Las rejas como pedagogía

El nuevo enrejado de la Plaza Uruguaya tiene una función pedagógica: decirnos que está bien tener rejas y vivir encerrados.

La intendencia nos quiere hacer “entrar en escuela”. Para ello enreja la plaza Uruguaya. Para que la ideología del encierro se nos meta bien adentro, por los ojos y los sentidos, cada vez que miremos la plaza en su cubierta de rejas.

Las rejas, en espacios privados y públicos, son algo relativamente novedoso en Asunción. En la memoria colectiva las rejas aparecen como algo propio de grandes edificios públicos y privados. Un poco para diferenciarse, en términos de poder y visibilidad, del común de las construcciones y predios que se delimitaban por muros bajos que, marcando la propiedad, permitían el contacto entre vecinos.

El famoso regalo de las rejas de la Plaza Uruguaya por parte del gobierno uruguayo hay que leerlo de ese modo también: si las rejas hubiesen sido algo habitual en el Paraguay de fines del siglo XIX, no hubiesen sido regaladas.

Uruguay, mediante el regalo de las rejas, quiso demostrar su poder, modernidad y también su ideología: la importancia de la propiedad y lo privado en el ideario liberal imperante en el Uruguay de fin de siglo XIX. Las rejas eran, a su modo, un regalo publicitario para el liberalismo paraguayo de su contraparte uruguaya.

Las rejas, por el motivo que fuese, principalmente por ser innecesarias, no prendieron en Paraguay. No es que los propietarios no necesitasen delimitar y defender sus propiedades, no es que no hubiese robos y asaltos, puerquezas y suciedades. Las había, sólo que esos temas se resolvían de otro modo, más o menos violento que ahora, no sabemos, pero distinto.

Desde que el neoliberalismo clava sus garras en Paraguay, la industria del enrejado empezó a crecer gigantescamente. En él ámbito privado las rejas, los muros, las vallas, los cercos eléctricos abundan desde la década de los ’90. Esto acompañado de una campaña propagandística y publicitaria que incita a consumir más enrejados: la inseguridad.

El nuevo enrejado de la plaza Uruguaya tiene una función política pedagógica: decirnos que está bien tener rejas, que está muy bien vivir encerrados, que seguridad es esconderse y privatizar. Sobre todo quiere decirnos que los espacios públicos son propiedad del municipio, no de las ciudadanas, los habitantes y las usuarias de la ciudad.

Para ello escoge enrejar una plaza altamente visible, con mucho uso. Cada vez que pasemos, en colectivo y a pie por ese lado de la ciudad estaremos siendo adoctrinados en la escuela de que lo social no importa, es peligroso, y que más vale encerrarse en casa.

De vez en cuando podremos mirar, desde la altura de los edificios que la rodearán, esa plaza perdida para la comunidad.

La intendencia nos quiere hacer “entrar en escuela”. Para ello enreja la Plaza Uruguaya, para que la ideología del encierro se nos meta bien adentro, por los ojos y los sentidos, cada vez que miremos la plaza en su cubierta de rejas.

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