultura, soberanía, seguridad alimentaria, energética. Grandes obras de infraestructura para proyectos energéticos, tecnología, petróleo etc.  La última parada fue en Brasil  que prestará colaboración en el ámbito de abastecimiento y desarrollo industrial. En ese tren Venezuela inaugurará próximamente diez nuevas industrias con tecnología y asistencia brasileña.

Y a propósito, el gigante sudamericano tiene un monstruoso producto interno bruto de nada menos que 2.396 billones de dólares, de lejos le sigue Argentina con 775.000 millones, Venezuela con 382.400 millones, Uruguay con 53.595 millones y Paraguay (suspendido), con apenas 35.562 millones.

Desde esa patética minucia, mientras en Latinoamérica se van configurando velozmente nuevas órbitas, y la inserción de Venezuela es un hecho harto consumado, las luminarias políticas de nuestra fauna política siguen gastando retóricas de baja estofa, para salir de un atolladero (fruto del trogloditismo político en que destaca el PLRA), en el que se metió, asegurando un lugar incuestionable en el basurero de la historia.

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