Las tres B: Berta-Barrios-Barcelona

Berta Rojas evocó al gran Mangoré en el Palau de la Música de Barcelona.

Por Horacio Verdún

Todos ocupaban sus asientos llenos de inquietud por escuchar el milagro que sale de sus manos. Así como Mangoré lo contempló, así también lo contemplamos nosotros, los que tuvimos la dicha de escuchar a nuestra compatriota y gran guitarrista clásica Berta Rojas el martes pasado.

En el Palau de la música de la ciudad de Barcelona, “el milagro se operó, desde el fondo de la caja misteriosa, brotó la sinfonía maravillosa de todas las voces vírgenes de la naturaleza de América”. Así lo vivió el propio Agustín Barrios Mangoré y así lo volvió a hacer realidad nuestra querida Berta, porque ella es nuestra, porque ella es de todos. Con la sencillez que le caracteriza, salió al escenario sin otra ayuda que su guitarra y su sonrisa. Las palabras justas para explicar detalles de las obras que interpretó y para agradecer la presencia de un público
familiar en lengua y sentimiento. Y esa familiaridad la demostró al finalizar el concierto. Antes de que nadie se diera cuenta, Berta ya estaba esperándonos fuera del escenario para saludarnos, hacer fotos y firmar autógrafos.

Pero me gustaría volver al principio. Yo, como cualquier otro paraguayo que vive en tierras catalanas y que aprecia la belleza y grandeza de “nuestra música”, estaba feliz por poder vivir la experiencia de escuchar a Berta Rojas en vivo. La sala del Palau de la música parecía un jardín guaraní donde nos encontramos amigos compatriotas, cada uno con sus historias pero todos con el mismo objetivo de disfrutar esa noche de la música que Berta nos tenía preparada. Con semejante jardín cultural, el programa de concierto estaba claro; Barrios
Intimo, Barrios universal.

Nuestro Paraguay se hizo presente en cada pieza interpretada, y en unas más que en otras.Barrios ya lo había imaginado, porque era su ilusión proyectar su música a todo el mundo. Estoy seguro que nuestro Santo de la guitarra, Mangoré, acompaña a nuestra embajadora de la guitarra Berta Rojas ahí donde ésta se encuentre. Y es este espíritu mangoreano el que nos emocionó hasta las lágrimas cuando sonaban las melodías litúrgicas del El Último Canto, pieza con la que daba apertura al concierto. La dimensión más clásica de Barrios se fusionó
con el busto de Beethoven que sobresalía en uno de las columnas del escenario y hacia donde Berta dirigía su mirada.

Quizás estuvo volando por momentos en el universo musical del Palau, quizás escuchó claramente la voz de Mangoré que le recordaba: ¡Cuán raudo es mi girar! Yo soy veleta, que moviéndose a impulsos del destino, va danzando en loco torbellino hacia los cuatro vientos del planeta. Pero rápidamente, Berta volvía a estar con nosotros, en cuerpo y alma, porque el virtuosismo se paga con la moneda de una técnica exquisita, porque una
guitarra de grabes y agudos precisos resonaba bien cerca de su corazón.

El suspiro lleno de nostalgia se hizo presente con el Choro de Saudade que nos recordaba a todo el público paraguayo lo que es estar lejos de nuestra tierra y de los nuestros. La alegría de la fiesta popular nos daba calor con Ca’azapa y con Ha che Valle. Nos hizo falta un pinchazo de Las Abejas para que nos diéramos cuenta que llegaba el fin del concierto. La devota y mística La Catedral nos levantaba por primera vez del asiento para ovacionar a Berta quien una vez más nos roba el corazón para llevárselo en sus giras por el mundo.

Luego de recibir un ramo de flores, nos dedicó una última pieza, la Danza Paraguaya. Lo único que nos impidió levantarnos y ponernos a bailar era la seriedad de la sala, así como el público con apariencia de turista que estaba aprovechando el concierto para contemplar con compostura europea los maravillosos detalles del interior del salón de conciertos del Palau de la Música.

La noche se hizo cada vez más oscura y el frescor otoñal invitaba a volver a nuestras casas o a algún bar cercano para brindar por el concierto, por Berta, por la amistad y por nuestro querido Paraguay. El otoño europeo se hizo presente en forma de lluvia torrencial el mismo día en que Berta llegaba a Barcelona. En la noche del concierto hubo un trueno mucho más melodioso que retumbó en la ciudad; Lo generó Nitsuga Mangoré, lo generó Berta y lo llevaremos por muchos días dentro nuestro con mucho cariño.

Berta peregrina, gracias por la magia de tu música!

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